José Antonio Gutiérrez Quesada

También en yacimientos arqueológicos prehistóricos, ha sido la Historia pródiga, en Granada; por toda la provincia son prácticamente incontables los ya descubiertos, en unos casos yacen con restos de otras culturas en el mismo lugar: íberos, romanos, visigodos o árabes; y en otros son únicos. Ambos ejemplos pudimos conocerlos sobre el terreno con todo lujo de detalles; el primero en la Necrópolis de Sierra Martilla, y el segundo en el Conjunto Arqueológico de Villavieja, yacimientos que se encuentran relativamente próximos, en tierras de la comarca de Loja, en el Poniente granadino, más concretamente, en los anexos municipales Ventorros de San José (Loja) y Fuentes de Cesna, (Algarinejo) respectivamente. Proximidad que nos permitió recorrerlos a fondo en el mismo día.

El 29 de febrero, un nutrido grupo de miembros de la delegación de Granada del Instituto Hermes, junto con otros curiosos de la arqueología pudimos realizar la visita a los citados yacimientos, instruidos por un guía de excepción: el arqueólogo y profesor de la Universidad de Granada Antonio Morgado, que se prestó a este empeño de forma generosa y altruista, por la gran pasión que siente por este yacimiento arqueológico, de cuya excavación, estudio y divulgación científica es en gran medida, responsable.

Necrópolis de Sierra Martilla

A partir de Loja, tras media hora de transitar por una accidentada carretera, salvando montañas, colinas, tajos y barrancos, llegamos a Los Ventorros de San José y, luego de un corto desvío, al yacimiento megalítico Poblado y Necrópolis Sierra Martilla. Sin pérdida de tiempo nuestro guía arqueólogo, comenzó con entusiasmo a sumergirnos en la prehistoria.

Aunque se conocía su existencia desde mediados del siglo XIX, la excavación e investigación sistemática no se inició hasta 1985. El conjunto megalítico está fundamentalmente constituido por el poblado y la necrópolis del Neolítico y Edad del Cobre. La necrópolis alto medieval data de los siglos VI y VII. Son Miguel Jiménez Puertas, Luca Mattei y Ana Ruiz Jiménez, en su trabajo “Rituales y espacios funerarios en la Alta Edad Media”, quienes estudian las diferentes formas de enterramiento catalogándolas en cuatro formas de acuerdo a su estructura:

Forma Rectangulares, por tener ángulos rectos, y los que tienen las paredes muy rectas aunque los ángulos estén redondeados.

Forma Trapezoidal, son los que presentan las esquinas rectas.

–Forma de Bañera, son las que presentan una forma ovalada bien definida. 

Forma mixta rectangular y bañera. Sus extremos son curvo en la parte de los pies. recto en la   cabecera .

Se aprecian diversos utensilios de siles, pobrísimos restos de estructuras íbero-romanas y fragmentos de cerámicas íbero-romana y visigoda dispersos por todo el terreno. De menor significación son los vestigios de un pequeño muro prehistórico y de una atalaya musulmana. Todo parece indicar que el lugar permaneció sin habitar desde la Edad del Cobre hasta la época íbero-romana. La circunstancia de que el yacimiento fuera intensamente expoliado desde la antigüedad ha privado a la investigación arqueológica de elementos imprescindibles para un conocimiento más detallado y preciso. En la fecha actual la excavación está detenida.

A las inmediaciones del yacimiento, situado en una pequeña meseta o terraza que corona una montaña de 800 metros, pudimos acceder fácilmente, y empezamos nuestro recorrido por la Necrópolis  megalítica, que por estar ubicada algo por debajo de la meseta, en su costado más meridional, era la parte más inmediata a nosotros.

El primer dolmen que vimos es monumental, excavado en la roca calcárea propia de la zona aprovechando el desnivel del suelo, tiene varias cámaras funerarias, que a modo de cuevas servían de enterramiento colectivos. Tras observarlo con detenimiento continuamos estudiando otros dólmenes del conjunto, que cuenta con diez aproximadamente. Todos están excavados en la roca y algunos solo tiene una cámara funeraria, pero resultan igual de impresionantes.

Dando un pequeño rodeo entramos en la meseta atravesando una valla metálica rota y ruinosa que en algún tiempo cerraba paso a la misma; en esta zona dedicamos la mayor parte del tiempo a la Necrópolis Alto-medieval, en la que el arqueólogo nos fue mostrando y explicando lo más sobresaliente de los enterramientos.

En número aproximado de cuarenta, todos son fosas individuales excavadas en las rocas areniscas y calcáreas del suelo de la meseta y en las que se pueden observar cuatro tipos por pequeñas diferencias en las formas, como hemos dicho más arriba. La cubierta estuvo formada por una o más losas y todas presentan la particularidad de tener la cabecera dirigida hacia el poniente.

La ocupación Sierra Martilla desde remotos tiempos se debe a causas diversas: defensivas, su posición elevada representaba una importante ventaja estratégica; económicas, pues las tierras que la rodean tienen agua abundante y son propicias para la práctica de la agricultura y ganadería; pero tal vez la razón de más peso fuera de carácter artesanal: la naturaleza geológica de las rocas areniscas y calcáreas del emplazamiento, fáciles de trabajar, posibilitaba la elaboración de numerosos objetos que facilitaban el desarrollo de los habitantes.

Sería imperdonable no incluir en este escrito una breve descripción de la impresionante belleza del paisaje que se contempla desde el yacimiento. Cualquiera que sea la orientación que se dé a la vista la espectacularidad del panorama asombra por su riqueza, colorido y lejanía: montañas, suaves colinas, hermosos y verdes valles, encinas, olivos, retamas, almendros, espartos, barrancos, arroyos, la cuenca del Genil, pantanos, pueblos y poblados, cortijos, todo forma un armonioso cuadro en cuyo fondo se confunden las tierras Granada, Córdoba y Málaga.

Muralla de Villavieja

Ya entrada la tarde, salimos en busca del segundo objetivo de nuestro viaje, el Yacimiento prehistórico  de Villavieja.

El yacimiento se asienta sobre un farallón o tajo llamado de la Villa Vieja, del que ha tomado su nombre. Desde lo alto del tajo se domina el valle del Genil y el embalse de Iznájar (Córdoba) y a su pie se encuentra la localidad de Fuentes de Cesna, pedanía del municipio de Algarinejo (Granada) a la que Antonio Morgado nos condujo para que primero, tuviéramos un conocimiento amplío del conjunto y el entorno del yacimiento. Esta estructura prehistórica megalítica tiene unos 5000 mil años, siglo más o menos, se ubica en la cultura de la Edad del Cobre y se despliega en una meseta que baja suavemente desde los bordes del tajo, hacia el noreste, hasta acabar en una muralla semicircular que cierra por completo el recinto del yacimiento. Sus grandes proporciones la destacan sobre el paisaje y la hacen visible desde el cielo y , sin duda, es el más grandioso modelo de este tipo de construcciones de toda la prehistoria europea.

Se sabe de la existencia de Villavieja desde la segunda mitad del siglo XIX, en 1845 el político progresista Pascual Madoz (ministro de Hacienda de Isabel II y promotor de la Desamortización de 1855) que refiere la existencia de estructuras arqueológicas en el denominado Tajo de Villavieja en el famoso diccionario que dirigió, muy conocido simplemente, como El Madoz. A pesar de esta cita el yacimiento estuvo mucho tiempo olvidado. En el año 2012 un equipo de investigación arqueológica del departamento de Prehistoria y arqueología de la Universidad de Granada coordinado por Antonio Morgado, comenzó las primeras investigaciones, que fueron puntuales debido a problemas presupuestarios, pero permitieron documentar la importancia de la estructura y analizar elementos claves de su construcción: materiales, técnicas, finalidad y todo hace pensar en un pronto reinicio de la investigación, ya que un reciente acuerdo entre el Ayuntamiento de Algarinejo, la Consejera de cultura de la Junta de Andalucía y el equipo de investigación de la Universidad de Granada, establece las reglas de la colaboración institucional para continuar las actuaciones.

Empezamos la visita del yacimiento por la parte superior, asomándonos al tajo acusando el vértigo que causaban sus 50 metros de escarpadura, a pesar de lo cual pudimos admirar el espléndido paisaje que se ofrecía a nuestra vista. Supimos entonces que en la base del tajo existen viviendas de origen medieval excavadas en la roca y un aljibe para el agua; así como de la existencia de un angosto y peligroso paso excavado en la roca para comunicar la cima con la base.

Entretanto recorríamos el recinto amurallado, observando los detalles más destacados fuimos sabiendo que la primera ocupación humana de Villavieja fue hacia el año 2700 a. C. y que durante la misma se construyó ya la muralla, lo que demuestra el carácter defensivo que tuvo el asentamiento desde su principio. La máxima ocupación se dio, según los indicios, entre los años 2600 y 2500 a.C., pertenecientes a los cuales se han encontrado muestras de cerámicas campaniformes. A partir de la última fecha citada parece haber una crisis que deja huellas en parte del recinto por su abandono, pero poco después se produce de nuevo la plena ocupación hasta su abandono definitivo algunos siglos más tarde.

Podemos definir el yacimiento arqueológico como un asentamiento fuertemente defendido por una gran muralla semicircular, que se continúa ininterrumpida durante casi trescientos metros, asegurada con eficaces recursos técnicos en la cimentación, el levantamiento de los muros y con refuerzo de torreones de dos tipos adosados al exterior, a modo de bastiones semicirculares, los unos de 3 m de diámetro, intercalados con otros también semicirculares de 5 m de diámetro. Toda la muralla es perfectamente visible, y donde ha sido excavada si bien algunos trozos están semi enterrados, se calcula que su altura rondaría los 5 metros, aunque lo que queda tiene 3,50 m aproximadamente. Presenta una inclinación de entre un 10 o un 20 % y ha sido construida en base a un muro exterior, asentado sobre la roca, y otro muro interior, siendo rellenado el espacio con grava, piedra, etc.

En las diferentes excavaciones que se han realizado desde 2012 han aparecido una gran cantidad de elementos que han sido estudiados en el Laboratorio del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, donde se han catalogado quizás más de siete mil piezas: cerámicas, utensilios líticos de trabajo, puntas de flecha, molinos de mano, restos de huesos de los animales criados para consumo de los habitantes de hace casi 5000 años.

También tuvimos ocasión de conocer en una rápida visita las viviendas cuevas y el aljibe medieval que hay al pie del tajo y poco después se dio por concluida la visita.

Agradecimos al arqueólogo su amable y sabia orientación y tras las fotos de rigor nos despedimos,  y después de vivir un día inolvidable, volvimos a Granada.