Claudia Patricia Escobar Rúa
La Antropología tal como es definida, es la ciencia que estudia al hombre desde un punto de vista amplio, es decir desde lo biológico, histórico, cultural y social. La amplitud del concepto de esta disciplina ha permitido la articulación con varias ramas del conocimiento, dando lugar a varias especialidades, que dependen en gran medida de la escuela teórica desde la cual se mire.
Nace así la antropología arqueológica, biológica-física, lingüística, y social- cultural. Esta última es conocida como el estudio de la sociedad humana y la cultura, encargada de describir, analiza, interpreta y explica las similitudes y diferencias sociales y culturales (Kottak, 2011, 7)[1]
La Antropología social- cultural, estudia la sociedad y las culturas humanas, de tal manera que pueda descubrir elementos compartidos y diferencias, con una mirada holística que abarque las diversas realidades del ser humano. Para lograr este objetivo la disciplina cuenta con metodologías de aplicación de carácter cualitativo, sistemático y comparativo, en el que se desarrollan ampliamente las técnicas etnográficas propias de este saber.
Igualmente, el concepto de cultura, cobra una gran importancia desde esta subdisciplina, y es a partir de allí donde se generan las diferencias conceptuales y metodológicas, que dan origen a las principales escuelas de pensamiento. Para ampliar la información sobre este tema, nos podremos remitir al Módulo de antropología social de la carrera de antropología.
En el desarrollo de este texto trataremos de manera sintética, todo lo concerniente con los elementos técnicos y metodológicos para el desarrollo de un ejercicio etnográfico básico.
La etnografía es una técnica cualitativa que nace en el seno de la Antropología Cultural. Su nacimiento puede datarse en el sentido oficial del termino al año 1922, cuando el antropólogo croata Bronislaw Malinowski, publica su obra maestra “Los argonautas del Pacifico occidental”, luego de pasar varios años en las islas Papúa de Nueva Guinea con los nativos de la zona. En dicha experiencia crea un método de acercamiento a la realidad social, en el que invita a un ejercicio que consiste en sumergirse en el contexto que se quiere estudiar, con el fin de poder conocer de primera mano elementos profundos y estructurales de la realidad social. A partir de esta obra, y con el correr del tiempo, la etnografía ha sido redefinida y adaptada a diversos contextos y miradas, en las que aun priman ciertos principios que sustentan el método.

Desde su etimología la etnografía sería definida como la descripción de las etnias (ethnos: etnia o pueblo, grapho: escritura o descripción). En términos generales, la etnografía pude definirse como aquel método que busca describir lo que la gente hace desde la perspectiva de la misma gente, pues centra su interés tanto en las prácticas como en los significados que estas prácticas adquieren para quienes las realizan, describiendo con ellos las relaciones complejas que entre estas dos dimensiones se tejen en un contexto determinado. (Restrepo, 17, 2016)
Lo que entrega el ejercicio etnográfico son descripciones que dan cuenta de formas de habitar, imagina, hacer y significar el mundo para un grupo particular de personas, es decir busca hacer descripciones particulares, que cobra lógica en un sitio. Sin embargo, su alcance no se limita a un contexto particular únicamente, sino que pretende ir al fondo de la realidad social y humana, para establecer generalizaciones que van más allá del contexto, y busca comprender elementos que caracterizan ciertos aspectos humanos y sociales.
El principio epistemológico en el que se sustenta este enfoque etnográfico, estima que las tradiciones, roles, valores, normas, símbolos, significados, lenguajes, etc, se van internalizando poco a poco en un ambiente particular y van generando regularidades que animan la conducta individual y colectiva de un grupo humano. Los miembros de una cultura, comparten una “estructura lógica” una forma de razonamiento particular que por lo general no es explicita para los miembros, pero que se manifiesta en diferentes aspectos de su vida. La etnografía busca llegar a comprender dicha “estructura lógica” y a describirla.
El método etnográfico no dista mucho de otras características del enfoque cualitativo. Sin embargo, sintetizaremos algunas de ellas que cobran mayor relevancia para este método, y que se convierten en principios presentes en todo el proceso. Cabe mencionar, que el estudio etnográfico es cualitativo, pero no todo estudio cualitativo es un estudio etnográfico, pues este último supone unas características propias del método.
Entre los principios básicos, propios del método etnográfico, podríamos destacar los siguientes:
Habilidades a desarrollar
La etnografía es un proceso que solo se aprende solo en la práctica, pues es la experiencia la que forma la sensibilidad y la perspectiva con la que se hace uso del método.
Dicha técnica está al alcance de cualquier persona y cualquier disciplina, pero implica el desarrollo de ciertas habilidades que posibilitaran la realización de ejercicios de este tipo. El autor Eduardo Restrepo en su texto “Etnografía, Alcances técnicas y éticas” hace un desarrollo profundo de estas habilidades. Retomaremos en este texto algunas de ellas.
Aprender a percibir: Esto supone un ejercicio de atención que implica aguzar nuestros cinco sentidos. Es necesario aprender a observar más allá de lo aparentemente visible, lo que implica generar una mirada reflexiva sobre aquellos asuntos que son de nuestro interés, visibilizando aquellas cosas que en su aparente obviedad pasan desapercibidas, pero que contienen profundos significados.
De igual forma es necesario estar atento no solo a lo que se dice, sino también a la forma en que se dice, quien y cuando lo dice. Así mismo poder comprender los sutiles códigos de comunicación que operan en determinados contextos y que están cargados de significados para la gente, igualmente se requiere no asumir que se ha entendido lo escuchado, sino que es necesario contrastar lo que hemos escuchado con el significado que el otro le atribuye.
Los olores, el gusto y el tacto también pueden ser fuente de información etnográfica. El ejercicio etnográfico supone un esfuerzo de saber estar presente en el momento, con los sentidos despiertos para leer más allá de lo que la situación dice de manera textual.
Saber estar: el ejercicio etnográfico implica entrar en el mundo del otro, y esto por lo general va acompañado de un ejercicio de campo que implica desplazarse a otros lugares y contextos ajenos. El contacto con estos lugares implica un ejercicio de adaptación y flexibilidad, en el que se deber tener la suficiente apertura mental y actitud de aprendizaje. Requiere entonces de quien hace el ejercicio etnográfico, adecuarse de manera rápida a las costumbres, lenguajes, formas de vestir, etc. que le permitan generar una familiaridad con la población y ser aceptado en el entorno.
Reflexividad: implica un riguroso ejercicio reflexivo no solo de autobservación, con el fin de tener presente el sesgo personal, sino además un esfuerzo de reflexión constante de los datos observados en cada contexto.
Disciplina de escritura: Dicha técnica supone una recolección de datos rigurosa en la que es de gran importancia la descripción de ciertos hechos. Por lo tanto, implica generar una disciplina de escritura constantemente que permita registrar ideas, percepciones, vivencias, etc. En el método etnográfico “el Diario de campo” es una de las principales herramientas de recolección de información, en la que de manera sistemática se hace un registro diario en el que se consigna con detalle y riqueza ciertos eventos y reflexiones realizadas durante el ejercicio y que, si no se escriben en el momento, corren el riesgo de perderse en el olvido debido a la saturación de eventos a los que se está expuesto durante todo el día.

Capacidad de asombro: Dicha habilidad debe ser especialmente desarrollada cuando se adelantan trabajos de investigación en contextos familiares, lo que implica de quien realiza el ejercicio un esfuerzo por visibilizar elementos culturales cotidianos que están cargados de profundo valor y significados, pero que, por estar cercanos todo el tiempo, pasan desapercibidos.
Pensamiento sistémico: Esta técnica requiere de la capacidad de observar desde un paradigma sistémico y complejo la realidad social, en el que se mire lo global, pero que también se tenga un acercamiento a lo particular, en el que se comprenda el tejido de redes, que tiene características inestables, multicausales y paradójicas.
El desarrollo de estas habilidades sucede en la medida en que se realizan ejercicios prácticos y reales en los que se tenga una aplicación de la técnica. De igual forma, podremos desarrollar en nuestra vida cotidiana una perspectiva o enfoque etnográfico que nos permita estar haciendo uso de estas habilidades en todos los contextos de nuestra vida.
Niveles de información
Existen diversos niveles de información en la labor etnográfica. Dichos niveles tienen que ser vistos e indagados por igual en cualquiera de los ejercicios de este tipo:
Un primer acercamiento, tiene que dar cuenta de lo que la gente hace, es decir, debe contemplar una descripción de las prácticas que la gente realiza y de las relaciones que se construyen alrededor de dichas prácticas.
En un segundo nivel, es importante poder describir lo que la gente dice que hace, llegar a comprender la visión que tienen las personas de sus prácticas cotidianas. Un análisis comparativo de estos dos niveles nos permitirá observar que en muchas ocasiones no hay concordancia entre lo que la gente hace y lo que la gente dice que hace.
Un tercer nivel, invita a que se indague por el deber ser de la práctica, es decir, aquello que está socialmente aceptado, pues dicha información nos hablará de los valores ideales y las aspiraciones que se tienen en ciertos contextos. Si bien, dichos niveles no pueden confundirse los unos con los otros, la comparación entre los tres dará cuenta de los primeros patrones culturales que hay que comenzar a describir.
En la etnografía se comienza con una actitud consciente de que se ignora todo, pues este proceso es fundamental para poder llegar a comprender el punto de vista o la realidad tal y como es vivida por la personas o grupo de personas que queremos comprender.
La etnografía utiliza un modelo metodológico cíclico, contrario al patrón lineal empleado por otras disciplinas de las Ciencias Sociales, es decir el proceso etnográfico tiende a ocurrir de manera simultánea de tal manera que la información que se recolecta se usan para reorientar nuevamente el proceso de investigación etnográfico. Así, aunque no hace énfasis en la secuencia del proceso se pueden distinguir un punto de partida y un punto final.
Vamos a desarrollar algunos pasos del proceso de investigación etnográfica[3]:
Lo primero que se debe tener en cuenta es definir con cierto grado de claridad cuáles son aquellos elementos que queremos indagar o comprender. Para focalizar el objeto de estudio se puede comenzar formulando una pregunta que proporcione la idea central del fenómeno a ser abordado. Esto permitirá visualizar el alance del ejercicio en cuanto tiempo y recursos disponibles. Esta fase corresponde a preguntarnos por el ¿ qué queremos saber?
Algunos autores conciben a los sujetos de la investigación etnográfica como informantes clave del fenómeno en estudio. Otros autores señalan además que los participantes cumplen una función activa, no sólo son dadores de información, sino que inclusive forman parte del equipo de investigación. Es muy importante entonces comenzar a definir que perfiles de personas nos interesa contactar para el ejercicio, bien sea para hacer una observación o una entrevista. Los criterios para definir el perfil de las personas son variados y dependen de aquello que queremos indagar o comprender. Por ejemplo, si queremos saber que piensan los jóvenes sobre alguna campaña publicitaria de nuestra escuela, deberíamos definir a qué tipo de jóvenes nos interesa indagar y por lo tanto mirar si son jóvenes de alguna localidad específica, que rangos de edad nos interesa, que ocupaciones tienen, etc. Esta fase corresponde a preguntarnos por ¿Quiénes?
En la investigación etnográfica, las hipótesis o preguntas, a lo largo del proceso de recolección de la información pueden ser reformuladas y modificadas, cuando el investigador lo considere conveniente en función de la información que va recolectando. Un estudio puede comenzar sin hipótesis o interrogantes, con formulaciones iniciales, tentativas y luego ser reajustadas de acuerdo con la realidad, descartando aquéllas que no estén suficientemente soportadas. No hay límites preestablecidos en relación al número y naturaleza de las hipótesis o interrogantes.
La formulación de hipótesis o de preguntas es una actividad continua en el trabajo etnográfico. Esta tarea está implícita en las observaciones más simples y registros o anotaciones que realiza el investigador. Para la formulación de las hipótesis o interrogantes del estudio, el etnógrafo utiliza diferentes tipos de preguntas que plantean variados tipos de observación en el trabajo de campo:
Preguntas descriptivas o iniciales que orientan la posibilidad de conocimiento inicial del objeto de estudio. Por ejemplo, ¿de qué gente se trata? ¿Qué hacen? ¿Dónde viven?
Preguntas estructurales que conducen a precisar características y significados de fondo de la situación analizada. Por ejemplo, ¿cuál es el significado de la expresión utilizada por un actor en un momento determinado?
Preguntas de contraste que permiten comparar información recolectada en diferentes momentos de la observación. Por ejemplo, ¿utiliza el actor esa misma expresión en otras situaciones?
El estudio etnográfico supone la ejecución de un trabajo de campo que permite recabar los datos en el contexto natural donde ocurre el fenómeno. La información que se busca es aquélla que tenga mayor relación con el objeto de estudio y ayude a descubrir las estructuras significativas que explican la conducta de los participantes en el estudio.
Puede ser muy relevante obtener los siguientes tipos de información:
Para recabar la información, el etnógrafo recurre a procedimientos tales como la observación participante, la entrevista u otras vías que se constituyan en fuentes de información. Estas técnicas las veremos con mayor detalle más adelante.
La triangulación permite reinterpretar la situación en estudio, a la luz de las evidencias provenientes de todas las fuentes empleadas en la investigación. Constituye una técnica de validación que consiste en «cruzar», cualitativamente hablando, la información recabada. Su propósito está dirigido a ofrecer la credibilidad de los hallazgos.
El ejercicio de la triangulación consiste básicamente en la comparación de información para determinar si ésta se corrobora o no, a partir de la convergencia de evidencias y análisis sobre un mismo aspecto o situación.
Se considera que hay consistencia en los resultados de la triangulación cuando las evidencias coinciden, o se complementan, en torno a una tendencia o caracterización de la situación analizada. En caso contrario, el investigador debería recabar más información hasta lograr, desde las distintas fuentes, corroborar la exacta interpretación de la misma.
El adecuado empleo de la técnica de triangulación minimiza los riesgos de la no representatividad y la exclusividad de una determinada postura, así como la inconsistencia de la información recabada y/o de los resultados obtenidos. Es un procedimiento imprescindible, cuyo uso requiere habilidad por parte del investigador para garantizar que el contraste de las diferentes percepciones conduzca a interpretaciones consistentes y válidas.
Interpretar la información constituye uno de los momentos claves de la investigación etnográfica. Esta interpretación supone categorizar una realidad. El paso de la categorización o clasificación exige la revisión, una y otra vez, de la información recopilada, con el propósito de ir descubriendo el significado de cada evento o situación, considerando el todo y las partes.
En la investigación etnográfica, la interpretación de la información es un proceso de identificación de preguntas. En vez de ir al campo con preguntas específicas, el etnógrafo analiza la información compilada como producto de las diferentes técnicas utilizadas (observaciones, conversaciones informales, vivencias etc.) para identificar más preguntas. Después de cada sesión de trabajo en el campo, necesita revisar y analizar sus anotaciones para saber qué va a buscar en su próxima sesión. Este constante proceso de análisis conduce a nuevas preguntas etnográficas, a partir de las cuales se recopila nueva información, más anotaciones y nuevas interpretaciones.
La fase de interpretación parte de lo estrictamente descriptivo hasta llegar a la explicación de la situación abordada. El etnógrafo cumple una labor mediadora que le permite relacionar eventos, hechos y representaciones, sin aferrarse a modelos rígidos preestablecidos. Esta forma flexible de abordar el proceso le permite ir descubriendo y construyendo el objeto de su investigación.
De Tezanos de Mañana (1981) plantea que ser intérprete en una investigación es lograr experiencias y relacionarlas. Tales experiencias suponen relacionar lo particular con lo universal y asociar los acontecimientos con el proceso histórico social. Toda experiencia parte de lo observado por el investigador. Así, el contenido de la observación es una síntesis que depende, en cada caso, de la relación observador-observado. Esto explica por qué, ante un mismo evento, grupos humanos o personas refieren representaciones distintas y aún opuestas. Por otro lado, el contenido de la observación depende de la historia misma del sujeto, puesto que éste es una síntesis de la actividad en una sociedad históricamente determinada.
Durante este paso, el etnógrafo -a partir del análisis, la descripción e interpretación de la información- formula una explicación lo más fidedigna posible, de la cultura que estudia, resaltando lo verdaderamente significativo y estableciendo conexiones con el contexto global en el cual se inserta la situación en estudio.
En la investigación etnográfica, a diferencia de otro tipo de investigaciones, las conclusiones están plasmadas a lo largo del proceso y se generan mediante aproximaciones sucesivas, evitando afirmaciones prematuras.
Las conclusiones reflejan la complejidad estructural de un caso concreto, de una realidad específica, de una situación, un grupo o ambiente particular. Al desarrollar esta fase, el etnógrafo se enfrenta a la decisión de generalizar los resultados. En la medida en que estén bien identificadas y descritas tanto la estrategia de investigación como las categorías de análisis y las características del fenómeno o grupo estudiado, las comparaciones y las transferencias a otros casos y grupos serán más confiables.

Según Goetz y LeCompte (1988), las conclusiones de un trabajo etnográfico suponen cuatro componentes fundamentales: a) Presentación de la información de campo analizada de modo accesible a los lectores; b) Interpretación e integración de los significados en un marco conceptual o teórico más general; c) Exposición de los significados; y d) Aplicación de los resultados.
Este paso, en el ciclo de la investigación etnográfica, se va realizando durante la ejecución del estudio. Incluso, el informe final puede incluir y conducir a nuevas preguntas y más observaciones. Redactar un informe etnográfico requiere, de parte del investigador, la realización de un análisis intensivo. El informe debe incluir una exposición sólidamente organizada, reflejando claramente cómo los resultados se fundamentan en la información recabada.
Goetz y LeCompte (1988) plantean que un informe etnográfico es considerado aceptable cuando contempla:
a) El foco y el fin del estudio, clarificando la situación que aborda,
b) El modelo o diseño de investigación y las razones de su elección,
c) Los participantes del estudio, el escenario y el contexto investigado,
d) La experiencia del investigador y sus roles en el estudio,
e) La estrategia para recabar la información,
f) La técnica empleada para analizar la información,
g) Los descubrimientos del estudio, la interpretación y aplicaciones del mismo.
En síntesis, el modelo cíclico de investigación propuesto por la técnica etnográfica se caracteriza por ser dinámico, flexible y dialéctico. Según este modelo, cuando el investigador decide estudiar una realidad cultural, participa intensamente en ella, a fin de comprender los eventos más significativos desde la óptica de los propios protagonistas, con miras a explicitarlos y proponer formulaciones teóricas que representen en forma fidedigna dicha realidad.
A continuación, desarrollaremos algunas técnicas cualitativas para recoger información que se usan en el método etnográfico.
1 Técnica de observación participante
Generalidades:
La observación participante busca tener una experiencia directa del observador para generar información de primera mano en el lugar donde suceden las cosas. La idea que subyace, es muy sencilla, pero con un gran alcance, es que mediante su presencia el observador puede registrar desde una posición privilegiada cómo se hacen las cosas, quiénes las realizan, cuándo y dónde. Ser testigo de lo que la gente hace, le permite al observador comprender de primera mano dimensiones fundamentales de aquello que le interesa de la vida social. Esto permite acceder a un tipo de comprensión y datos que otras técnicas de investigación son incapaces de alcanzar (Restrepo, Antropologia y estudios culturales, 2012).
Condiciones para el desarrollo de un proceso de observación participante (Urbano, 2006).
Procedimiento:
Momento 1. Diseño del ejercicio de observación.
Para el desarrollo de este paso es importante:
Momento 2: Desarrollo del ejercicio de observación
Durante el desarrollo del ejercicio de la observación se recomienda:
Momento 3: Registro del proceso de observación.
Algunos métodos de registro de observación:
Momento 4: análisis e interpretación de los datos:
Esta técnica se puede usar de manera paralela a otras técnicas, tales como entrevistas informales, o grupos focales. En el ejercicio de investigación social, es posible estar en todo momento haciendo observación participante.
Generalidades:
El grupo focal es una técnica que consiste en reunir a un grupo de personas con el fin de discutir un tema en particular mediante unas preguntas realizadas por un moderador. Como estrategia de metodología cualitativa, brinda a los participantes la oportunidad de expresar sus apreciaciones de forma autorregulada, dado que cada persona evalúa y decide qué puede expresar y cómo lo hace. Es importante tener en cuenta:
Condiciones para el desarrollo del grupo focal
Roles fundamentales para asegurar la eficiente ejecución de la actividad. El moderador concentrará sus esfuerzos en regular la participación de los integrantes del grupo y en la optimización del tiempo. El relator registrará de manera fiel los aportes de cada participante en la discusión.
El moderador del grupo focal debe contar con las siguientes habilidades:
Número de participantes:
Se sugiere convocar de 6 a 12 personas para un grupo focal, cantidad que propicia la participación de cada uno de ellos.
Procedimiento:
Momento 1. Programar los grupos focales.
Momento 2. Desarrollo del grupo focal.
El desarrollo de la sesión contempla tres momentos consecutivos que se explican a continuación.
Inicio del grupo focal
En el primer momento, el moderador explica el contexto de la actividad, presenta con claridad los objetivos y responde las preguntas y dudas que planteen los participantes. El propósito de este momento es generar un ambiente propicio para que cada persona se sienta cómoda y dispuesta a aportar a la actividad.
El tiempo sugerido para este momento es de 15 minutos, aproximadamente.
Los principales aspectos que se incluyen en el inicio son:
Desarrollo del grupo focal
En la etapa de desarrollo, el moderador formula preguntas sobre el tema que se trata. Las preguntas que se presentan deben ser tomadas como orientaciones generales; por tanto, el moderador debe adaptarlas a las características culturales, sociales y educativas de las personas y al contexto particular al que pertenecen.
De otro lado, también es necesario que el moderador considere con anticipación el tiempo del que dispone para el desarrollo del grupo focal y lo distribuya de manera equitativa para las diferentes preguntas que haya seleccionado. Esto garantiza la discusión completa y permite un margen de tiempo libre para preguntas adicionales que puedan requerirse, así como para el cierre.
Durante el desarrollo del grupo focal, el moderador debe estimular la participación de todos los asistentes a través de sus respuestas, opiniones y argumentos sobre el tema que se discute. Serán de gran importancia las interpelaciones y contra-argumentaciones que hagan los participantes entre ellos, lo cual dará cuenta de diversas posturas o percepciones ante una temática.
A partir de la discusión que se genere, el moderador se verá ante la necesidad de plantear preguntas adicionales, las cuales siempre deben formularse tomando en consideración el objetivo del grupo focal y la finalidad de profundizar o precisar las respuestas de los participantes.
Durante el desarrollo del grupo focal se recomienda:
El relator deberá tomar atenta nota de lo que suceda desde el inicio de la actividad.
Cierre del grupo focal
Se trata de una etapa de gran valor que siempre debe incluirse. Se recomienda reservar 15 minutos, aproximadamente, para realizarla.
Durante esta etapa se busca:
Preguntar a los asistentes acerca de si creen que algún aspecto que ellos consideran importante (relacionado con el tema central tratado) no ha sido discutido y en caso de que así sea, solicitar información al respecto.
La entrevista
La entrevista sirve para recoger el contexto de las personas desde sus propias visiones, y puntos de vista. Puede definirse como: “una conversación o un intercambio verbal cara a cara, que tiene como propósito conocer en detalle lo que piensa o siente una persona con respecto a un tema o situación particular” Macolly y Macolly, 1995 citados en (Carvajal, 2010)). Las entrevistas tienen como propósito en el proceso de investigación ofrecer datos relevantes que ayuden al investigador a comprender más adecuadamente la realidad u objeto de estudio.
Hay ámbitos de la vida social para los cuales la entrevista es una herramienta privilegiada (Restrepo, 2007). Entre estos ámbitos de la vida social se pueden resaltar:
Límites de la entrevista:
Es importante diferenciar entre los cuestionarios, las encuestas y los censos de un lado, y la entrevista del otro. “No se puede confundir una entrevista con un cuestionario una encuesta o un censo. Los cuestionarios, encuestas y censos constituyen otras técnicas de investigación que suponen preguntas cerradas, es decir, preguntas que sugieren respuestas del tipo sí/no, de escogencia múltiple o de definiciones muy puntuales”.
(Carvajal, 2010) Distingue 3 diferentes modalidades de entrevistas cualitativas entre las que encontramos:
| Entrevista informal conversacional | En torno a un asunto que se explora ampliamente, Sin guía que delimite el proceso. No se espera obtener información sistematice. Son pertinentes al inicio de la investigación. |
| Entrevista estructurada con guía | El investigador ha definido previamente un conjunto de tópicos que deben abordarse Debe tratar los mismos temas con todas las personas. Posibilita un proceso de recolección de la información más sistemático. |
| Entrevista estandarizada o estructurada | Organiza y formaliza aún más el proceso de recolección. El investigador establece no sólo los tópicos, sino el orden y la forma como deben plantearse las preguntas. |
En la investigación cualitativa es recomendable utilizar el tipo de entrevista semi-estructurada pues permite más apertura y profundidad con el entrevistado. Sin embargo, en este caso, se escoge el tipo de entrevista y los entrevistados dependiendo de la pregunta de investigación que se tenga.
Condiciones para el desarrollo de la entrevista:
Recuerde que existen algunas condiciones que deben darse para que la entrevista tenga éxito:
Una vez hemos seleccionado los entrevistados y el tipo de entrevista que más se ajusta a nuestros focos de interés procedemos al diseño de la entrevista y a la planeación de ésta. Cabe resaltar que “una entrevista bien diseñada puede ser una fuente de investigación valiosa (…) pero si no lo está no es más que una pérdida de tiempo para el investigador, y por supuesto, para el mismo entrevistado” (Restrepo, 2007).
El diseño de la entrevista:
“El diseño es la fase donde se definen los contenidos, el momento, los entrevistados y las modalidades de registro de las entrevistas” (Restrepo, 2007).
Para diseñar una entrevista se sugiere pensar primero los siguientes aspectos[4]:
La selección de los entrevistados:
Cómo y cuándo:
Los medios de registro:
La ejecución:
Análisis
El análisis de la entrevista tiene dos momentos: 1) sobre el terreno, en el momento en que se está ejecutando la entrevista. 2) Cuando el investigador analiza el conjunto de los datos para escribir su informe de resultados (un artículo, trabajo, un libro, etc.). En el primero de los casos, conviene que mientras se realizan la entrevista, se haga anotaciones sobre análisis que pueden estar ocurriendo en el momento. En el segundo momento se recomienda volver a escuchar la entrevista, hacer transcripciones de los momentos más importantes de la misma y proceder a la realización del análisis.
Existen otras técnicas cualitativas que son usadas en la etnografía, pero hemos desarrollado las más utilizadas en el marco del ejercicio etnográfico tradicional.
A continuación, contaremos un caso aplicado en el que es posible identificar la forma en la que se desarrolló la indagación etnográfica y los resultados obtenidos.
El siguiente caso, es un ejercicio realizado en OINACOL.N.W, específicamente en la sede central ubicada en la ciudad de Medellín (Colombia). A modo de ejemplo se contará la intencionalidad del ejercicio, el método utilizado y los resultados obtenidos, con el objetivo de clarificar mucho más todo lo expuesto en este texto.
Intencionalidad del ejercicio
La necesidad del ejercicio surge en el seno de una iniciativa que en la actualidad se tiene, cuyo objetivo es poder crear un espacio de encuentro y reflexión de lo femenino entre mujeres tanto del primer y segundo circulo, como mujeres cercanas del tercer circulo. Dicho grupo, busca generar conciencia sobre el rol de lo femenino y visibilizar de esta manera nuestro papel activo en la escuela y en la sociedad.
Sin embargo, en la construcción de la propuesta, surge la necesidad latente de comprender cuales son los principales arquetipos en los que se mueve lo femenino en nuestra sociedad local, pues sino se develan y comprenden estos modelos, es difícil poder generar procesos conscientes de transformación e impacto social.
Es por lo que se hace uso de algunas técnicas propias del método etnográfico para levantar información relevante que nos permita comprender cuales son esa seria de patrones (explícitos e implícitos) que ordenan, y guían las creencias y los comportamientos de lo femenino en nuestra ciudad.
Desarrollo del ejercicio
A continuación, se explicará el desarrollo del ejercicio a partir de los pasos metodológicos anteriormente vistos.
1. Identificación del fenómeno estudiado
En primera instancia se delimitó el sentido del ejercicio, a través de la definición de un objetivo o un foco a indagar. En nuestro caso se definió como objetivo principal: “Develar los principales arquetipos (modelos) de lo femenino que están instaurados como creencias en la cultura antioqueña”. Lo que se buscaba en última instancia era comprender cuales son algunos de los modelos profundos que son el marco de referencia de las mujeres de la sociedad antioqueña, y que inhiben la vivencia de lo femenino.
2. Identificación de los informantes y participantes
En un segundo momento se define un grupo de personas con quienes nos interesaría indagar o preguntar sobre este tema. Se pasa entonces a realizar un listado de características de mujeres que necesitamos encontrar, buscando que puedan participar personas con diversas particularidades. Se define un listado de personas de la siguiente manera:
Estos serán nuestro público de interés
3. Selección del diseño de investigación
Se pasa a definir las técnicas que se pueden utilizar para recolectar la información necesaria. Dada la temática que se quiere abordar se define utilizar 3 técnicas:
Igualmente se construye un cuestionario con varias preguntas que servirán de guía para indagar sobre el tema a tratar. Para la construcción de estas preguntas en primera instancia se buscó anotar todas las que sobre el tema se nos iban ocurriendo, y luego dichas preguntas se organizaron por temas o categorías, se revisó la redacción y pertinencia de la pregunta. Al finalizar se encontraron 17 preguntas agrupadas en 4 grandes temas:
Concepto de la mujer
Roles de la mujer
Relación con lo masculino
Modelos femeninos
4. Recolección de la información
Se comienza a realizar el ejercicio de recolección de información. En total se logró hablar con todas las personas claves que teníamos inicialmente contempladas. A continuación, se describe en un cuadro la cantidad de personas con las que se realizó el ejercicio.
| Mujeres que respondieron por encuesta | 23 |
| Mujeres abordadas por entrevistas semiestructurada | 18 |
| Medios de comunicación analizados | 3 |
Es importante resaltar que no se realizó un muestro probabilístico, pues la investigación cualitativa basa su confiabilidad y validez, entre otras variables, en la posibilidad de abordar a todos los actores claves en el mismo ejercicio, así como tener acceso a personajes claves.
5. Triangulación de la información
A partir de la información recolectada tanto en las entrevistas y encuestas, como en el análisis de los medios de comunicación y en la lectura de fuentes secundarias (libros y artículos sobre el tema), se comienza a hacer un ejercicio de contrastar los datos y encontrar similitudes, patrones, elementos en común en todos ellos. La base de la validez de la información en este caso se refirió al consenso intersubjetivo, es decir, cuando un patrón observable en una respuesta se repetía en diversas personas, era considerado importante de resaltar.
El objetivo en esta parte del proceso fue el poder organizar la información por categorías o temas relevantes. Esto permitió dividir toda la cantidad de información encontrada en las siguientes categorías.
Segmentación: al contrastar las edades e intereses de cada mujer, fue posible agruparlas a partir de ciertas características e identificar algunas tendencias en ellas, lo que nos llevó a realizar una segmentación.
Creencias: fue posible identificar ideas compartidas por un grupo de personas, que son tomadas como verdades socialmente aceptadas y que moldean ciertos comportamientos, algunas creencias son compartidas por los diferentes segmentos de mujeres. Otros son propios de cada segmento.
6-7. Interpretación de la información y Elaboración de conclusiones
De manera paralela a la triangulación de la información se comienza la lectura de textos y artículos que permiten profundizar los temas que aparecen en las categorías anteriormente descritas, además de proporcionar un mayor marco de referencia para comprenden las respuestas que varias mujeres daban.
En esta parte del proceso se empiezan a hacer grandes conclusiones de los datos observados.
8. Organización del informe
Para la realización del informe, se siguió el siguiente proceso. Una vez se encuentran las creencias más marcadas, se les otorga un título que las sintetice, y se pasa a hacer una descripción de ellas a partir de las respuestas encontradas en las encuestas y de los textos leídos. Se busca reunir en una misma creencia todos los datos que de ella encontramos, con el fin de poder explicar y describir los matices que dicha creencia adquiere, y de esta manera ejemplificarla para su comprensión. De igual manera se hace con la segmentación de las personas entrevistadas. Esta segmentación busca encontrar patrones bajos los cueles se consolida un “modelo” común, darles un título que los sintetice y describirlo ejemplificándolos.
Una vez se realizaba el ejercicio sucedieron tres cosas:
A continuación, se presentará una síntesis del informe con los principales hallazgos con el objetivo de ilustrar el tipo de información encontrada.
Síntesis del informe
Creencias e imaginarios
Durante el ejercicio, se rastrearon una serie de creencias compartidas de forma inconsciente por las mujeres entrevistadas, que incidían en la forma de ver el mundo, lo femenino, y por lo tanto en los roles en sociedad. Cabe resaltar que estas creencias no las encontramos en todas las mujeres de manera homogénea, sino que algunas de ellas están más presenten en unas que en otras. Las formas en las que se manifiestan son múltiples y de muchos matices.
Presentamos de manera breve algunos de ellos:
“La mujer es ante todo madre”: Esta creencia parte de la valoración profunda que desde principios del siglo XX se tenían al papel de la mujer como madre en la sociedad. La mujer es principalmente madre, y por lo tanto su rol estaba circunscrito al hogar, las labores domésticas, y la crianza de sus hijos. En la actualidad esta creencia continúa expresándose como una alta valoración a la maternidad en la mujer. Socialmente es “bien visto” que una mujer tenga hijos, y que pase por esta experiencia. Son pocas y no tan bien vistas las mujeres que deciden renunciar a su maternidad, aunque este grupo poblacional va en aumento. Igualmente se evidencia que la madre, es una de las figuras o modelos que más se admiran en la sociedad, lo que da cuenta de la necesidad de visibilizar otros modelos de mujeres existentes. Este aspecto cobra relevancia para la intencionalidad del ejercicio pues marca una necesidad educativa fuerte que como escuela de filosofía se pueden empezar a llenar: la ausencia simbólica de otros modelos femeninos.
“La mujer es de la casa” Esta creencia también tiene su nacimiento en la configuración social de principios de siglo XX. Para esta época el espacio de la mujer era el hogar, la iglesia el costurero, en síntesis, el “adentro” y quien quebrantaba ese espacio era mal vista, poniendo en entre dicho su pureza. En contraposición el espacio masculino estaba constituido por el afuera. El hogar era el espacio de lo femenino y la mujer debía vivir en él con los atributos de la castidad, la pureza y la modestia. Hoy en día se continúa evidenciando como la familia juega un papel importante en la vida de una mujer, al ocupar un lugar muy alto en sus prioridades. El matrimonio y la construcción del hogar aún son sus grandes proyectos, que se combinan con otras actividades.
“La otra es mi rival” Parte de la creencia de que la mujer es ante todo madre, el rol de la esposa, la compañera y la amante se comienzan a desdibujar desde principios de siglo XX. Los hombres se relacionan con su esposa-madre, y por lo tanto la vivencia del placer sexual no está permitida. Aparece entonces la figura de “la otra” la mujer que empieza a suplir el modelo de compañera y amante, de manera paralela al matrimonio. Esta vivencia genera una fuerte creencia en que existe una “otra” mujer que es mi rival. En la actualidad esta creencia continúa viva de forma muy inconsciente pero que se expresa en las relaciones entre mujeres en todos los campos de la vida. La competitividad femenina sobre todo en campos laborales es latente. Aquí se encontró otro elemento a trabajar como escuela de manera profunda para poder construir una vivencia de lo femenino distinto.
“La soledad es sinónimo de soltería” Esta creencia se evidencia en las respuestas que la mayoría de mujeres suministraron. Es socialmente incomprendido o poco aceptado que la mujer no tenga una pareja en su vida. Por lo tanto, existe un gran miedo a la soledad en lo femenino que conlleva en ocasiones a una alta dependencia emocional de lo masculino. Nuevamente cobra importancia el modelo simbólico de la mujer madre, mujer hogar.
“La mujer es símbolo del amor” Las concepciones más arraigadas con relación a la mujer tiene que ver con ser la embajadora del amor. Sin embargo, el amor es visto socialmente como la entrega desmedida y la enorme capacidad de perdón. Lo que ha llevado a la mala vivencia de una tolerancia excesiva y a veces enfermiza, que se expresa en una alcahuetería o abuso de la condición de amor, para perdonar todo. A la mujer le cuesta entonces en ocasiones poner límites en las relaciones sociales puesto que es bien visto ser embajadora del amor.
“La mujer es sinónimo de pureza” La pureza es entendida como un estado de “inocencia” que es traducido a una profunda inconsciencia. Es bien visto que la mujer sepa poco de algunas cosas, pues significa que siempre va a necesitar un “otro” para su vivencia en el mundo. La mujer con carácter fuerte, que pone límites, que se sale de los cánones establecidos, es vista de alguna manera como “impura”, rebelde, rara. Se logra identificar como lo masculino tiene una suerte de prelación por esta idea de lo femenino “débil” y maleable. Estas creencias es clave, pues nos remite a una urgencia de poder clarificar como entendemos la pureza y la inocencia en el marco de nuestro ideal filosófico como Damas, pues es evidente que se comprenden dos casas muy distintas de una misma palabra, y remiten a dos significados culturales muy disimiles entre sí.
“La mujer es en función del otro, nunca en sí misma” Tradicionalmente la mujer era hija, madre, esposa, o hasta inclusive “la otra” amante; es decir es concebida en función del otro: un hijo, un esposo, una madre o padre, un hombre. Existe entonces una marcada tendencia en las mujeres a tener una fuerte dependencia emocional de otras personas, y una escasa posibilidad de tener espacios para sí misma. Esta creencia se manifiesta de múltiples maneras:
Segmentación
En las mujeres entrevistadas, es posible identificar ciertas características que comparten algunos grupos de mujeres, y que nos permitirán agruparlas según un modelo. A continuación, presentaremos una primera segmentación general, a partir de los rasgos más identitarios. Es posible realizar otras segmentaciones en las que dé cuenta de la diversidad de femeninos que coexiste en nuestra sociedad, sin embargo, estos 4 modelos presentados son un acercamiento a lo que podría ser un ejercicio más profundo. Lejos de encasillar a la población de mujeres de nuestra ciudad, lo que busca es poder develar patrones comunes, que nos permitan una comprensión de las necesidades más imperantes de las mujeres que conforman nuestra sociedad y que llegan a nuestras escuelas en búsqueda de otras miradas.
La poderosa: Es posible identificar un grupo de mujeres todas ellas presentes en los ambientes laborales, caracterizadas por su enorme capacidad de trabajo. Todo lo pueden, en función de la tarea. Es posible verlas en altos cargos directivos, en los que su compromiso es del 110%. Estas mujeres por lo general viven el poder desde las características de lo masculino: la fuerza, la imposición, la conquista, el reconocimiento, el control, entre otros.
La transgresora: Se identifica un grupo de mujeres que están dispuestas a transgredir los valores tradicionales de la sociedad. No siempre está en cabeza de adolescentes ni mujeres jóvenes, sino que parten de muchas mujeres que se caracterizan por ser reactivas a los cánones tradicionalmente establecidos por la sociedad como mujeres.
La madre: Esta es una imagen profundamente arraigada y posible de encontrar en muchos ambientes no únicamente en el hogar. La mujer madre tiene como objetivo su hogar, sus hijos. Socialmente es evidente una alta valoración a la madre, como un modelo sagrado que se tiene que valorar. Para esta segmentación es necesario que la mujer, aun siendo soltera, deba pasar por la experiencia de la maternidad, pues esto le generará identidad, además de ser considerada la experiencia invaluable en la vida.
La Seductora: Como producto de la época del narcotráfico en Medellín y en general en toda Colombia, aparece un concepto de mujer asociada a cierto estereotipo de belleza física. Aparece un canon estético de mujeres voluptuosas, que hace uso desmedido de cirugías estéticas, para poder agradar, conquistar, y seducir a lo masculino a partir de su encanto físico. Este modelo toma una gran fuerza en la época de los 80 y se mantiene vigente hasta nuestros días en varias esferas sociales. El nacimiento de este modelo se explica, entre otras cosas, a que, en la referida época de narcotráfico, una de las formas de ascenso social de lo femenino era el convertirse en las mujeres de los narcotraficantes, pues eso aseguraba otro estatus social. La mujer se convertía en esas acompañantes, que tenían acceso a hombres poderosos, y ellos exhibían como “artículos de lujo” que consolidaban su imagen de hombres machos, fuertes y masculinos. La mujer a cambio de esto podía acceder a lujos y dinero que en otras épocas fue negado.
Encontramos que existe igualmente en algunas mujeres, un rechazo inconsciente a ciertos modelos y creencias que son vividos entonces desde la sombra de los mismos, generando una vivencia desde el otro lado, extrema e irreconciliable con el modelo social. Ambas posturas requieren un acercamiento a arquetipos de lo femeninos más profundos, que les permitan entender elementos propios de la naturaleza femenina.
Arquetipo simbólico dominante
Durante todo el ejercicio se percibió de manera clara como a nivel simbólico sigue presente de manera marcada el arquetipo de la Virgen María. Es evidente el respeto y adoración que se profesa por la virgen María como símbolo que inspira, a varias generaciones y en diferentes campos, los valores morales de lo femenino. Cotidianamente es posible encontrar en la iconografía de la virgen en hogares, establecimientos públicos, centros de formación, medios de transporte masivos, etc.
La virgen María, sigue siendo símbolo de maternidad, de generosidad, de perdón perpetuo, de cobijo y de profundo amor. La mujer antioqueña, en su deber ser, profesará sus valores simbólicos, y ésta se convertirá en su marco de referencia a seguir, desde diversos planos de la existencia. Igualmente, la sombra de este arquetipo, generará un tipo de comportamiento propio de ciertas mujeres.
Es por esto que urge un trabajo educativo que visibilice otros modelos de lo femenino y que permita derrumbar ciertas creencias ya instauradas.
El dios Hermes es el mensajero de los dioses, el viajero que cruza fronteras. En varios mitos nos relata cómo juega un rol fundamental al interceder entre un dios y otro, o como es el único que puede entrar y salir de algún plano particular como por ejemplo el Hades; por poner alguna muestra podríamos citar el mito de Deméter y Perséfone siendo Hermes el único que puede entrar al Hades para traer de vuelta a Perséfone, o recordar su rol de intermediario en la Odisea cuando rescata a Odiseo de la Isla de Calipso, o su papel de intermediario entre Psique y Afrodita en el mito de Eros y Psique.
Hermes hace conexiones, es el viajero que lleva significado, de un lado a otro, el que puede ingresar a lugares que nadie más lo ha hecho o que no tienen la posibilidad de hacerlo. Quizás, su facultad de poder trasegar con naturalidad por todos los mundos, sea posible, gracias a que conoce las claves necesarias para pasar de un mundo a otro, para cruzar de una frontera a otra sin perderse. La lógica nos dice que es imposible entrar en profundidad en un mundo, o hacer conexiones de un lugar hacia el otro, si no se tiene la capacidad de comprender cuáles son las reglas y motores ocultos que animan dicho mundo.
Cobra relevancia entonces, que uno de los principales objetivos del método de investigación de la antropología cultural, sea el poder comprender la lógica del “otro”, develar sus sistemas de creencias, valores, normas, representaciones, lenguaje, símbolos, etc, en otras palabras, el poder hacer un esfuerzo por pasar de “mi lógica” a la “lógica del otro” para poder comprenderlo y saber aquello que realmente le significa y lo mueve. Esta tarea implica entrar en territorio ajeno, en otro mundo, para encontrar conexiones y comprender significados.
Si partimos desde este punto de reflexión, cobra gran importancia para el I.H. el poder conocer los métodos y formas que nos permiten “entrar a otros mundos”, pues en el panorama actual nuestro Ideal filosófico debe tener la plasticidad necesaria para poder hablar en las formas y los idiomas que las nuevas generaciones necesitan, sin perder la esencia y la raíz que salvaguardamos, y esto se logra de manera más fácil, si cada vez hacemos lecturas más rápidas y profundas de cuáles son los patrones latentes en ciertas corrientes culturales que movilizan nuestros entornos y nuestro mundo, y construimos la forma más adecuada para entregar nuestro Ideal a dichos contextos.
[1] Cabe aclarar que entre la Antropología «Social» y la Antropología «Cultural» no hay distinción alguna precisa y definida, pues simplemente se refiere a un énfasis en los enfoques teóricos. La orientación de la «Antropología Cultural» cobra gran importancia en los EE.UU, escuela que hace hincapié en la coherencia de las culturas, incluidas las normas de conducta, lenguaje, creaciones materiales e ideas sobre el mundo – y la necesidad de entender cada una de las culturas en sus propios términos; está asociada a trabajo de pioneros tales como Franz Boas y Ruth Benedict. Por su parte la «Antropología Social» se desarrolla en Gran Bretaña, y fue influenciada por tradiciones intelectuales procedentes principalmente de Francia, que tenían como tendencia enfocarse en las instituciones sociales y sus interrelaciones. Algunas escuelas han adoptado por referirse a la Antropología Sociocultural, aclarando con esto que su objeto de estudio es el ser humano en tanto miembro de un grupo social y como integrante de una cultura. (Gómez, 2010, 2)
[2] Este apartado, tomado en sus ideas fundamentales del trabajo realizado por Maria Dolores Figares en el módulo de “Antropología Aplicada” de la carrera de Antropología del Instituto.
[3] A partir de las ideas de varios autores (De Tezanos, 1981, Wiersma, 1986, Titone, 1986, Goetz y LeCompte, 1988, Domínguez, 1989, Buendía Eisman 1988),