Yacimiento Argárico de Castellón Alto, necrópolis ibérica de Tútugi

[:fr]SIGLO V A.C. GALERA- GRANADA- ESPAÑA

Autor: Francisco Ortega Carrascosa

Galera ha estado habitada desde la Edad del Bronce hasta la actualidad, alcanzando su máximo esplendor durante la época ibera y romana. En la etapa musulmana fue frontera entre los reinos de Granada y Murcia, hasta que en 1488 se rindió a los Reyes Católicos que la cedieron en señorío a Enrique Enríquez, constituyéndose en centro y refugio durante la sublevación morisca de 1570 y presentó resistencia a Juan de Austria, quien después de varios intentos frustrados logró volar el castillo y la muralla pasando a cuchillo a todos sus habitantes y prohibiendo la ocupación de la villa. A finales del siglo XVI se repobló con colonos de Levante.
En el yacimiento arqueológico del Cerro del Real fue descubierta la ciudad ibero-romana de Tútugi, con más de 400 sepulturas, data de los siglos VII al III antes de Cristo. Hay otro yacimiento arqueológico como Castellón Alto que es argárico. También existen tres atalayas de origen árabe: las de Tarahal y Albarrani, reforzadas en el siglo XVI, y la de Ozmn, del siglo XIII y reforzada en el XV.

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Castellón Alto «la cultura Argar»
Castellón Alto está situado en el término municipal de Galera, a un kilómetro del núcleo urbano, en la margen izquierda del río Galera. El poblado del Castellón Alto se encuentra en la Cultura de El Argar, en un periodo avanzado del Bronce Pleno (1900-1600 a. C.). En este poblado pudieron vivir entre cincuenta y ochenta personas. Con la cultura Argar, se refleja un importante cambio en los modos de enterramientos: sustitución del enterramiento colectivo en necrópolis por la inhumación individual o familiar junto a ajuares u ofrendas dentro de las propias casas. El poblado como morada de vivos y muertos. La mayor parte de los enterramientos del Castellón Alto pertenecen a sepulturas individuales, pero se han localizado sepulturas familiares, formadas por un hombre y una mujer, acompañados en ocasiones de algunos hijos. En los ajuares domésticos se han encontrado objetos de uso personal como armas, punzones o adornos, y que se veían complementados con alimentos para la otra vida.

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En noviembre de 2002 apareció en la terraza inferior del poblado de Castellón Alto una sepultura con restos humanos momificados, en la sepultura 121, una covacha de planta oval excavada en el talud de la terraza dentro de una vivienda. Fue sellada con tablones escuadrados de pino salgareño o Pinus nigra, sobre los que se extendió una capa de barro y se antepuso un muro de mampostería. Este cierre hermético ha aislado al enterramiento del exterior, no permitiendo la filtración de tierra, lo que unido a la gran sequedad ambiental ha favorecido la momificación por deshidratación. Los restos pertenecen a un varón adulto y un niño. El adulto de entre 27 y 29 años era un hombre en torno a 1,60 metros de estatura y mediana robustez, está depositado sobre el lado izquierdo, sus piernas y brazos estaban fuertemente flexionados sobre el pecho. Tiene algunas marcas que indican que realizó trabajos duros. Conserva restos de tejidos corporales y mechones de pelo largo y oscuro en la cabeza, tiene dos trenzas laterales y una coleta central. También conserva restos de la barba y pelo corporal, todavía adheridos a trozos de piel. Se han recuperado fragmentos de tejido de lino y lana. En la a cabeza, aparecen los restos de un gorro textil. Apoyada en el brazo y pierna izquierdos, alguien depositó antes de sellar la sepultura una azuela delicadamente atada al mago de madera de encina.

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El ajuar está compuesto con un puñal, tres cuentas de collar y varios anillos. A su espalda, aparece el ajuar cerámico de cuatro piezas y el cráneo del infante aún con mechones de pelo peinados hacia adelante y dos brazaletes de bronce. Cerrándolo todo, tres tablones de madera de pino. Finalmente, un murete de piedras medianas que hizo el milagro de la conservación.
El Niño, de unos 4 años de edad, murió antes y fue sacado de su sepultura original para enterrarlo junto al adulto, pues sus huesos forman un paquete en desorden colocado en la zona anterior derecha de la sepultura, y conserva restos de partes blandas y de pelo oscuro, corto y peinado hacia delante para formar en la frente un flequillo. Se han encontrado fragmentos de tejido de lino y restos de un posible gorro de lana tejida recubierta por cuero.
Los poblados más típicos de la cultura del Argar funcionan como lugares de morada de vivos y muertos. Son característicos los enterramientos individuales en posición flexionada, aunque nos encontramos con sepulturas dobles que siempre corresponden a un individuo masculino y otro femenino, con evidentes muestras de haber sido inhumados en momentos diferentes. En ocasiones la inhumación es triple o cuádruple, siendo jóvenes o niños los enterrados junto a la pareja. Para los argáricos no sólo se rendían cultos rituales a sus muertos relacionados con las creencias relativas al «más allá», sino que también llegaban a venerarlos como antepasados notables, manteniéndolos cerca, seguramente para simbolizar de una manera directa la ascendencia que algunos vivos mostraban con orgullo, justificando conceptos de sangre y linaje.
Tútugi «Necrópolis ibérica»
El conjunto arqueológico de Tútugi está compuesto por un asentamiento con varias fases de ocupación (Cerro del Real), una necrópolis ibérica (Tútugi) y zona de producción de cerámica (alfar ibérico) distribuidos por una amplia zona junto al actual casco urbano de Galera. Al ser la necrópolis el primer yacimiento que se excavó, toma el topónimo antiguo de lo que sería la ciudad ibérica, mientras que a ésta se le da el nombre de Cerro del Real, por ser el lugar de emplazamiento del campamento de Don Juan de Austria en el asedio de Galera en la Guerra de los Moriscos, en 1570.
En época ibérica el poblado, generalmente fortificado (llamado oppidum) era el centro político, administrativo, económico y, en ocasiones, incluso religioso de las comunidades. A partir del poblado principal se organizaba el poblamiento y la explotación de los recursos del entorno.

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El asentamiento principal se situaba en un lugar elevado por razones de prestigio, control y defensa, próximo a las rutas comerciales y a las zonas de explotación económica. Las necrópolis de las familias dirigentes se situaban cerca del oppidum para mantener la memoria de los antepasados y el concepto de pertenencia al grupo de los difuntos. Igualmente, fuera del asentamiento se encontraban las explotaciones agropecuarias, generalmente situadas en las zonas llanas, donde podian haber granjas o pequeños núcleos rurales. Otros recursos económicos eran la ganadería, la alfarería, la explotación de canteras, etc. La necrópolis llega a su apogeo en los siglos IV-III a. C. El asentamiento de la ciudad Ibero-romana de Tútugi es la mayor necrópolis ibérica de España por extensión. Se encuentra en la confluencia de dos ríos Orce y Barbatas. La necrópolis ibérica de Tútugi es conocida a nivel arqueológico desde el año 1920, fecha de la publicación de la Memoria de las excavaciones practicadas en la campaña de 1918 por Juan Cabré y Federico de Motos. Aunque el descubrimiento data de 1914 cuando, cuentan, que una mujer de Galera, llamada Marta, tuvo un sueño en el que «profetizaba se encontrarían abundantes y ricos tesoros en el sitio que ella designó». A partir de entonces se inician una serie de «busca de tesoros» por la gente del pueblo que destruyen algunos de los túmulos funerarios. Excavada en 1918, reveló una gran monumentalidad, ya que se compone de más de 130 túmulos, -siendo en el indicado como número 20 donde apareció la famosa Diosa de Galera- algunos de ellos alcanzan más de 20 metros de perímetro y 4,5 metros de altura. En estrecha relación con la ciudad de Tútugi y su necrópolis se encuentran una serie de pequeños santuarios donde se realizaría algún tipo de ritual.
Cabré y Motos en la memoria de los trabajos realizados en la Necrópolis la dividió en tres zonas:
Zona I

Es la más extensa, la que actualmente se puede recorrer y la que contiene los túmulos más monumentales -sepulturas o cámaras cubiertas exteriormente por tierra- destacando los números 75 y 76, que alcanzan los 20 ms. de diámetro exterior y los 4,5 ms. de altura, éstos estaban rodeados de una serie de túmulos menores que pertenecerían a clientes o servidores del noble al que pertenecería el gran túmulo central como ocurre en la Necrópolis de Baza. En esta zona, se pueden distinguir tres subzonas (será la zona IA la más importante) tanto por su topografía, perfectamente delimitada, como por los conjuntos de sepulturas. Cabré y Motos hablan de la existencia de 88 sepulturas de las que se han identificado 54 y se han localizado 3 nuevas.
Zona II

Separada de la Zona I por el camino de Riego Nuevo, se extiende por los cerros y explanadas de la margen izquierda del río Huéscar (o Barbatas). En esta zona también podemos distinguir dos sub-zonas atendiendo a la topología. Esta zona alberga túmulos menos espectaculares que la anterior, pero se han documentado ajuares de gran importancia. De los 38 túmulos de esta zona se han identificado 22 y 2 posibles nuevos.
Zona III

Se trata de una zona que se encuentra en una pequeña cañada (la llamada del Metro y la Encantada), situada junto a la necrópolis romana de Cerro del Real. Los enterramientos de esta zona son muy sencillos, ya que la mayoría consistía en una oquedad revestida de yeso donde se depositarían las cenizas del difunto. En la parte superior de la cañada se puede encontrar la estructura de un túmulo de más envergadura, y es posible que se encuentren algunos más debajo tierra. Cabré y Motos excavaron un número importante de sepulturas, pero al no tener una arquitectura monumental no las numeraron. Actualmente se pueden observar algunos de los nichos y oquedades que se utilizaron para el depósito de urnas funerarias, aunque aquí la erosión ha actuado fuertemente. Se han identificado 2 nuevos túmulos.

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La sub-zona IA es la más estudiada, y en la que nos centraremos, está constituida por los cerros más occidentales, y en ella se ubican los túmulos del 1 al 50, de los que se han podido identificar 32 de los marcados por Cabré y uno nuevo. Han desaparecido el grupo de túmulos 26, 27, 28 y 29 al realizarse la explanada contigua en la década de los ochenta. Así mismo han desaparecido los túmulos del 1 al 9, situados en la más occidental de la zona, probablemente al realizarse la cueva y eras situadas allí. En esta zona Cabré y Motos sólo pudieron excavar cinco de ellos (nº 10, 12, 13, 14 y 17) y re-excavar otros cinco (nº 2, 26, 29, 34 y 36) de los que pudieron recuperar parte de los ajuares.
Los túmulos identificados ofrecen un aspecto formado por una pequeña elevación con una depresión central, que corresponde al expolio o excavación de la cámara. Sin embargo, los túmulos situados en la parte alta de la zona en torno al camino, se han rellenado con tierra con el objeto de restituir su aspecto tumular.
En Tútugi hay diversas variantes de túmulos: de aljibe, cuadrangulares con pasillo, circulares y semicirculares con pasillo y con nichos. Suelen ser construidas en piedra o adobe, o ambas a la vez. El interior, presenta las paredes y suelos renovados de yeso en muchas ocasiones en rojo, el color funerario ibérico, y negro. También en su interior encontramos bancos y nichos.  Las tumbas más sencillas son hoyos practicados en el suelo, revocados con yeso, y cistas de piedra donde se introducen las urnas. Éstas pueden ser vasijas cerámicas, que se introducen en oquedades del terreno, o cajas de piedra.
Túmulo 50: Es una de las sepulturas más interesantes entre las reconstruidas, en el extremo del espolón se aisló un pequeño túmulo de 10 m. de diámetro al rebajar el terreno circundante. En medio del túmulo se excavó la cámara y el pasillo con una profundidad media de 1,40 m. Sus paredes interiores se recubren con muros de mampostería, dando cara hacia el interior y el resto se rellena de piedras pequeñas y tierra. La parte superior de los muros estaría construida con adobes, al igual que el banco. El suelo y las paredes se revocan de yeso y se pintan de rojo.
Túmulo 22: Es el túmulo más bajo de las cuatro que ocupan esta cresta con dirección N-S. El estado del túmulo anterior a la limpieza era el de un montículo con un agujero en el centro, alrededor del cual se veía una acumulación de tierra y piedras sueltas. El hoyo realizado por los saqueadores fue rellenado con varias capas de restos de vidrios procedentes de una cristalería del pueblo de Galera de mediados del siglo XX. El interior de la cámara presenta un banco realizado con adobes que se recubren de yeso y pintura roja, regularizando la planta en una forma rectangular, más acorde con la tipología común de la necrópolis. Los materiales recuperados son escasos, de entre ellos destacar un fragmento de urna globular decorada con semicírculos, ondas y filetes que nos da una cronología del Siglo III-II a. C. bajo la cual aparecieron restos de huesos humanos carbonizados.
Túmulo 32: En este túmulo se observa dos tumbas superpuestas, realizadas con técnicas constructivas diferentes: La primera presenta una cámara rectangular excavada en la roca y con puerta indicada y túmulo recortado en el terreno formado por tres plataformas escalonadas, utilizando muros para salvar los desniveles del terreno. Toda la estructura tumular es recubierta por una capa de yeso, lo que le da un aspecto singular dentro del paisaje y le permite una mejor conservación. La segunda, se conserva la mitad, está construida sobre la primera con muro de piedras que se elevan en el terreno, formando una cámara cuadrangular con pasillo de acceso. Tiene suelo y paredes revocadas de yeso y pintadas de rojo.

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Túmulo 21: Cabré y Motos nos dice que no sabemos si hubo algo en su interior. Antes de ser limpiado este túmulo era un pequeño montículo con un agujero en el centro de forma cónica. Sólo un par de piedras en su parte Sur podían indicar la existencia de alguna estructura. Este túmulo es junto con el 26, excavado por Cabré y destruido al hacer la explanada contigua, uno de los pocos que presentan cámara circular. Tiene un diámetro medio de 3 metros y un corredor de entrada de más de 4 metros, con dirección SSO, orientado hacia el poblado. El suelo está excavado en la roca natural que ha sido rebajada unos 20-25 cm, de modo que se forma una especie de repisa sobre la que se levantan las hileras de piedras. En las hiladas superiores se observa una tendencia a cerrar la estructura en falsa cúpula. Sobre ella, es posible que existiera una estructura de adobe y yeso cerrada en su parte más superior con tablones de madera. En el interior de la cámara sepulcral se disponen dos bancos de tapial y adobe formando una L, revestidos, al igual que el suelo, con yeso blanco y pintados con  franjas rojas, donde se depositarían las urnas con los restos de los difuntos de los ajuares. Aunque fue expoliado, se han

Grupo de herméticos de Granada y Almería que visitan el yacimiento

podido recuperar numerosos fragmentos de cerámica, pertenecientes a varias vasijas entre las que destacan varios cuencos fechados en el Siglo IV-III a. C. Otros materiales significativos son dos cuentas de collar, una en hueso y otra en pasta vítrea. En el corredor de entrada se recogieron varios clavos, una hebilla de pequeño tamaño y una una punta de lanza, todo ello en hierro, así como la cabeza de un toro de pasta cerámica pintada en rojo.

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Túmulo 20: Fue encontrada la dama de Galera. Es una figurilla fenicia del siglo VII a. C. (semejante a otra que fue hallada en Cartago, norte de África), hecha en alabastro, que probablemente represente a la diosa Astarté. La dama está sentada entre dos esfinges y sostiene un cuenco al que vierte líquido por dos agujeros que tiene en los pechos. Se aprecia en la figura influencia mesopotámica por sus formas robustas. En cambio la estilización en el traje y los cabellos denotan influencias egipcias. Debido a su carácter de objeto sagrado, pasó por varias generaciones hasta su enterramiento final como parte de un ajuar funerario. La dama de Galera cae en manos extranjeras. Años después Luis Siret la dona al Museo Arqueológico Nacional (Madrid). Su descubrimiento tuvo lugar en 1916, en las memorias de Cabré y Motos se relata lo acontecido: «la mujer e hijas del colono del Cortijo de San Gregorio… Se dieron a excavar un montículo inmediato a su casa. Bien pronto animáronse en las rebuscas, al ver que hallaban tierra afable, como si estuviese removida, y su asombro no tuvo límites cuando vieron ante sí varias vasijas, platos y una imagen femenina de piedra ricamente ataviada: era el túmulo que hemos demarcado en nuestro plano con el número 20». Este túmulo se limpió en el año 2000. En el 2001 se creía que el pilar de la tumba era para soportar el peso, pero en 2006 ya se pensaba que ese pilar era un altar. En el equinoccio la luz del sol ilumina el altar. El túmulo 20 su corredor está de frente con el corredor del túmulo 11, el primero es de una mujer y el segundo de un hombre. El túmulo 11 se han encontrado restos de escudos y lanzas. Estos dos más el túmulo 34 forma un perfecto triángulo.
El Cerro del Real se debe su nombre por ser el lugar de emplazamiento del campamento de Don Juan de Austria en el asedio de Galera en la Guerra de los Moriscos, en 1570. Galera fue conquistada en 1230 por el Arzobispo de Toledo, monseñor Rodrigo Jiménez de Rada. En 1324 el rey Ismail I de Granada, aprovechando la anarquía existente en Castilla por la minoría de edad del rey Alfonso XI de Castilla, recuperó en una rápida campaña las localidades de Huéscar, Orce, Galera y Baza. La reconquista de estas zonas tendría lugar en tiempos de los Reyes Católicos, en 1488. Formó parte en la sublevación de los moriscos, siendo aplastada con la intervención personal de Don Juan de Austria, el cual tomó la ciudad asaltando una a una las casas-cueva que la formaban. Juan Cabré en 1918 excavó un templo romano, hoy queda unas grandes basas de columnas en la zona superior del yacimiento (conocidas popularmente como la Pisá del Moro), las cuales se encuentran desplazadas de su sitio original. Fueron las actuaciones de los profesores Pellicer y Schüle en los años 60 las que darían a conocer este yacimiento. Se han encontrado fragmentos cerámicos argáricos, Iberos, romanos, griegos, árabes, teselas de mosaicos, piedras de molino, restos de estructuras constructivas, silos para la conservación de alimentos, restos metálicos, etc. Esto atestigua que en Galera había una ocupación ininterrumpida desde la edad del bronce.[:es]SIGLO V A.C. GALERA- GRANADA- ESPAÑA

Autor: Francisco Ortega Carrascosa

Galera ha estado habitada desde la Edad del Bronce hasta la actualidad, alcanzando su máximo esplendor durante la época ibera y romana. En la etapa musulmana fue frontera entre los reinos de Granada y Murcia, hasta que en 1488 se rindió a los Reyes Católicos que la cedieron en señorío a Enrique Enríquez, constituyéndose en centro y refugio durante la sublevación morisca de 1570 y presentó resistencia a Juan de Austria, quien después de varios intentos frustrados logró volar el castillo y la muralla pasando a cuchillo a todos sus habitantes y prohibiendo la ocupación de la villa. A finales del siglo XVI se repobló con colonos de Levante.
En el yacimiento arqueológico del Cerro del Real fue descubierta la ciudad ibero-romana de Tútugi, con más de 400 sepulturas, data de los siglos VII al III antes de Cristo. Hay otro yacimiento arqueológico como Castellón Alto que es argárico. También existen tres atalayas de origen árabe: las de Tarahal y Albarrani, reforzadas en el siglo XVI, y la de Ozmn, del siglo XIII y reforzada en el XV.

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Castellón Alto «la cultura Argar»
Castellón Alto está situado en el término municipal de Galera, a un kilómetro del núcleo urbano, en la margen izquierda del río Galera. El poblado del Castellón Alto se encuentra en la Cultura de El Argar, en un periodo avanzado del Bronce Pleno (1900-1600 a. C.). En este poblado pudieron vivir entre cincuenta y ochenta personas. Con la cultura Argar, se refleja un importante cambio en los modos de enterramientos: sustitución del enterramiento colectivo en necrópolis por la inhumación individual o familiar junto a ajuares u ofrendas dentro de las propias casas. El poblado como morada de vivos y muertos. La mayor parte de los enterramientos del Castellón Alto pertenecen a sepulturas individuales, pero se han localizado sepulturas familiares, formadas por un hombre y una mujer, acompañados en ocasiones de algunos hijos. En los ajuares domésticos se han encontrado objetos de uso personal como armas, punzones o adornos, y que se veían complementados con alimentos para la otra vida.

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En noviembre de 2002 apareció en la terraza inferior del poblado de Castellón Alto una sepultura con restos humanos momificados, en la sepultura 121, una covacha de planta oval excavada en el talud de la terraza dentro de una vivienda. Fue sellada con tablones escuadrados de pino salgareño o Pinus nigra, sobre los que se extendió una capa de barro y se antepuso un muro de mampostería. Este cierre hermético ha aislado al enterramiento del exterior, no permitiendo la filtración de tierra, lo que unido a la gran sequedad ambiental ha favorecido la momificación por deshidratación. Los restos pertenecen a un varón adulto y un niño. El adulto de entre 27 y 29 años era un hombre en torno a 1,60 metros de estatura y mediana robustez, está depositado sobre el lado izquierdo, sus piernas y brazos estaban fuertemente flexionados sobre el pecho. Tiene algunas marcas que indican que realizó trabajos duros. Conserva restos de tejidos corporales y mechones de pelo largo y oscuro en la cabeza, tiene dos trenzas laterales y una coleta central. También conserva restos de la barba y pelo corporal, todavía adheridos a trozos de piel. Se han recuperado fragmentos de tejido de lino y lana. En la a cabeza, aparecen los restos de un gorro textil. Apoyada en el brazo y pierna izquierdos, alguien depositó antes de sellar la sepultura una azuela delicadamente atada al mago de madera de encina.

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El ajuar está compuesto con un puñal, tres cuentas de collar y varios anillos. A su espalda, aparece el ajuar cerámico de cuatro piezas y el cráneo del infante aún con mechones de pelo peinados hacia adelante y dos brazaletes de bronce. Cerrándolo todo, tres tablones de madera de pino. Finalmente, un murete de piedras medianas que hizo el milagro de la conservación.
El Niño, de unos 4 años de edad, murió antes y fue sacado de su sepultura original para enterrarlo junto al adulto, pues sus huesos forman un paquete en desorden colocado en la zona anterior derecha de la sepultura, y conserva restos de partes blandas y de pelo oscuro, corto y peinado hacia delante para formar en la frente un flequillo. Se han encontrado fragmentos de tejido de lino y restos de un posible gorro de lana tejida recubierta por cuero.
Los poblados más típicos de la cultura del Argar funcionan como lugares de morada de vivos y muertos. Son característicos los enterramientos individuales en posición flexionada, aunque nos encontramos con sepulturas dobles que siempre corresponden a un individuo masculino y otro femenino, con evidentes muestras de haber sido inhumados en momentos diferentes. En ocasiones la inhumación es triple o cuádruple, siendo jóvenes o niños los enterrados junto a la pareja. Para los argáricos no sólo se rendían cultos rituales a sus muertos relacionados con las creencias relativas al «más allá», sino que también llegaban a venerarlos como antepasados notables, manteniéndolos cerca, seguramente para simbolizar de una manera directa la ascendencia que algunos vivos mostraban con orgullo, justificando conceptos de sangre y linaje.
Tútugi «Necrópolis ibérica»
El conjunto arqueológico de Tútugi está compuesto por un asentamiento con varias fases de ocupación (Cerro del Real), una necrópolis ibérica (Tútugi) y zona de producción de cerámica (alfar ibérico) distribuidos por una amplia zona junto al actual casco urbano de Galera. Al ser la necrópolis el primer yacimiento que se excavó, toma el topónimo antiguo de lo que sería la ciudad ibérica, mientras que a ésta se le da el nombre de Cerro del Real, por ser el lugar de emplazamiento del campamento de Don Juan de Austria en el asedio de Galera en la Guerra de los Moriscos, en 1570.
En época ibérica el poblado, generalmente fortificado (llamado oppidum) era el centro político, administrativo, económico y, en ocasiones, incluso religioso de las comunidades. A partir del poblado principal se organizaba el poblamiento y la explotación de los recursos del entorno.

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El asentamiento principal se situaba en un lugar elevado por razones de prestigio, control y defensa, próximo a las rutas comerciales y a las zonas de explotación económica. Las necrópolis de las familias dirigentes se situaban cerca del oppidum para mantener la memoria de los antepasados y el concepto de pertenencia al grupo de los difuntos. Igualmente, fuera del asentamiento se encontraban las explotaciones agropecuarias, generalmente situadas en las zonas llanas, donde podian haber granjas o pequeños núcleos rurales. Otros recursos económicos eran la ganadería, la alfarería, la explotación de canteras, etc. La necrópolis llega a su apogeo en los siglos IV-III a. C. El asentamiento de la ciudad Ibero-romana de Tútugi es la mayor necrópolis ibérica de España por extensión. Se encuentra en la confluencia de dos ríos Orce y Barbatas. La necrópolis ibérica de Tútugi es conocida a nivel arqueológico desde el año 1920, fecha de la publicación de la Memoria de las excavaciones practicadas en la campaña de 1918 por Juan Cabré y Federico de Motos. Aunque el descubrimiento data de 1914 cuando, cuentan, que una mujer de Galera, llamada Marta, tuvo un sueño en el que «profetizaba se encontrarían abundantes y ricos tesoros en el sitio que ella designó». A partir de entonces se inician una serie de «busca de tesoros» por la gente del pueblo que destruyen algunos de los túmulos funerarios. Excavada en 1918, reveló una gran monumentalidad, ya que se compone de más de 130 túmulos, -siendo en el indicado como número 20 donde apareció la famosa Diosa de Galera- algunos de ellos alcanzan más de 20 metros de perímetro y 4,5 metros de altura. En estrecha relación con la ciudad de Tútugi y su necrópolis se encuentran una serie de pequeños santuarios donde se realizaría algún tipo de ritual.
Cabré y Motos en la memoria de los trabajos realizados en la Necrópolis la dividió en tres zonas:
Zona I

Es la más extensa, la que actualmente se puede recorrer y la que contiene los túmulos más monumentales -sepulturas o cámaras cubiertas exteriormente por tierra- destacando los números 75 y 76, que alcanzan los 20 ms. de diámetro exterior y los 4,5 ms. de altura, éstos estaban rodeados de una serie de túmulos menores que pertenecerían a clientes o servidores del noble al que pertenecería el gran túmulo central como ocurre en la Necrópolis de Baza. En esta zona, se pueden distinguir tres subzonas (será la zona IA la más importante) tanto por su topografía, perfectamente delimitada, como por los conjuntos de sepulturas. Cabré y Motos hablan de la existencia de 88 sepulturas de las que se han identificado 54 y se han localizado 3 nuevas.
Zona II

Separada de la Zona I por el camino de Riego Nuevo, se extiende por los cerros y explanadas de la margen izquierda del río Huéscar (o Barbatas). En esta zona también podemos distinguir dos sub-zonas atendiendo a la topología. Esta zona alberga túmulos menos espectaculares que la anterior, pero se han documentado ajuares de gran importancia. De los 38 túmulos de esta zona se han identificado 22 y 2 posibles nuevos.
Zona III

Se trata de una zona que se encuentra en una pequeña cañada (la llamada del Metro y la Encantada), situada junto a la necrópolis romana de Cerro del Real. Los enterramientos de esta zona son muy sencillos, ya que la mayoría consistía en una oquedad revestida de yeso donde se depositarían las cenizas del difunto. En la parte superior de la cañada se puede encontrar la estructura de un túmulo de más envergadura, y es posible que se encuentren algunos más debajo tierra. Cabré y Motos excavaron un número importante de sepulturas, pero al no tener una arquitectura monumental no las numeraron. Actualmente se pueden observar algunos de los nichos y oquedades que se utilizaron para el depósito de urnas funerarias, aunque aquí la erosión ha actuado fuertemente. Se han identificado 2 nuevos túmulos.

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La sub-zona IA es la más estudiada, y en la que nos centraremos, está constituida por los cerros más occidentales, y en ella se ubican los túmulos del 1 al 50, de los que se han podido identificar 32 de los marcados por Cabré y uno nuevo. Han desaparecido el grupo de túmulos 26, 27, 28 y 29 al realizarse la explanada contigua en la década de los ochenta. Así mismo han desaparecido los túmulos del 1 al 9, situados en la más occidental de la zona, probablemente al realizarse la cueva y eras situadas allí. En esta zona Cabré y Motos sólo pudieron excavar cinco de ellos (nº 10, 12, 13, 14 y 17) y re-excavar otros cinco (nº 2, 26, 29, 34 y 36) de los que pudieron recuperar parte de los ajuares.
Los túmulos identificados ofrecen un aspecto formado por una pequeña elevación con una depresión central, que corresponde al expolio o excavación de la cámara. Sin embargo, los túmulos situados en la parte alta de la zona en torno al camino, se han rellenado con tierra con el objeto de restituir su aspecto tumular.
En Tútugi hay diversas variantes de túmulos: de aljibe, cuadrangulares con pasillo, circulares y semicirculares con pasillo y con nichos. Suelen ser construidas en piedra o adobe, o ambas a la vez. El interior, presenta las paredes y suelos renovados de yeso en muchas ocasiones en rojo, el color funerario ibérico, y negro. También en su interior encontramos bancos y nichos.  Las tumbas más sencillas son hoyos practicados en el suelo, revocados con yeso, y cistas de piedra donde se introducen las urnas. Éstas pueden ser vasijas cerámicas, que se introducen en oquedades del terreno, o cajas de piedra.
Túmulo 50: Es una de las sepulturas más interesantes entre las reconstruidas, en el extremo del espolón se aisló un pequeño túmulo de 10 m. de diámetro al rebajar el terreno circundante. En medio del túmulo se excavó la cámara y el pasillo con una profundidad media de 1,40 m. Sus paredes interiores se recubren con muros de mampostería, dando cara hacia el interior y el resto se rellena de piedras pequeñas y tierra. La parte superior de los muros estaría construida con adobes, al igual que el banco. El suelo y las paredes se revocan de yeso y se pintan de rojo.
Túmulo 22: Es el túmulo más bajo de las cuatro que ocupan esta cresta con dirección N-S. El estado del túmulo anterior a la limpieza era el de un montículo con un agujero en el centro, alrededor del cual se veía una acumulación de tierra y piedras sueltas. El hoyo realizado por los saqueadores fue rellenado con varias capas de restos de vidrios procedentes de una cristalería del pueblo de Galera de mediados del siglo XX. El interior de la cámara presenta un banco realizado con adobes que se recubren de yeso y pintura roja, regularizando la planta en una forma rectangular, más acorde con la tipología común de la necrópolis. Los materiales recuperados son escasos, de entre ellos destacar un fragmento de urna globular decorada con semicírculos, ondas y filetes que nos da una cronología del Siglo III-II a. C. bajo la cual aparecieron restos de huesos humanos carbonizados.
Túmulo 32: En este túmulo se observa dos tumbas superpuestas, realizadas con técnicas constructivas diferentes: La primera presenta una cámara rectangular excavada en la roca y con puerta indicada y túmulo recortado en el terreno formado por tres plataformas escalonadas, utilizando muros para salvar los desniveles del terreno. Toda la estructura tumular es recubierta por una capa de yeso, lo que le da un aspecto singular dentro del paisaje y le permite una mejor conservación. La segunda, se conserva la mitad, está construida sobre la primera con muro de piedras que se elevan en el terreno, formando una cámara cuadrangular con pasillo de acceso. Tiene suelo y paredes revocadas de yeso y pintadas de rojo.

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Túmulo 21: Cabré y Motos nos dice que no sabemos si hubo algo en su interior. Antes de ser limpiado este túmulo era un pequeño montículo con un agujero en el centro de forma cónica. Sólo un par de piedras en su parte Sur podían indicar la existencia de alguna estructura. Este túmulo es junto con el 26, excavado por Cabré y destruido al hacer la explanada contigua, uno de los pocos que presentan cámara circular. Tiene un diámetro medio de 3 metros y un corredor de entrada de más de 4 metros, con dirección SSO, orientado hacia el poblado. El suelo está excavado en la roca natural que ha sido rebajada unos 20-25 cm, de modo que se forma una especie de repisa sobre la que se levantan las hileras de piedras. En las hiladas superiores se observa una tendencia a cerrar la estructura en falsa cúpula. Sobre ella, es posible que existiera una estructura de adobe y yeso cerrada en su parte más superior con tablones de madera. En el interior de la cámara sepulcral se disponen dos bancos de tapial y adobe formando una L, revestidos, al igual que el suelo, con yeso blanco y pintados con  franjas rojas, donde se depositarían las urnas con los restos de los difuntos de los ajuares. Aunque fue expoliado, se han

Grupo de herméticos de Granada y Almería que visitan el yacimiento

podido recuperar numerosos fragmentos de cerámica, pertenecientes a varias vasijas entre las que destacan varios cuencos fechados en el Siglo IV-III a. C. Otros materiales significativos son dos cuentas de collar, una en hueso y otra en pasta vítrea. En el corredor de entrada se recogieron varios clavos, una hebilla de pequeño tamaño y una una punta de lanza, todo ello en hierro, así como la cabeza de un toro de pasta cerámica pintada en rojo.

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Túmulo 20: Fue encontrada la dama de Galera. Es una figurilla fenicia del siglo VII a. C. (semejante a otra que fue hallada en Cartago, norte de África), hecha en alabastro, que probablemente represente a la diosa Astarté. La dama está sentada entre dos esfinges y sostiene un cuenco al que vierte líquido por dos agujeros que tiene en los pechos. Se aprecia en la figura influencia mesopotámica por sus formas robustas. En cambio la estilización en el traje y los cabellos denotan influencias egipcias. Debido a su carácter de objeto sagrado, pasó por varias generaciones hasta su enterramiento final como parte de un ajuar funerario. La dama de Galera cae en manos extranjeras. Años después Luis Siret la dona al Museo Arqueológico Nacional (Madrid). Su descubrimiento tuvo lugar en 1916, en las memorias de Cabré y Motos se relata lo acontecido: «la mujer e hijas del colono del Cortijo de San Gregorio… Se dieron a excavar un montículo inmediato a su casa. Bien pronto animáronse en las rebuscas, al ver que hallaban tierra afable, como si estuviese removida, y su asombro no tuvo límites cuando vieron ante sí varias vasijas, platos y una imagen femenina de piedra ricamente ataviada: era el túmulo que hemos demarcado en nuestro plano con el número 20». Este túmulo se limpió en el año 2000. En el 2001 se creía que el pilar de la tumba era para soportar el peso, pero en 2006 ya se pensaba que ese pilar era un altar. En el equinoccio la luz del sol ilumina el altar. El túmulo 20 su corredor está de frente con el corredor del túmulo 11, el primero es de una mujer y el segundo de un hombre. El túmulo 11 se han encontrado restos de escudos y lanzas. Estos dos más el túmulo 34 forma un perfecto triángulo.
El Cerro del Real se debe su nombre por ser el lugar de emplazamiento del campamento de Don Juan de Austria en el asedio de Galera en la Guerra de los Moriscos, en 1570. Galera fue conquistada en 1230 por el Arzobispo de Toledo, monseñor Rodrigo Jiménez de Rada. En 1324 el rey Ismail I de Granada, aprovechando la anarquía existente en Castilla por la minoría de edad del rey Alfonso XI de Castilla, recuperó en una rápida campaña las localidades de Huéscar, Orce, Galera y Baza. La reconquista de estas zonas tendría lugar en tiempos de los Reyes Católicos, en 1488. Formó parte en la sublevación de los moriscos, siendo aplastada con la intervención personal de Don Juan de Austria, el cual tomó la ciudad asaltando una a una las casas-cueva que la formaban. Juan Cabré en 1918 excavó un templo romano, hoy queda unas grandes basas de columnas en la zona superior del yacimiento (conocidas popularmente como la Pisá del Moro), las cuales se encuentran desplazadas de su sitio original. Fueron las actuaciones de los profesores Pellicer y Schüle en los años 60 las que darían a conocer este yacimiento. Se han encontrado fragmentos cerámicos argáricos, Iberos, romanos, griegos, árabes, teselas de mosaicos, piedras de molino, restos de estructuras constructivas, silos para la conservación de alimentos, restos metálicos, etc. Esto atestigua que en Galera había una ocupación ininterrumpida desde la edad del bronce.[:en]SIGLO V A.C. GALERA- GRANADA- ESPAÑA

Autor: Francisco Ortega Carrascosa

Galera ha estado habitada desde la Edad del Bronce hasta la actualidad, alcanzando su máximo esplendor durante la época ibera y romana. En la etapa musulmana fue frontera entre los reinos de Granada y Murcia, hasta que en 1488 se rindió a los Reyes Católicos que la cedieron en señorío a Enrique Enríquez, constituyéndose en centro y refugio durante la sublevación morisca de 1570 y presentó resistencia a Juan de Austria, quien después de varios intentos frustrados logró volar el castillo y la muralla pasando a cuchillo a todos sus habitantes y prohibiendo la ocupación de la villa. A finales del siglo XVI se repobló con colonos de Levante.
En el yacimiento arqueológico del Cerro del Real fue descubierta la ciudad ibero-romana de Tútugi, con más de 400 sepulturas, data de los siglos VII al III antes de Cristo. Hay otro yacimiento arqueológico como Castellón Alto que es argárico. También existen tres atalayas de origen árabe: las de Tarahal y Albarrani, reforzadas en el siglo XVI, y la de Ozmn, del siglo XIII y reforzada en el XV.

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Castellón Alto «la cultura Argar»
Castellón Alto está situado en el término municipal de Galera, a un kilómetro del núcleo urbano, en la margen izquierda del río Galera. El poblado del Castellón Alto se encuentra en la Cultura de El Argar, en un periodo avanzado del Bronce Pleno (1900-1600 a. C.). En este poblado pudieron vivir entre cincuenta y ochenta personas. Con la cultura Argar, se refleja un importante cambio en los modos de enterramientos: sustitución del enterramiento colectivo en necrópolis por la inhumación individual o familiar junto a ajuares u ofrendas dentro de las propias casas. El poblado como morada de vivos y muertos. La mayor parte de los enterramientos del Castellón Alto pertenecen a sepulturas individuales, pero se han localizado sepulturas familiares, formadas por un hombre y una mujer, acompañados en ocasiones de algunos hijos. En los ajuares domésticos se han encontrado objetos de uso personal como armas, punzones o adornos, y que se veían complementados con alimentos para la otra vida.

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En noviembre de 2002 apareció en la terraza inferior del poblado de Castellón Alto una sepultura con restos humanos momificados, en la sepultura 121, una covacha de planta oval excavada en el talud de la terraza dentro de una vivienda. Fue sellada con tablones escuadrados de pino salgareño o Pinus nigra, sobre los que se extendió una capa de barro y se antepuso un muro de mampostería. Este cierre hermético ha aislado al enterramiento del exterior, no permitiendo la filtración de tierra, lo que unido a la gran sequedad ambiental ha favorecido la momificación por deshidratación. Los restos pertenecen a un varón adulto y un niño. El adulto de entre 27 y 29 años era un hombre en torno a 1,60 metros de estatura y mediana robustez, está depositado sobre el lado izquierdo, sus piernas y brazos estaban fuertemente flexionados sobre el pecho. Tiene algunas marcas que indican que realizó trabajos duros. Conserva restos de tejidos corporales y mechones de pelo largo y oscuro en la cabeza, tiene dos trenzas laterales y una coleta central. También conserva restos de la barba y pelo corporal, todavía adheridos a trozos de piel. Se han recuperado fragmentos de tejido de lino y lana. En la a cabeza, aparecen los restos de un gorro textil. Apoyada en el brazo y pierna izquierdos, alguien depositó antes de sellar la sepultura una azuela delicadamente atada al mago de madera de encina.

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El ajuar está compuesto con un puñal, tres cuentas de collar y varios anillos. A su espalda, aparece el ajuar cerámico de cuatro piezas y el cráneo del infante aún con mechones de pelo peinados hacia adelante y dos brazaletes de bronce. Cerrándolo todo, tres tablones de madera de pino. Finalmente, un murete de piedras medianas que hizo el milagro de la conservación.
El Niño, de unos 4 años de edad, murió antes y fue sacado de su sepultura original para enterrarlo junto al adulto, pues sus huesos forman un paquete en desorden colocado en la zona anterior derecha de la sepultura, y conserva restos de partes blandas y de pelo oscuro, corto y peinado hacia delante para formar en la frente un flequillo. Se han encontrado fragmentos de tejido de lino y restos de un posible gorro de lana tejida recubierta por cuero.
Los poblados más típicos de la cultura del Argar funcionan como lugares de morada de vivos y muertos. Son característicos los enterramientos individuales en posición flexionada, aunque nos encontramos con sepulturas dobles que siempre corresponden a un individuo masculino y otro femenino, con evidentes muestras de haber sido inhumados en momentos diferentes. En ocasiones la inhumación es triple o cuádruple, siendo jóvenes o niños los enterrados junto a la pareja. Para los argáricos no sólo se rendían cultos rituales a sus muertos relacionados con las creencias relativas al «más allá», sino que también llegaban a venerarlos como antepasados notables, manteniéndolos cerca, seguramente para simbolizar de una manera directa la ascendencia que algunos vivos mostraban con orgullo, justificando conceptos de sangre y linaje.
Tútugi «Necrópolis ibérica»
El conjunto arqueológico de Tútugi está compuesto por un asentamiento con varias fases de ocupación (Cerro del Real), una necrópolis ibérica (Tútugi) y zona de producción de cerámica (alfar ibérico) distribuidos por una amplia zona junto al actual casco urbano de Galera. Al ser la necrópolis el primer yacimiento que se excavó, toma el topónimo antiguo de lo que sería la ciudad ibérica, mientras que a ésta se le da el nombre de Cerro del Real, por ser el lugar de emplazamiento del campamento de Don Juan de Austria en el asedio de Galera en la Guerra de los Moriscos, en 1570.
En época ibérica el poblado, generalmente fortificado (llamado oppidum) era el centro político, administrativo, económico y, en ocasiones, incluso religioso de las comunidades. A partir del poblado principal se organizaba el poblamiento y la explotación de los recursos del entorno.

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El asentamiento principal se situaba en un lugar elevado por razones de prestigio, control y defensa, próximo a las rutas comerciales y a las zonas de explotación económica. Las necrópolis de las familias dirigentes se situaban cerca del oppidum para mantener la memoria de los antepasados y el concepto de pertenencia al grupo de los difuntos. Igualmente, fuera del asentamiento se encontraban las explotaciones agropecuarias, generalmente situadas en las zonas llanas, donde podian haber granjas o pequeños núcleos rurales. Otros recursos económicos eran la ganadería, la alfarería, la explotación de canteras, etc. La necrópolis llega a su apogeo en los siglos IV-III a. C. El asentamiento de la ciudad Ibero-romana de Tútugi es la mayor necrópolis ibérica de España por extensión. Se encuentra en la confluencia de dos ríos Orce y Barbatas. La necrópolis ibérica de Tútugi es conocida a nivel arqueológico desde el año 1920, fecha de la publicación de la Memoria de las excavaciones practicadas en la campaña de 1918 por Juan Cabré y Federico de Motos. Aunque el descubrimiento data de 1914 cuando, cuentan, que una mujer de Galera, llamada Marta, tuvo un sueño en el que «profetizaba se encontrarían abundantes y ricos tesoros en el sitio que ella designó». A partir de entonces se inician una serie de «busca de tesoros» por la gente del pueblo que destruyen algunos de los túmulos funerarios. Excavada en 1918, reveló una gran monumentalidad, ya que se compone de más de 130 túmulos, -siendo en el indicado como número 20 donde apareció la famosa Diosa de Galera- algunos de ellos alcanzan más de 20 metros de perímetro y 4,5 metros de altura. En estrecha relación con la ciudad de Tútugi y su necrópolis se encuentran una serie de pequeños santuarios donde se realizaría algún tipo de ritual.
Cabré y Motos en la memoria de los trabajos realizados en la Necrópolis la dividió en tres zonas:
Zona I

Es la más extensa, la que actualmente se puede recorrer y la que contiene los túmulos más monumentales -sepulturas o cámaras cubiertas exteriormente por tierra- destacando los números 75 y 76, que alcanzan los 20 ms. de diámetro exterior y los 4,5 ms. de altura, éstos estaban rodeados de una serie de túmulos menores que pertenecerían a clientes o servidores del noble al que pertenecería el gran túmulo central como ocurre en la Necrópolis de Baza. En esta zona, se pueden distinguir tres subzonas (será la zona IA la más importante) tanto por su topografía, perfectamente delimitada, como por los conjuntos de sepulturas. Cabré y Motos hablan de la existencia de 88 sepulturas de las que se han identificado 54 y se han localizado 3 nuevas.
Zona II

Separada de la Zona I por el camino de Riego Nuevo, se extiende por los cerros y explanadas de la margen izquierda del río Huéscar (o Barbatas). En esta zona también podemos distinguir dos sub-zonas atendiendo a la topología. Esta zona alberga túmulos menos espectaculares que la anterior, pero se han documentado ajuares de gran importancia. De los 38 túmulos de esta zona se han identificado 22 y 2 posibles nuevos.
Zona III

Se trata de una zona que se encuentra en una pequeña cañada (la llamada del Metro y la Encantada), situada junto a la necrópolis romana de Cerro del Real. Los enterramientos de esta zona son muy sencillos, ya que la mayoría consistía en una oquedad revestida de yeso donde se depositarían las cenizas del difunto. En la parte superior de la cañada se puede encontrar la estructura de un túmulo de más envergadura, y es posible que se encuentren algunos más debajo tierra. Cabré y Motos excavaron un número importante de sepulturas, pero al no tener una arquitectura monumental no las numeraron. Actualmente se pueden observar algunos de los nichos y oquedades que se utilizaron para el depósito de urnas funerarias, aunque aquí la erosión ha actuado fuertemente. Se han identificado 2 nuevos túmulos.

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La sub-zona IA es la más estudiada, y en la que nos centraremos, está constituida por los cerros más occidentales, y en ella se ubican los túmulos del 1 al 50, de los que se han podido identificar 32 de los marcados por Cabré y uno nuevo. Han desaparecido el grupo de túmulos 26, 27, 28 y 29 al realizarse la explanada contigua en la década de los ochenta. Así mismo han desaparecido los túmulos del 1 al 9, situados en la más occidental de la zona, probablemente al realizarse la cueva y eras situadas allí. En esta zona Cabré y Motos sólo pudieron excavar cinco de ellos (nº 10, 12, 13, 14 y 17) y re-excavar otros cinco (nº 2, 26, 29, 34 y 36) de los que pudieron recuperar parte de los ajuares.
Los túmulos identificados ofrecen un aspecto formado por una pequeña elevación con una depresión central, que corresponde al expolio o excavación de la cámara. Sin embargo, los túmulos situados en la parte alta de la zona en torno al camino, se han rellenado con tierra con el objeto de restituir su aspecto tumular.
En Tútugi hay diversas variantes de túmulos: de aljibe, cuadrangulares con pasillo, circulares y semicirculares con pasillo y con nichos. Suelen ser construidas en piedra o adobe, o ambas a la vez. El interior, presenta las paredes y suelos renovados de yeso en muchas ocasiones en rojo, el color funerario ibérico, y negro. También en su interior encontramos bancos y nichos.  Las tumbas más sencillas son hoyos practicados en el suelo, revocados con yeso, y cistas de piedra donde se introducen las urnas. Éstas pueden ser vasijas cerámicas, que se introducen en oquedades del terreno, o cajas de piedra.
Túmulo 50: Es una de las sepulturas más interesantes entre las reconstruidas, en el extremo del espolón se aisló un pequeño túmulo de 10 m. de diámetro al rebajar el terreno circundante. En medio del túmulo se excavó la cámara y el pasillo con una profundidad media de 1,40 m. Sus paredes interiores se recubren con muros de mampostería, dando cara hacia el interior y el resto se rellena de piedras pequeñas y tierra. La parte superior de los muros estaría construida con adobes, al igual que el banco. El suelo y las paredes se revocan de yeso y se pintan de rojo.
Túmulo 22: Es el túmulo más bajo de las cuatro que ocupan esta cresta con dirección N-S. El estado del túmulo anterior a la limpieza era el de un montículo con un agujero en el centro, alrededor del cual se veía una acumulación de tierra y piedras sueltas. El hoyo realizado por los saqueadores fue rellenado con varias capas de restos de vidrios procedentes de una cristalería del pueblo de Galera de mediados del siglo XX. El interior de la cámara presenta un banco realizado con adobes que se recubren de yeso y pintura roja, regularizando la planta en una forma rectangular, más acorde con la tipología común de la necrópolis. Los materiales recuperados son escasos, de entre ellos destacar un fragmento de urna globular decorada con semicírculos, ondas y filetes que nos da una cronología del Siglo III-II a. C. bajo la cual aparecieron restos de huesos humanos carbonizados.
Túmulo 32: En este túmulo se observa dos tumbas superpuestas, realizadas con técnicas constructivas diferentes: La primera presenta una cámara rectangular excavada en la roca y con puerta indicada y túmulo recortado en el terreno formado por tres plataformas escalonadas, utilizando muros para salvar los desniveles del terreno. Toda la estructura tumular es recubierta por una capa de yeso, lo que le da un aspecto singular dentro del paisaje y le permite una mejor conservación. La segunda, se conserva la mitad, está construida sobre la primera con muro de piedras que se elevan en el terreno, formando una cámara cuadrangular con pasillo de acceso. Tiene suelo y paredes revocadas de yeso y pintadas de rojo.

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Túmulo 21: Cabré y Motos nos dice que no sabemos si hubo algo en su interior. Antes de ser limpiado este túmulo era un pequeño montículo con un agujero en el centro de forma cónica. Sólo un par de piedras en su parte Sur podían indicar la existencia de alguna estructura. Este túmulo es junto con el 26, excavado por Cabré y destruido al hacer la explanada contigua, uno de los pocos que presentan cámara circular. Tiene un diámetro medio de 3 metros y un corredor de entrada de más de 4 metros, con dirección SSO, orientado hacia el poblado. El suelo está excavado en la roca natural que ha sido rebajada unos 20-25 cm, de modo que se forma una especie de repisa sobre la que se levantan las hileras de piedras. En las hiladas superiores se observa una tendencia a cerrar la estructura en falsa cúpula. Sobre ella, es posible que existiera una estructura de adobe y yeso cerrada en su parte más superior con tablones de madera. En el interior de la cámara sepulcral se disponen dos bancos de tapial y adobe formando una L, revestidos, al igual que el suelo, con yeso blanco y pintados con  franjas rojas, donde se depositarían las urnas con los restos de los difuntos de los ajuares. Aunque fue expoliado, se han

Grupo de herméticos de Granada y Almería que visitan el yacimiento

podido recuperar numerosos fragmentos de cerámica, pertenecientes a varias vasijas entre las que destacan varios cuencos fechados en el Siglo IV-III a. C. Otros materiales significativos son dos cuentas de collar, una en hueso y otra en pasta vítrea. En el corredor de entrada se recogieron varios clavos, una hebilla de pequeño tamaño y una una punta de lanza, todo ello en hierro, así como la cabeza de un toro de pasta cerámica pintada en rojo.

dama
Túmulo 20: Fue encontrada la dama de Galera. Es una figurilla fenicia del siglo VII a. C. (semejante a otra que fue hallada en Cartago, norte de África), hecha en alabastro, que probablemente represente a la diosa Astarté. La dama está sentada entre dos esfinges y sostiene un cuenco al que vierte líquido por dos agujeros que tiene en los pechos. Se aprecia en la figura influencia mesopotámica por sus formas robustas. En cambio la estilización en el traje y los cabellos denotan influencias egipcias. Debido a su carácter de objeto sagrado, pasó por varias generaciones hasta su enterramiento final como parte de un ajuar funerario. La dama de Galera cae en manos extranjeras. Años después Luis Siret la dona al Museo Arqueológico Nacional (Madrid). Su descubrimiento tuvo lugar en 1916, en las memorias de Cabré y Motos se relata lo acontecido: «la mujer e hijas del colono del Cortijo de San Gregorio… Se dieron a excavar un montículo inmediato a su casa. Bien pronto animáronse en las rebuscas, al ver que hallaban tierra afable, como si estuviese removida, y su asombro no tuvo límites cuando vieron ante sí varias vasijas, platos y una imagen femenina de piedra ricamente ataviada: era el túmulo que hemos demarcado en nuestro plano con el número 20». Este túmulo se limpió en el año 2000. En el 2001 se creía que el pilar de la tumba era para soportar el peso, pero en 2006 ya se pensaba que ese pilar era un altar. En el equinoccio la luz del sol ilumina el altar. El túmulo 20 su corredor está de frente con el corredor del túmulo 11, el primero es de una mujer y el segundo de un hombre. El túmulo 11 se han encontrado restos de escudos y lanzas. Estos dos más el túmulo 34 forma un perfecto triángulo.
El Cerro del Real se debe su nombre por ser el lugar de emplazamiento del campamento de Don Juan de Austria en el asedio de Galera en la Guerra de los Moriscos, en 1570. Galera fue conquistada en 1230 por el Arzobispo de Toledo, monseñor Rodrigo Jiménez de Rada. En 1324 el rey Ismail I de Granada, aprovechando la anarquía existente en Castilla por la minoría de edad del rey Alfonso XI de Castilla, recuperó en una rápida campaña las localidades de Huéscar, Orce, Galera y Baza. La reconquista de estas zonas tendría lugar en tiempos de los Reyes Católicos, en 1488. Formó parte en la sublevación de los moriscos, siendo aplastada con la intervención personal de Don Juan de Austria, el cual tomó la ciudad asaltando una a una las casas-cueva que la formaban. Juan Cabré en 1918 excavó un templo romano, hoy queda unas grandes basas de columnas en la zona superior del yacimiento (conocidas popularmente como la Pisá del Moro), las cuales se encuentran desplazadas de su sitio original. Fueron las actuaciones de los profesores Pellicer y Schüle en los años 60 las que darían a conocer este yacimiento. Se han encontrado fragmentos cerámicos argáricos, Iberos, romanos, griegos, árabes, teselas de mosaicos, piedras de molino, restos de estructuras constructivas, silos para la conservación de alimentos, restos metálicos, etc. Esto atestigua que en Galera había una ocupación ininterrumpida desde la edad del bronce.[:]