Determinismo genético

[:fr]Manuel Ruiz Torres

Algunos conceptos básicos
Uno de los pilares del paradigma biológico es la existencia del código genético, que permite la transcripción de la composición y estructura molecular de las proteínas, que confieren la forma de las células, tejidos y organismos vivos, y hacen posible las miles de reacciones bioquímicas necesarias para la vida. El código genético se sustenta en los genes, que son fragmentos del ácido desoxirribonucléico

MANU 1
Figura 1. Esquema de la estructura básica del ADN en los cromosomas

ADN (o DNA, como comúnmente se conoce por sus siglas en inglés), y que se transmiten de una división celular a otra y de un individuo a la siguiente generación, de tal manera que se garantiza que el código necesario para fabricar las proteínas no se pierde.
El sistema codificado utilizado mediante el ADN es muy efectivo. De manera sintética, las macromoléculas de ADN contienen una larguísima sucesión de unidades menores, llamadas nucleótidos (Figura 2), de los que hay cuatro (adenosina, A, timina, T, citosina, C, y guanina, G). La secuencia de tres nucleótidos, denominada codón o triplete, codifica la elección de un aminoácido.

MANU
Figura 2. Nucleótidos que forman parte de los ácidos nucléicos

Los aminoácidos son pequeñas moléculas con las que se construyen las gigantescas proteínas. Son 22 los aminoácidos necesarios para fabricar las proteínas.
El proceso, de forma muy resumida, es como sigue. De la cadena de ADN, constituida por miles y miles de nucleótidos, se hace una copia inversa (como un molde) que es el ácido ribonucléico mensajero, o ARNm (RNAm). Sobre la molécula del ARNm se van posicionando otros ARN de transferencia (ARNt), pero en un orden especial. Cada ARNt tiene dos partes que nos interesan, una con la que se une al ARNm y que es específica de cada triplete, y otra opuesta que va unida a un aminoácido, que es siempre el mismo, de tal manera que una secuencia concreta de tres nucleótidos se corresponde con un aminoácido (Figura 3). Por ejemplo, al triplete CAA (nucleótido de citosina, seguido por dos de adenosina) se le un ARNt específico, en cuyo extremo lleva el aminoácido glutamina. Si después de CAA se encuentra CGC, a este se unirá un ARNt que lleva en su extremo el aminoácido alanina, y que se posiciona junto a la glutamina, con la que establece enlaces, y así sucesivamente. De esta manera, una secuencia con 1000 tripletes, da lugar a la construcción de una cadena proteica de 1000 aminoácidos.

PROTEINA
Figura 3. Esquema que muestra la fabricación de las proteínas

En definitiva, en el genoma, conjunto de moléculas de ADN de las células, se encuentran contenidas las claves de fabricación de todas las proteínas existentes en las células, codificadas mediante el código genético, conjunto de reglas que permite asignar a una secuencia de nucleóticos del ADN, una secuencia de aminoácidos de una proteína concreta. Puesto que las proteínas son fundamentales para la vida (tanto en la construcción de estructuras como en la catálisis de reacciones bioquímicas), pronto se llegó a la idea de que los genes, a través del código genético, controlaban y regulaban las funciones biológicas y el propio desarrollo del organismo.

¿Cuestión de genes o de cultura?
En 1976 Richard Dawkins publica El gen egoísta, en el que desarrolla la idea de que la evolución es totalmente ciega, y se apoya en los genes. Todas las circunstancias de la vida servirían para preservar y transmitir el genoma. Dawkins no es genetista, sino zoólogo, pero muy defensor del neo-darwinismo, y su libro no deja indiferente a nadie, alabado por quienes ven en la selección natural el único motor de la evolución y el pilar de la existencia, y criticado por aquellos que no aceptan que la genética se encuentre detrás de todas las acciones del ser humano.
A partir de la obra de Dawkins se acentúa la idea de que los genes son los causantes de todo lo que acontece en el individuo, incluyendo al ser humano. Se busca una respuesta genética para todo: rasgos del carácter, enfermedades, aspectos de la forma, comportamiento social, incluso elementos de la cultura. Ha sido (y es) muy habitual el desarrollo de programas de investigación en los que la búsqueda de la explicación genética sea lo relevante.

Sin embargo, tradicionalmente ha habido un fuerte rechazo desde las ciencias del hombre (antropología, sociología, psicología, principalmente) a considerar que los aspectos del ser humano, más genuinamente humanos, como su comportamiento, o el desarrollo de una sociedad o el de una cultura, sean fruto de la acción de los genes. Incluso, desde el ámbito de la política, los pensadores ligados a la izquierda se han mostrado muy reacios a admitir estas supuestas implicaciones de la genética en lo más sutil del ser humano.
En este ámbito, frente al determinismo genético, el pensamiento mayoritario (fuera de buena parte de la investigación biológica) en el siglo XX ha sido que el principal elemento responsable de los rasgos netamente humanos (cultura y sociedad) se encuentra en el ambiente, y no en los genes. El ser humano nacería como una página en blanco, y en el transcurso de la vida, especialmente los primeros años, iría adquiriendo la personalidad propia modulada por el propio entorno.
La idea de que hay pocos elementos innatos de la personalidad, y que esta se encuentra modelada desde el propio ambiente social y familiar, se formuló por el filósofo John Locke en el siglo XVII; posteriormente los ideales educativos de la Ilustración la acogieron e impulsaron. Más tarde, el marxismo también se apoya en esta idea de la sociedad como factor determinante del desarrollo humano. Sigmund Freud sigue aportando importantes argumentos en este sentido, cuando afirma que las experiencias infantiles condicionan al individuo el resto de su vida. En el ámbito de la
antropología, Franz Boas impulsa el culturalismo, como escuela que preconiza que las tradiciones y la cultura pueden condicionar el comportamiento humano en multitud de direcciones. Y B.F. Skinner desarrolla el conductismo, y afirma que el ser humano puede ser condicionado por cualquier estímulo externo, con el entrenamiento adecuado (a semejanza de los perros de Pavlov).
De esta manera, conforme la biología afirmaba ir reuniendo pruebas de un cierto determinismo genético, las ciencias del hombre y algunos relevantes biólogos, se van afanando, a lo largo del siglo XX en desvincular el desarrollo de la cultura y del comportamiento del ser humano, del poder de los genes. Así, por ejemplo, Leda Cosmides y John Toody dan forma a lo que se denominó como el modelo estándar de las ciencias sociales del comportamiento humano, en el que afirman que la naturaleza humana puede adoptar cualquier tipo de configuración en función de los condicionamientos culturales apropiados. Otro ejemplo en la línea de negar el determinismo genético, fue la edición del libro No está en los genes: racismo, genética e ideología en 1984, de los biólogos Lewontin, Rose y Kamin, en el que acusan a otros colegas, Wilson y Dawkins, de promover un determinismo tosco que legitima la situación social de desigualdad.
En el otro extremo, el biólogo E.O. Wilson desarrolla en la década de los setenta el concepto de sociobiología, sobre los descubrimientos en el comportamiento de muchas especies. Llega a sugerir que la naturaleza humana (entendida como comportamiento) al igual que la de otros animales, tenía un fundamento biológico que podía estudiarse. Pero mucho antes, una forma de determinismo genético, la eugenesia (“buena crianza”), comenzó a desarrollarse a finales del siglo XIX, apoyándose en el darwinismo. La idea era promover la mejora de la estirpe humana favoreciendo determinadas uniones, que supuestamente darían lugar a individuos con mejores actitudes . Pero pronto, la eugenesia derivó a programas oficiales para impedir el casamiento o reproducción de individuos “débiles mentales o lelos”, que se practicó en varios países occidentales y numerosos estados de Estados Unidos. Hubo que esperar hasta la década de los setenta para que las prácticas eugenéticas se consideraran ilegales. Hasta entonces se esterilizaron a decenas de miles de individuos, y se prohibieron un número mayor de matrimonios.

El proyecto Genoma Humano

CARIOT
Figura 4. Cariotipo o conjunto de cromosomas del ser humano

Con la intención de conocer “el lenguaje con el que Dios creó la vida”, como dijo el presidente Bill Clinton, en 1990 se puso en marcha el Proyecto Genoma Humano internacional, financiado por diversos gobiernos e instituciones benéficas, y dirigido por James Watson (uno de los descubridores de la estructura molecular del ADN). El objetivo era la lectura de los 3000 millones de pares de bases que encierran el código genético de la humanidad (Figura 4).

En 1998, cuando se había descifrado el 3% del código, el investigador Craig Venter inicia otro proyecto para leer el genoma, con una metodología más rápida y la financiación de la compañía Celera Genomics. Se inició una carrera cuyas consecuencias podrían ser muy diferentes en función de qué proyecto alcanzara el objetivo, pues si bien el equipo de Watson pretendía que el conocimiento de la lectura del genoma estuviera al alcance de todos, Celera Genomics buscaba el negocio y la patente. Casualmente, ambos equipos terminaron casi al mismo tiempo en 2000, por lo que se consideró un empate, y el presidente Bill Clinton promovió un acuerdo entre ambas partes, hasta que finalmente, en 2004 todos los resultados, el genoma descifrado al completo, se depositaron en una base de datos de acceso público, denominada GenBank, y se consideró que esta información era patrimonio de la humanidad. Pero después de todo, el genoma desveló no pocas sorpresas, que obligaron a corregir algunos fundamentos de la genética.

GUSANO
Figura 5. El gusano Caenorhabditis elegans tiene un número de genes ligeramente inferior al ser humano. El número de genes no se corresponde con el grado de complejidad de la especie

En primer lugar el número de genes. Dado que se reconocen en el ser humano más de 100.000 proteínas diferentes, y según el axioma hasta ese momento “un gen, una proteína”, se esperaba encontrar al menos 150.000 genes. Algunos hablaban de hasta 300.000 genes. Sin embargo, al final solo se descubrieron 21.500, una cifra inferior a los genes de un ratón y sólo ligeramente superior a los de un pequeño gusano microscópico (Figura 5) cuyo cuerpo no llega al millar de células, por lo que la complejidad del organismo no se corresponde con el número de genes. Si cada gen contiene la posibilidad de cientos o miles de proteínas diferentes, quiere decir que los factores que regulan la decodificación son más complejos de lo que se sospechaba.

Otra sorpresa fue que el “ADN basura”, aquel que no tiene capacidad para codificar proteínas, llega a suponer el 97-98 por ciento del genoma. Recientemente se ha descubierto que esta importante cantidad de material genético, lejos de ser inútil, cumple una importante función en la decodificación de los genes. Además, tenemos el 99 % de genoma en común con el chimpancé y el 97.5% con el ratón, que indica que las grandes diferencias entre especies se sustentan sobre muy pocas diferencias en el genoma, lo que hace que el otro pilar de la diferenciación, el desarrollo ontogenético (el proceso de formación desde la fecundación del óvulo hasta el individuo que nace) y los factores que lo regulan, adquieran una gran relevancia en la evolución.

¿Puede hablarse con rigor de determinismo genético? Según va avanzando la investigación genética, no, no debería admitirse que todas las posibilidades de desarrollo del ser humano están condicionadas o previstas en el genoma. En la actualidad se está empezando a considerar que el ADN es como el almacén donde se guardan los planos de construcción de todas las proteínas de la célula. Los genes no se leen, no se expresan, no se decodifican automáticamente, sino que hay factores internos
y externos a la célula que determinan esa decodificación. Puede ocurrir que un individuo porte un gen cuya expresión daría lugar a una patología, pero que necesite determinadas condiciones ambientales para su expresión, o bien, que determinadas u expresión. Esta circunstancia desmantela por completo el inexorable determinismo genético, porque la expresión de un gen no
depende únicamente de que ese gen exista, sino que además tiene que ponerse en marcha su decodificación en función de otros factores independientes de él mismo.

La cohorte de Dunedin
El discurso basado en “naturaleza o cultura”, en relación a que la causa de las características humanas (especialmente las relativas a la psiquis) sean de índole genética o de índole socio-cultural, que ha dominado en el siglo XX, se vio superado por la investigación que realizaron Avshalom Caspi y Terrie Moffitt con un grupo muy numeroso de personas nacidas en 1972 y 1973 en la población neozelandesa de Dunedin. En 2002 estos investigadores registraron los detalles de las experiencias vitales de la población seleccionada, así como una evaluación de su ADN. Los
resultados fueron sorprendentes.
En su investigación, Caspi y Moffitt estudiaron un gen denominado MAOA, que posee dos variantes. Los niños con una de estas variantes tienen mayor probabilidad de tener un comportamiento antisocial y violento, pero solo si además eran maltratados en su infancia. Es decir, para que hubiese la mayor probabilidad de desarrollar un modelo de comportamiento antisocial debían darse estas dos circunstancias: tener una determinada variante del gen MAOA y sufrir maltrato infantil. La variante genética por sí sola no determinaba nada, sino que necesitaba ser activada por unas circunstancias ambientales concretas.
Encontraron otro ejemplo de esta necesaria confluencia de ambiente y genética, en el gen 5HTT, que produce la molécula transportadora de la serotonina (neurotransmisor del cerebro relacionado con la depresión, entre otras funciones). Este gen tiene dos variantes, y Moffitt y Caspi comprobaron que las personas con una de las variantes, tenían una probabilidad 2.5 veces mayor de sufrir depresión clínica que las personas con la otra variante, pero sólo si además concurren circunstancias concretas (como pérdida de empleo, divorcio, separación de un ser querido). Cuando los entornos son felices, estas personas no muestran ninguna predisposición a padecer depresión clínica.
Moffitt y Caspi observaron también que una variante de un gen llamado COMT puede incrementar el riesgo de la esquizofrenia si los portadores además fuman marihuana en la adolescencia (Figura 6), y que individuos con un perfil genético determinado presentan un promedio de Cociente Intelectual superior a la media si además son alimentados con leche materna durante la lactancia. Sin embargo, las personas que carecen de dicho perfil genético no tienen una repercusión negativa sobre su inteligencia.

Esta exhaustiva investigación en Dunedin llevó a la consideración de que los genes y el ambiente, naturaleza y cultura, trabajan juntos en el desarrollo de la personalidad. La naturaleza actúa a través de la cultura y viceversa.

MARIGUANA
Figura 6. El consumo de marihuana en la adolescencia (estímulo externo) influye en la activación de una variante del gen COMT, que incrementa el riesgo de padecer esquizofrenia, según el estudio en la población de Dunedin

El entorno es decisivo. Epigenética
La decisiva influencia del entorno en la activación o no de los genes ha dado lugar a la descripción de un fenómeno denominado epigenética, que consiste en que el genoma es capaz de “recordar” influencias ambientales a las que ha estado expuesto. Generalmente, estos efectos epigenéticos actúan sobre las células somáticas del cuerpo adulto (estas células son todas las del organismo salvo aquellas que dan lugar a las células reproductoras, óvulos o espermatozoides), desactivando o activando genes. Sin embargo, a veces, estos efectos del entorno también tienen lugar en los óvulos y espermatozoides, de manera que esta modulación de los genes por el entorno es transmitida a la siguiente generación. Las características adquiridas pueden heredarse (lo cual es totalmente contrario a los axiomas de la teoría sintética de la evolución o neodarwinismo).
Los fenómenos epigenéticos son diferentes a las mutaciones. En estas hay un cambio en la secuencia real del ADN, pero en la epigenética lo que se producen es alteraciones en el proceso de decodificación de los genes, de tal manera que se activa o no su expresión.
Un ejemplo clásico de epigenética fue el estudio que hizo Marcus Pembrey en 2002 sobre la disponibilidad de alimentos y la esperanza de vida, utilizando los registros históricos meticulosos de cosechas, nacimientos y muertes de la ciudad sueca de Överkalix. Pembrey observó que cuando los niños se criaban en períodos de abundancia, sus nietos tenían más probabilidad de fallecer en edades tempranas. Este hecho recogía la predisposición a la diabetes y cardiopatías que se producía en épocas de abundancia, y que se transmitía por línea paterna.

Algo parecido ocurrió con la población holandesa que se vio castigada a hambrunas tremendas durante la ocupación nazi. Las mujeres embarazadas durante la hambruna dieron a luz a hijos con un elevado riesgo de sufrir problemas de salud derivados de estas precarias condiciones ambientales. Pero esta predisposición a sufrir estos mismos problemas se ha mantenido incluso entre los nietos de estas mujeres, que no sufrieron ningún problema de carencia alimenticia. En 2008 Moshe Szyf estudió el ADN del cerebro de 13 suicidas de sexo masculino, y observó que las secuencias genéticas no habían variado, pero la programación epigenética (cómo se había activado y desactivado los genes) era distinta de la hallada en el cerebro de hombres que habían fallecido por otras causas. En otras palabras, efectos del entorno habían condicionado su comportamiento. En el caso concreto de los suicidas estudiados, todos habían sufrido abusos en su niñez, lo que desencadenó este cambio epigenético.
Los procesos epigenéticos son claves para el crecimiento y desarrollo normales. A lo largo de la vida del organismo es necesario silenciar unos genes y activar otros. Por ejemplo, los genes que están detrás de las rápidas divisiones celulares del embrión, deben ser silenciados, por procesos epigenéticos, en el organismo adulto. Cuando dejan de estar silenciados, pueden dar lugar a manifestaciones de cáncer. Estos procesos epigenéticos son los que modulan la expresión genética de una célula que se encuentre en el corazón o en el hígado. Y todo esto es la influencia del entorno.
Según este fenómeno, la cultura puede guiar a la naturaleza en la expresión de los genes, en respuesta a los factores ambientales. Se han realizado numerosos experimentos con ratones y otros animales clonados (o sea, con idéntico genoma), en los que se introducen modificaciones en la dieta, con efectos epigenéticos. Otros experimentos han consistido en lograr en ratones que no se expresen genes causantes de tumores, mediante algunos aditivos dietéticos.

Epigenética y determinismo genético
Pero los efectos culturales sobre la expresión génica a través de los fenómenos epigenéticos no solo se han constatado con experimentos animales. En el ser humano hay muchas evidencias que apuntan en este sentido. Por ejemplo, como en el resto de seres vivos, tenemos dos programas fundamentales para la supervivencia: el de protección y el de crecimiento. Estos diferentes tipos de respuesta están adaptados para situaciones diferenciadas de agresión o de estímulo, y engloban multitud de posibilidades y combinaciones diferentes.
En el ser humano, hay dos sistemas de protección: uno es el eje HPA (hipotálamo-glándula pituitaria-adrenal) y el sistema inmunológico. Cuando una señal activa estos sistemas, se moviliza un sistema muy complejo que pone a todo el organismo en situación de protección, con un consumo elevado de recursos y una paralización del crecimiento. En todos los seres vivos, ambas respuestas son antagónicas.
La capacidad de poner en marcha la respuesta de protección no sólo depende de estímulos externos que denoten peligro, sino también el sentimiento del miedo, la ansiedad o el estrés, y en estos casos con unas consecuencias nefastas, porque una situación real de peligro que desencadena la respuesta de protección suele ser puntual. Pero una situación de miedo o estrés puede ser mantenida en el tiempo, con lo que la respuesta de protección se mantiene activada de manera indefinida, ocasionando un gran gasto de recursos, deterioro, falta de crecimiento y una influencia en todas las célulasdel organismo a través del entorno celular. A través de los fenómenos epigenéticos tanto  el programa de protección o el de crecimiento, permanentemente activados, influyen directamente en la decodificación de los genes. Y tal y como se ha comprobado, en determinadas circunstancias esta incidencia sobre la expresión génica puede pasar a la siguiente generación.

EMBAR
Figura 7. Hay estudios que han podido rastrear los efectos de determinadas sustancias tóxicas, no sólo de madre a hijo, sino incluso hasta la siguiente generación de nietos, debido a fenómenos epigenéticos.

Hay numerosos ejemplos sobre cómo la salud del organismo se ve directamente afectada por fenómenos epigenéticos puestos en marcha por una situación continuada de stress, la ansiedad, o miedo. Quizás los más llamativos, son los relacionados con el desarrollo de diversos cánceres, dado que vuelven a activarse genes relacionados con la multiplicación celular, necesarios en la etapa fetal o infantil, pero necesariamente “apagados” en el adulto. Decir que el miedo mata ha dejado de ser una expresión figurada para convertirse en una afirmación muy real. Pero igualmente podríamos decir, en un sentido contrario, que la confianza da salud.
También se ha descrito la importancia que tiene la epigenética, el entorno, en el desarrollo prenatal (Figura 9). Y en este entorno no sólo incide la alimentación de la madre, sino fundamentalmente las mismas situaciones que producen respuestas de protección o de crecimiento. Se ha estudiado cómo en madres y en padres con niveles de miedo, estrés o ansiedad suficientemente elevados como para provocar la respuesta de protección, esta misma respuesta tiene lugar en el feto, con lo cual se frena el crecimiento y desarrollo en una fase tan crucial. Se ha comprobado cómo muchas propensiones a enfermedades en edad adulta tienen su origen en estas situaciones.

Se ha descubierto cómo hay una auténtica adaptación a transmitir las características adquiridas por la madre al bebé por vía no genética, como un mecanismo para que este optimice su desarrollo adaptándolo al ambiente previsto.
Se ha investigado la importancia de la aptitud de los futuros padres en la formación del feto, incluso en los meses previos a la concepción. Hay muchos estudios que encuentran relaciones entre el grado de desarrollo de un niño y el hecho de ser o no deseado. Los acontecimientos de la vida de los padres influyen en la mente y el cuerpo del niño, ya que en las etapas finales de maduración del óvulo y del espermatozoide, se ajusta la actividad de grupos de genes específicos que darán forma al niño. Influye también la afectividad, el contacto, etc. Gran parte del acabado final depende de
factores epigenéticos, y no de la tiranía de los genes.
Dado el nivel de conocimientos actuales sobre genética (que continuamente están ampliándose con nuevos descubrimientos) no es descabellado realizar la siguiente
relación:

• A través de la epigenética, el entorno celular (que es reflejo del entorno ambiental) puede modificar la expresión de los genes, no solamente en las células somáticas (afectando al desarrollo del individuo) sino incluso en las células reproductoras (transmitiendo esta modificación en la expresión genética a la siguiente generación).

• Uno de los aspectos del entorno celular que puede generar estos fenómenos epigenéticos es el estado de ánimo general del individuo.
• El estado de ánimo puede ser manejado a través de la mente mediante numerosas herramientas (técnicas de concentración y meditación, imaginación, etc).
• Entonces, a través de los procesos mentales puede llegar a incidirse en la decodificación genética, e incluso que esta determinación de la expresión génica pudiera transmitirse a la siguiente generación.

Llegados a este punto, hablar de determinismo genético, es decir, que el desarrollo del ser humano está determinado por el genoma, es ir en contra de la evidencia científica. Distinto es que quiera reconocerse.[:es]Manuel Ruiz Torres

Algunos conceptos básicos
Uno de los pilares del paradigma biológico es la existencia del código genético, que permite la transcripción de la composición y estructura molecular de las proteínas, que confieren la forma de las células, tejidos y organismos vivos, y hacen posible las miles de reacciones bioquímicas necesarias para la vida. El código genético se sustenta en los genes, que son fragmentos del ácido desoxirribonucléico

MANU 1
Figura 1. Esquema de la estructura básica del ADN en los cromosomas

ADN (o DNA, como comúnmente se conoce por sus siglas en inglés), y que se transmiten de una división celular a otra y de un individuo a la siguiente generación, de tal manera que se garantiza que el código necesario para fabricar las proteínas no se pierde.
El sistema codificado utilizado mediante el ADN es muy efectivo. De manera sintética, las macromoléculas de ADN contienen una larguísima sucesión de unidades menores, llamadas nucleótidos (Figura 2), de los que hay cuatro (adenosina, A, timina, T, citosina, C, y guanina, G). La secuencia de tres nucleótidos, denominada codón o triplete, codifica la elección de un aminoácido.

MANU
Figura 2. Nucleótidos que forman parte de los ácidos nucléicos

Los aminoácidos son pequeñas moléculas con las que se construyen las gigantescas proteínas. Son 22 los aminoácidos necesarios para fabricar las proteínas.
El proceso, de forma muy resumida, es como sigue. De la cadena de ADN, constituida por miles y miles de nucleótidos, se hace una copia inversa (como un molde) que es el ácido ribonucléico mensajero, o ARNm (RNAm). Sobre la molécula del ARNm se van posicionando otros ARN de transferencia (ARNt), pero en un orden especial. Cada ARNt tiene dos partes que nos interesan, una con la que se une al ARNm y que es específica de cada triplete, y otra opuesta que va unida a un aminoácido, que es siempre el mismo, de tal manera que una secuencia concreta de tres nucleótidos se corresponde con un aminoácido (Figura 3). Por ejemplo, al triplete CAA (nucleótido de citosina, seguido por dos de adenosina) se le un ARNt específico, en cuyo extremo lleva el aminoácido glutamina. Si después de CAA se encuentra CGC, a este se unirá un ARNt que lleva en su extremo el aminoácido alanina, y que se posiciona junto a la glutamina, con la que establece enlaces, y así sucesivamente. De esta manera, una secuencia con 1000 tripletes, da lugar a la construcción de una cadena proteica de 1000 aminoácidos.

 

PROTEINA
Figura 3. Esquema que muestra la fabricación de las proteínas

En definitiva, en el genoma, conjunto de moléculas de ADN de las células, se encuentran contenidas las claves de fabricación de todas las proteínas existentes en las células, codificadas mediante el código genético, conjunto de reglas que permite asignar a una secuencia de nucleóticos del ADN, una secuencia de aminoácidos de una proteína concreta. Puesto que las proteínas son fundamentales para la vida (tanto en la construcción de estructuras como en la catálisis de reacciones bioquímicas), pronto se llegó a la idea de que los genes, a través del código genético, controlaban y regulaban las funciones biológicas y el propio desarrollo del organismo.

¿Cuestión de genes o de cultura?
En 1976 Richard Dawkins publica El gen egoísta, en el que desarrolla la idea de que la evolución es totalmente ciega, y se apoya en los genes. Todas las circunstancias de la vida servirían para preservar y transmitir el genoma. Dawkins no es genetista, sino zoólogo, pero muy defensor del neo-darwinismo, y su libro no deja indiferente a nadie, alabado por quienes ven en la selección natural el único motor de la evolución y el pilar de la existencia, y criticado por aquellos que no aceptan que la genética se encuentre detrás de todas las acciones del ser humano.
A partir de la obra de Dawkins se acentúa la idea de que los genes son los causantes de todo lo que acontece en el individuo, incluyendo al ser humano. Se busca una respuesta genética para todo: rasgos del carácter, enfermedades, aspectos de la forma, comportamiento social, incluso elementos de la cultura. Ha sido (y es) muy habitual el desarrollo de programas de investigación en los que la búsqueda de la explicación genética sea lo relevante.

Sin embargo, tradicionalmente ha habido un fuerte rechazo desde las ciencias del hombre (antropología, sociología, psicología, principalmente) a considerar que los aspectos del ser humano, más genuinamente humanos, como su comportamiento, o el desarrollo de una sociedad o el de una cultura, sean fruto de la acción de los genes. Incluso, desde el ámbito de la política, los pensadores ligados a la izquierda se han mostrado muy reacios a admitir estas supuestas implicaciones de la genética en lo más sutil del ser humano.
En este ámbito, frente al determinismo genético, el pensamiento mayoritario (fuera de buena parte de la investigación biológica) en el siglo XX ha sido que el principal elemento responsable de los rasgos netamente humanos (cultura y sociedad) se encuentra en el ambiente, y no en los genes. El ser humano nacería como una página en blanco, y en el transcurso de la vida, especialmente los primeros años, iría adquiriendo la personalidad propia modulada por el propio entorno.

La idea de que hay pocos elementos innatos de la personalidad, y que esta se encuentra modelada desde el propio ambiente social y familiar, se formuló por el filósofo John Locke en el siglo XVII; posteriormente los ideales educativos de la Ilustración la acogieron e impulsaron. Más tarde, el marxismo también se apoya en esta idea de la sociedad como factor determinante del desarrollo humano. Sigmund Freud sigue aportando importantes argumentos en este sentido, cuando afirma que las experiencias infantiles condicionan al individuo el resto de su vida. En el ámbito de la
antropología, Franz Boas impulsa el culturalismo, como escuela que preconiza que las tradiciones y la cultura pueden condicionar el comportamiento humano en multitud de direcciones. Y B.F. Skinner desarrolla el conductismo, y afirma que el ser humano puede ser condicionado por cualquier estímulo externo, con el entrenamiento adecuado (a semejanza de los perros de Pavlov).
De esta manera, conforme la biología afirmaba ir reuniendo pruebas de un cierto determinismo genético, las ciencias del hombre y algunos relevantes biólogos, se van afanando, a lo largo del siglo XX en desvincular el desarrollo de la cultura y del comportamiento del ser humano, del poder de los genes. Así, por ejemplo, Leda Cosmides y John Toody dan forma a lo que se denominó como el modelo estándar de las ciencias sociales del comportamiento humano, en el que afirman que la naturaleza humana puede adoptar cualquier tipo de configuración en función de los condicionamientos culturales apropiados. Otro ejemplo en la línea de negar el determinismo genético, fue la edición del libro No está en los genes: racismo, genética e ideología en 1984, de los biólogos Lewontin, Rose y Kamin, en el que acusan a otros colegas, Wilson y Dawkins, de promover un determinismo tosco que legitima la situación social de desigualdad.

En el otro extremo, el biólogo E.O. Wilson desarrolla en la década de los setenta el concepto de sociobiología, sobre los descubrimientos en el comportamiento de muchas especies. Llega a sugerir que la naturaleza humana (entendida como comportamiento) al igual que la de otros animales, tenía un fundamento biológico que podía estudiarse. Pero mucho antes, una forma de determinismo genético, la eugenesia (“buena crianza”), comenzó a desarrollarse a finales del siglo XIX, apoyándose en el darwinismo. La idea era promover la mejora de la estirpe humana favoreciendo determinadas uniones, que supuestamente darían lugar a individuos con mejores actitudes . Pero pronto, la eugenesia derivó a programas oficiales para impedir el casamiento o reproducción de individuos “débiles mentales o lelos”, que se practicó en varios países occidentales y numerosos estados de Estados Unidos. Hubo que esperar hasta la década de los setenta para que las prácticas eugenéticas se consideraran ilegales. Hasta entonces se esterilizaron a decenas de miles de individuos, y se prohibieron un número mayor de matrimonios.

El proyecto Genoma Humano

CARIOT
Figura 4. Cariotipo o conjunto de cromosomas del ser humano

Con la intención de conocer “el lenguaje con el que Dios creó la vida”, como dijo el presidente Bill Clinton, en 1990 se puso en marcha el Proyecto Genoma Humano internacional, financiado por diversos gobiernos e instituciones benéficas, y dirigido por James Watson (uno de los descubridores de la estructura molecular del ADN). El objetivo era la lectura de los 3000 millones de pares de bases que encierran el código genético de la humanidad (Figura 4).

En 1998, cuando se había descifrado el 3% del código, el investigador Craig Venter inicia otro proyecto para leer el genoma, con una metodología más rápida y la financiación de la compañía Celera Genomics. Se inició una carrera cuyas consecuencias podrían ser muy diferentes en función de qué proyecto alcanzara el objetivo, pues si bien el equipo de Watson pretendía que el conocimiento de la lectura del genoma estuviera al alcance de todos, Celera Genomics buscaba el negocio y la patente. Casualmente, ambos equipos terminaron casi al mismo tiempo en 2000, por lo que se consideró un empate, y el presidente Bill Clinton promovió un acuerdo entre ambas partes, hasta que finalmente, en 2004 todos los resultados, el genoma descifrado al completo, se depositaron en una base de datos de acceso público, denominada GenBank, y se consideró que esta información era patrimonio de la humanidad. Pero después de todo, el genoma desveló no pocas sorpresas, que obligaron a corregir algunos fundamentos de la genética.

GUSANO
Figura 5. El gusano Caenorhabditis elegans tiene un número de genes ligeramente inferior al ser humano. El número de genes no se corresponde con el grado de complejidad de la especie

En primer lugar el número de genes. Dado que se reconocen en el ser humano más de 100.000 proteínas diferentes, y según el axioma hasta ese momento “un gen, una proteína”, se esperaba encontrar al menos 150.000 genes. Algunos hablaban de hasta 300.000 genes. Sin embargo, al final solo se descubrieron 21.500, una cifra inferior a los genes de un ratón y sólo ligeramente superior a los de un pequeño gusano microscópico (Figura 5) cuyo cuerpo no llega al millar de células, por lo que la complejidad del organismo no se corresponde con el número de genes. Si cada gen contiene la posibilidad de cientos o miles de proteínas diferentes, quiere decir que los factores que regulan la decodificación son más complejos de lo que se sospechaba.

Otra sorpresa fue que el “ADN basura”, aquel que no tiene capacidad para codificar proteínas, llega a suponer el 97-98 por ciento del genoma. Recientemente se ha descubierto que esta importante cantidad de material genético, lejos de ser inútil, cumple una importante función en la decodificación de los genes. Además, tenemos el 99 % de genoma en común con el chimpancé y el 97.5% con el ratón, que indica que las grandes diferencias entre especies se sustentan sobre muy pocas diferencias en el genoma, lo que hace que el otro pilar de la diferenciación, el desarrollo ontogenético (el proceso de formación desde la fecundación del óvulo hasta el individuo que nace) y los factores que lo regulan, adquieran una gran relevancia en la evolución.

¿Puede hablarse con rigor de determinismo genético? Según va avanzando la investigación genética, no, no debería admitirse que todas las posibilidades de desarrollo del ser humano están condicionadas o previstas en el genoma. En la actualidad se está empezando a considerar que el ADN es como el almacén donde se guardan los planos de construcción de todas las proteínas de la célula. Los genes no se leen, no se expresan, no se decodifican automáticamente, sino que hay factores internos
y externos a la célula que determinan esa decodificación. Puede ocurrir que un individuo porte un gen cuya expresión daría lugar a una patología, pero que necesite determinadas condiciones ambientales para su expresión, o bien, que determinadas u expresión. Esta circunstancia desmantela por completo el inexorable determinismo genético, porque la expresión de un gen no
depende únicamente de que ese gen exista, sino que además tiene que ponerse en marcha su decodificación en función de otros factores independientes de él mismo.

La cohorte de Dunedin
El discurso basado en “naturaleza o cultura”, en relación a que la causa de las características humanas (especialmente las relativas a la psiquis) sean de índole genética o de índole socio-cultural, que ha dominado en el siglo XX, se vio superado por la investigación que realizaron Avshalom Caspi y Terrie Moffitt con un grupo muy numeroso de personas nacidas en 1972 y 1973 en la población neozelandesa de Dunedin. En 2002 estos investigadores registraron los detalles de las experiencias vitales de la población seleccionada, así como una evaluación de su ADN. Los
resultados fueron sorprendentes.

En su investigación, Caspi y Moffitt estudiaron un gen denominado MAOA, que posee dos variantes. Los niños con una de estas variantes tienen mayor probabilidad de tener un comportamiento antisocial y violento, pero solo si además eran maltratados en su infancia. Es decir, para que hubiese la mayor probabilidad de desarrollar un modelo de comportamiento antisocial debían darse estas dos circunstancias: tener una determinada variante del gen MAOA y sufrir maltrato infantil. La variante genética por sí sola no determinaba nada, sino que necesitaba ser activada por unas circunstancias ambientales concretas.

Encontraron otro ejemplo de esta necesaria confluencia de ambiente y genética, en el gen 5HTT, que produce la molécula transportadora de la serotonina (neurotransmisor del cerebro relacionado con la depresión, entre otras funciones). Este gen tiene dos variantes, y Moffitt y Caspi comprobaron que las personas con una de las variantes, tenían una probabilidad 2.5 veces mayor de sufrir depresión clínica que las personas con la otra variante, pero sólo si además concurren circunstancias concretas (como pérdida de empleo, divorcio, separación de un ser querido). Cuando los entornos son felices, estas personas no muestran ninguna predisposición a padecer depresión clínica.
Moffitt y Caspi observaron también que una variante de un gen llamado COMT puede incrementar el riesgo de la esquizofrenia si los portadores además fuman marihuana en la adolescencia (Figura 6), y que individuos con un perfil genético determinado presentan un promedio de Cociente Intelectual superior a la media si además son alimentados con leche materna durante la lactancia. Sin embargo, las personas que carecen de dicho perfil genético no tienen una repercusión negativa sobre su inteligencia.

Esta exhaustiva investigación en Dunedin llevó a la consideración de que los genes y el ambiente, naturaleza y cultura, trabajan juntos en el desarrollo de la personalidad. La naturaleza actúa a través de la cultura y viceversa.

MARIGUANA
Figura 6. El consumo de marihuana en la adolescencia (estímulo externo) influye en la activación de una variante del gen COMT, que incrementa el riesgo de padecer esquizofrenia, según el estudio en la población de Dunedin

El entorno es decisivo. Epigenética
La decisiva influencia del entorno en la activación o no de los genes ha dado lugar a la descripción de un fenómeno denominado epigenética, que consiste en que el genoma es capaz de “recordar” influencias ambientales a las que ha estado expuesto. Generalmente, estos efectos epigenéticos actúan sobre las células somáticas del cuerpo adulto (estas células son todas las del organismo salvo aquellas que dan lugar a las células reproductoras, óvulos o espermatozoides), desactivando o activando genes. Sin embargo, a veces, estos efectos del entorno también tienen lugar en los óvulos y espermatozoides, de manera que esta modulación de los genes por el entorno es transmitida a la siguiente generación. Las características adquiridas pueden heredarse (lo cual es totalmente contrario a los axiomas de la teoría sintética de la evolución o neodarwinismo).
Los fenómenos epigenéticos son diferentes a las mutaciones. En estas hay un cambio en la secuencia real del ADN, pero en la epigenética lo que se producen es alteraciones en el proceso de decodificación de los genes, de tal manera que se activa o no su expresión.
Un ejemplo clásico de epigenética fue el estudio que hizo Marcus Pembrey en 2002 sobre la disponibilidad de alimentos y la esperanza de vida, utilizando los registros históricos meticulosos de cosechas, nacimientos y muertes de la ciudad sueca de Överkalix. Pembrey observó que cuando los niños se criaban en períodos de abundancia, sus nietos tenían más probabilidad de fallecer en edades tempranas. Este hecho recogía la predisposición a la diabetes y cardiopatías que se producía en épocas de abundancia, y que se transmitía por línea paterna.

Algo parecido ocurrió con la población holandesa que se vio castigada a hambrunas tremendas durante la ocupación nazi. Las mujeres embarazadas durante la hambruna dieron a luz a hijos con un elevado riesgo de sufrir problemas de salud derivados de estas precarias condiciones ambientales. Pero esta predisposición a sufrir estos mismos problemas se ha mantenido incluso entre los nietos de estas mujeres, que no sufrieron ningún problema de carencia alimenticia. En 2008 Moshe Szyf estudió el ADN del cerebro de 13 suicidas de sexo masculino, y observó que las secuencias genéticas no habían variado, pero la programación epigenética (cómo se había activado y desactivado los genes) era distinta de la hallada en el cerebro de hombres que habían fallecido por otras causas. En otras palabras, efectos del entorno habían condicionado su comportamiento. En el caso concreto de los suicidas estudiados, todos habían sufrido abusos en su niñez, lo que desencadenó este cambio epigenético.
Los procesos epigenéticos son claves para el crecimiento y desarrollo normales. A lo largo de la vida del organismo es necesario silenciar unos genes y activar otros. Por ejemplo, los genes que están detrás de las rápidas divisiones celulares del embrión, deben ser silenciados, por procesos epigenéticos, en el organismo adulto. Cuando dejan de estar silenciados, pueden dar lugar a manifestaciones de cáncer. Estos procesos epigenéticos son los que modulan la expresión genética de una célula que se encuentre en el corazón o en el hígado. Y todo esto es la influencia del entorno.
Según este fenómeno, la cultura puede guiar a la naturaleza en la expresión de los genes, en respuesta a los factores ambientales. Se han realizado numerosos experimentos con ratones y otros animales clonados (o sea, con idéntico genoma), en los que se introducen modificaciones en la dieta, con efectos epigenéticos. Otros experimentos han consistido en lograr en ratones que no se expresen genes causantes de tumores, mediante algunos aditivos dietéticos.
Epigenética y determinismo genético
Pero los efectos culturales sobre la expresión génica a través de los fenómenos epigenéticos no solo se han constatado con experimentos animales. En el ser humano hay muchas evidencias que apuntan en este sentido. Por ejemplo, como en el resto de seres vivos, tenemos dos programas fundamentales para la supervivencia: el de protección y el de crecimiento. Estos diferentes tipos de respuesta están adaptados para situaciones diferenciadas de agresión o de estímulo, y engloban multitud de posibilidades y combinaciones diferentes.
En el ser humano, hay dos sistemas de protección: uno es el eje HPA (hipotálamo-glándula pituitaria-adrenal) y el sistema inmunológico. Cuando una señal activa estos sistemas, se moviliza un sistema muy complejo que pone a todo el organismo en situación de protección, con un consumo elevado de recursos y una paralización del crecimiento. En todos los seres vivos, ambas respuestas son antagónicas.
La capacidad de poner en marcha la respuesta de protección no sólo depende de estímulos externos que denoten peligro, sino también el sentimiento del miedo, la ansiedad o el estrés, y en estos casos con unas consecuencias nefastas, porque una situación real de peligro que desencadena la respuesta de protección suele ser puntual. Pero una situación de miedo o estrés puede ser mantenida en el tiempo, con lo que la respuesta de protección se mantiene activada de manera indefinida, ocasionando un gran gasto de recursos, deterioro, falta de crecimiento y una influencia en todas las célulasdel organismo a través del entorno celular. A través de los fenómenos epigenéticos tanto  el programa de protección o el de crecimiento, permanentemente activados, influyen directamente en la decodificación de los genes. Y tal y como se ha comprobado, en determinadas circunstancias esta incidencia sobre la expresión génica puede pasar a la siguiente generación.

EMBAR
Figura 7. Hay estudios que han podido rastrear los efectos de determinadas sustancias tóxicas, no sólo de madre a hijo, sino incluso hasta la siguiente generación de nietos, debido a fenómenos epigenéticos.

Hay numerosos ejemplos sobre cómo la salud del organismo se ve directamente afectada por fenómenos epigenéticos puestos en marcha por una situación continuada de stress, la ansiedad, o miedo. Quizás los más llamativos, son los relacionados con el desarrollo de diversos cánceres, dado que vuelven a activarse genes relacionados con la multiplicación celular, necesarios en la etapa fetal o infantil, pero necesariamente “apagados” en el adulto. Decir que el miedo mata ha dejado de ser una expresión figurada para convertirse en una afirmación muy real. Pero igualmente podríamos decir, en un sentido contrario, que la confianza da salud.

También se ha descrito la importancia que tiene la epigenética, el entorno, en el desarrollo prenatal (Figura 9). Y en este entorno no sólo incide la alimentación de la madre, sino fundamentalmente las mismas situaciones que producen respuestas de protección o de crecimiento. Se ha estudiado cómo en madres y en padres con niveles de miedo, estrés o ansiedad suficientemente elevados como para provocar la respuesta de protección, esta misma respuesta tiene lugar en el feto, con lo cual se frena el crecimiento y desarrollo en una fase tan crucial. Se ha comprobado cómo muchas propensiones a enfermedades en edad adulta tienen su origen en estas situaciones.

Se ha descubierto cómo hay una auténtica adaptación a transmitir las características adquiridas por la madre al bebé por vía no genética, como un mecanismo para que este optimice su desarrollo adaptándolo al ambiente previsto.
Se ha investigado la importancia de la aptitud de los futuros padres en la formación del feto, incluso en los meses previos a la concepción. Hay muchos estudios que encuentran relaciones entre el grado de desarrollo de un niño y el hecho de ser o no deseado. Los acontecimientos de la vida de los padres influyen en la mente y el cuerpo del niño, ya que en las etapas finales de maduración del óvulo y del espermatozoide, se ajusta la actividad de grupos de genes específicos que darán forma al niño. Influye también la afectividad, el contacto, etc. Gran parte del acabado final depende de
factores epigenéticos, y no de la tiranía de los genes.
Dado el nivel de conocimientos actuales sobre genética (que continuamente están ampliándose con nuevos descubrimientos) no es descabellado realizar la siguiente
relación:

• A través de la epigenética, el entorno celular (que es reflejo del entorno ambiental) puede modificar la expresión de los genes, no solamente en las células somáticas (afectando al desarrollo del individuo) sino incluso en las células reproductoras (transmitiendo esta modificación en la expresión genética a la siguiente generación).

• Uno de los aspectos del entorno celular que puede generar estos fenómenos epigenéticos es el estado de ánimo general del individuo.
• El estado de ánimo puede ser manejado a través de la mente mediante numerosas herramientas (técnicas de concentración y meditación, imaginación, etc).
• Entonces, a través de los procesos mentales puede llegar a incidirse en la decodificación genética, e incluso que esta determinación de la expresión génica pudiera transmitirse a la siguiente generación.

Llegados a este punto, hablar de determinismo genético, es decir, que el desarrollo del ser humano está determinado por el genoma, es ir en contra de la evidencia científica. Distinto es que quiera reconocerse.[:en]Manuel Ruiz Torres

Introduction. Some basic concepts

One foundational paradigm in biology is the genetic code existence, it (genetic code) allows to transcript the molecular structure and composition of proteins that shape cells, tissues and organisms, and enable thousands of biochemical reactions necessary for life.

MANU 1
Figure 1. Scheme of the basic structure of the DNA in the chromosomes.

The genetic code is based on genes, which are fragments of deoxyribonucleic acid (Figure 1), -or DNA, as it is commonly known by its acronym in English-, that are transmitted from one cell division to another, and from one individual to the next generation ,ensuring the code needed to make proteins is not lost.

DNA encoding system is very effective. In a brief explanation, DNA macromolecules contain a very long series of smaller units, called nucleotides (Figure 2), (of which there are four adenoidal, A, thymine, T, cytosine C, and guanine, G). The sequence of three nucleotides, called codon or triplet, codes the election/choice of an amino acid. Amino acids are small molecules that build gigantic proteins. There are 22 amino acids required to make proteins.

MANU
Figure 2. Nucleotides that form a part of the nucleic acids.

 

Each tRNA has two parts which interest us, one which binds/unites with the mRNA and which is specific to each triplet, and one opposite which is attached to an amino acid, which is always the same, so each specific sequence of three nucleotides corresponds to an amino acid (Figure 3). For example, if to the triplet CAA (cytosine nucleotide followed by two adenosine) is added a specific tRNA, which in one end of it carries the amino acid glut amine. If after CAA its positioned CGC, to this a tRNA that carries at its end the amino acid alanine positions, and its placed adjacent to the glut amine, they will establish links, and so on. Thus, a sequence of 1000 triplets results in the construction of a protein chain of 1000 amino acids.

For sure ,in the genome, DNA molecules set of cells, are contained the keys to make all existing proteins

PROTEINA
Figure 3. Scheme that shows the manufacture of the proteinsProcess, very briefly, is as follows. From the DNA chain, consisting of thousands of thousands of nucleotides, its made a reverse copy (as a mold) that is the Ribonucleic messenger acid or mRNA (mRNA). On the mRNA molecule, other molecules known as ARNt (Ribonucleic Transfer acid) begin to position themselves but in a special order.

existing in cells, encoded by the genetic code, a set of rules to assign a sequence of nucleotides of the DNA, an amino acid sequence of a particular protein. Since proteins are essential for life (both in the construction of structures such as the catalysis of biochemical reactions), soon it reached the idea that genes, through the genetic code, control and regulate the biological functions and the development of the organism itself.

A matter of culture or genetics?
In 1976 Richard Dawkins published The Selfish Gene, in which he develops the idea that evolution is completely blind, and relies on genes. All life circumstances serve to preserve and transmit the genome. Dawkins is not a geneticist, but zoologist, but a strong Neo-Darwinism advocate, and his book does not leave anyone indifferent, praised by those who see natural selection as the only engine of evolution and the pillar of existence, and criticized by those who do not accept that genetics is behind all human actions.
From Adkins’s work, its emphasized the idea that genes are responsible for everything that happens to the individual, including humans beings. A genetic response is seeked for everything: character traits, diseases, form aspects, social behavior, even culture elements. It was (and is) very common to develop research programs in which the search for the genetic explanation is what matters. However, it has traditionally been a strong rejection from the human sciences ( anthropology, sociology, psychology,) to consider that aspects of the human being, more genuinely human, as behavior, or the development of a society or a culture, are the result of the action of genes. Even from the field of political thinkers, thinkers related to the left wing have been very reluctant to admit these supposed implications of genetics in the subtlest of human being.
In this matters, against the Genetic Determinism line of thought, the majority line of thought (besides out of many biological researches) in the twentieth century has been that the main element responsible for the distinctly human traits (culture and society) are found in the environment, not genes. The human being will born as a blank page,and in the course of life, especially the early years, would acquire the personality modulated by the environment itself.
The idea that there are few innate elements of personality, and that this is is modeled from within the family and social environment, was formulated by the philosopher John Locke in the seventeenth century, and later educational ideals of the Enlightenment embraced and promoted. Later, Marxism is also based on this idea of society as a determinant of human development. Sigmund Freud continues to provide important arguments to this effect, when he says that childhood experiences determine the individual the rest of his life. In the field of anthropology, Franz Boas urges cultural ism as a school which advocates that the traditions and culture may influence human behavior in many directions. And BF Skinner carried behaviorism, and affirms that the
human being can be conditioned by any external stimulus, with the right training (similar to Pavlov’s dogs.) So, mean while biology stated to be gathering evidences of a certain genetic
determinism , the human sciences and some relevant biologists go rushing along to UN link, through all the twentieth century , the development of culture and human behavior from the power of genes. Thus, for example, Leda Cosmides and John Toody shaped what become known as the standard model of social science of human behavior, in which they assert that human nature can take any type of settings based on appropriate cultural conditioning . Another example in the line to deny genetic determinism, the edition of the book It is not in the genes: racism, genetics and Ideology in 1984, biologists Lewontin, Rose and Kamin, which accuse colleagues, Wilson and Dawkins , to promote a rough determinism that legitimizes social disadvantage. At the other end, the biologist EO Wilson developed in the seventies the concept of sociobiology, on the discoveries in the behavior of many species. Goes on to suggest that human nature (understood as behavior) as well as other animals, had a biologicalbasis that could be pursued. But long before, a form of genetic determinism, eugenics (“good breeding”), began to develop in the late nineteenth century, based on Darwinism. The idea was to promote the improvement of the human race favoring certain unions, which supposedly would result in individuals with better attitudes . But soon,
eugenics led to government programs to prevent marriage or reproduction of individuals “dumb or mentally weak feeble minded” which was practiced in many Western countries and many U.S. states. It was not until the seventies that eugenic practices wereconsidered illegal. Until then tens of thousands of individuals were sterilized, and an even bigger number of marriages were banned.

The Human Genome Project

CARIOT
Figure 4. Set of chromosomes of the human being.

Intending to know “the language in which God created life”, President Bill Clinton in 1990 launched the international Human Genome Project, funded by various governments and charities, and directed by James Watson (co-discoverer of the molecular structure of DNA). The goal was to read the 3 billion base pairs that contain the genetic code of humanity (Figure 4).
In 1998, when he had broken the 3% of the code, the researcher Craig Venter started another project to read the genome, with a methodology faster and the financing of Celera Genomics. A race began which consequences could be very different depending on which project will meet the target, because although Watson team wanted the knowledge of reading genome was available to all, Celera Genomics is looking business and patent. Coincidentally, both teams finished about the same time in 2000, so it is considered a tie, and President Bill Clinton promoted an agreement between both sides, until finally, in 2004 all the results, the genome deciphered in full, were deposited in a database accessible to the public, called GenBank, and it was felt that this
information was the patrimony of humanity.
But after all, the genome revealed a few surprises, which forced to correct some basics of genetics. First, the number of genes.

GUSANO
Figure 5. The worm Caenorhabditis elegans has a number of genes lightly lower than the human. The number of genes does not correspond with the degree of complexity of the species.

As it is recognized in humans more than 100,000 different proteins, according to the by then axiom “one gene, one protein”, it was expected to find at least 150,000 genes. Some spoke of up to 300,000 genes. However, in the end only 21,500 were discovered, a figure lower than the genes of a mouse and only slightly higher than those of a small microscopic worm (Figure 5) whose body does not reach thousand cells, so the complexity of the organism does not match the number of genes. If each gene contains the possibility of hundreds or thousands of different proteins, it means that the factors that regulate the decoding is more complex than previously suspected.

MARIGUANA
Figure 6 . The consumption of marijuana in the adolescence (external stimulus) influences the activation of a variant of the gene COMT, which increases the risk of suffering schizophrenia, according to the study in the population of Dunedin.

Another surprise was the “junk DNA”, one who has no capacity to encode proteins , comes around the 97-98 percent of the genome. Recently it was discovered that this significant amount of genetic material, rather than being useless, plays an important role in decoding genes. In addition, we have 99% of genome in common with the chimpanzee and 97.5% with the mouse, indicating that large differences between species are based on very few differences in the genome, which makes the other pillar of differentiation, ontogenetic development (the training process from fertilization of the ovum to the individual born) and the factors governing it, acquire a great relevance in evolution.
Is it possible to address with rigor the genetic determinism? As genetic research progresses, it should not be admitted that all the possibilities of human development are conditioned or planned in the genome. At present it is starting to consider that DNA is as a place for storing building plans of all cell proteins. Genes are not read, not expressed, not decoded automatically, there are internal and external factors to the cell that determine that decoding. It can happen that a person carrying a gene whose expression would lead to a pathology, needs certain environmental conditions for its expression, or that certain environmental conditions prevent its expression. This
circumstance completely dismantles inexorable genetic determinism, because the expression of a gene depends not only on its existence, but also it has to set its decoding on, on function of other factors beyond himself.

The Dunedin cohort
The discourse based on “nature and culture”, in relation to the cause of human characteristics (especially those relating to the psyche) are of a genetic or sociocultural nature, which has dominated the twentieth century, was beaten up by the research conducted by Avshalom Caspi and Terrie Moffitt with a large group of people born in 1972 and 1973 in Dunedin New Zealand population. In 2002, these researchers recorded the details of the life experiences of the target population, and an evaluation of their DNA. The results were surprising.
In their research, Caspi and Moffitt studied a gene called MAOA, which has two variants. Children with one of these variants are more likely to have an antisocial and violent behavior, but only if they were also abused as children. Implying, that to have a greater chance of developing a model of antisocial behavior these these two circumstances should be present: having a specific MAOA gene variant and suffer child abuse. The genetic variant alone does not determine anything, but it needed to be activated by specific environmental circumstances. Found another example of this necessary confluence of environment and genetics in the 5HTT gene, which produces the serotonin transporter molecule (neurotransmitter of the brain related to depression, among other functions). This gene has two variations, and Moffitt and Caspi found that people with one of the variants had a 2.5 times greater chance of suffering from clinical depression than people with the
other variant, but only if you also attend specific circumstances (such as loss of employment , divorce, separation from a loved one). When environments are happy, these people show no predisposition to clinical depression. Moffitt and Caspi also noted that a variant of a gene called COMT may increase the risk of schizophrenia if its carriers also smoke weed in adolescence  (Figure 6), and that individuals with certain genetic profile have a higher average IQ than average if they were also breastfeeded during lactation. However, people who lack this geneticprofile does not have a negative impact on their intelligence. This comprehensive research led to the consideration that genes and environment, nature and culture, work together in the development of personality. Nature acts through culture and vice versa.

Environment is critical. Epigenetics

The decisive environment´s influence triggering or not of genes has led to the description of a phenomenon called epigenetics, it consists in the genome being able to “remember” environmental influences to which it has been exposed. Generally these epigenetic effects acts on the somatic cells of the adult body (these cells are all the body except those that give rise to reproductive cells, eggs or sperm), deactivating or activating genes. However, sometimes these environmental effects also take place in the egg and sperm,these modulated genes by the environment are transmitted to the next generation. The Acquired characteristics can be inherited (which is totally contrary to the axioms of the synthetic theory of evolution or Neo Darwinism).
Epigenetic phenomena are different from mutations. In these last ones there is a change in the actual sequence of the DNA, but in epigenetic alterations what happens is modifications in the decoding process of genes, activating or not its expression.
A classic Epigenetic example was the study Marcus Pembrey made in 2002 on food availability and life expectancy, using meticulous historical records of crops, births and deaths of the Swedish city of Överkalix. Pembrey found that when children were raised in times of plenty, their grandchildren were more likely to die at an early age. This fact picked predisposition to diabetes and heart disease that occurred in times of abundance, and that was transmitted from father line.
Something similar happened with the Dutch population that was punishedthrough tremendous famine during the Nazi occupation. Pregnant women during the famine gave birth to children with a high risk of health problems arising from these precarious environmental conditions. But this willingness to suffer the same problems remained even among the grandchildren of these women, who suffered no food shortage problem.
In 2008 Mo she Szyf DNA studied the brains of 13 male suicides, and noted that the genetic sequences had not changed, but the epigenetic programming (how genes had gone on and off ) were different from those found in the brains of men who had died of other causes. In other words, environmental effects had conditioned their behavior. In the case of the suicides studied, all had been abused as a child, which triggered this epigenetic change.
Epigenetic processes are essential for normal growth and development. Throughout the life of the organism is necessary to silence some genes and activate other ones. For example, genes that are behind the rapid cell divisions of the embryo, must be silenced by epigenetic processes in the adult organism. When longer be silenced, can lead to manifestation of cancer. These are epigenetic processes that modulate gene expression in a cell that forms part of heart or liver. And this is the influence of the environment.
According to this phenomenon, culture can guide the nature in the expression of genes in response to environmental factors. There have been numerous experiments with mice and other animals cloned (ie, with the same genome), in making alterations in diet, epigenetic effects. Other experiments achieved in mice did not express tumorcausing genes by some dietary additives.

Epigenetic and genetic determinism
But the cultural effects on gene expression through epigenetic phenomena have been observed not only with animal experiments. In humans there is much evidence pointing in this direction. For example, as in other living beings, we have two basic programs for survival: protection and growth. These different types of response are adapted to different situations of aggression or stimulus, and cover a multitude of possibilities and combinations.
In humans, there are two protective systems: one is the HPA axis (hypothalamipituitary- adrenal gland) and the other is the immune system. When a signal triggers
these systems, mobilizing a very complex system that puts the whole body under alert/protection status, with high consumption of resources and growth stop. In all living things, both responses are antagonistic’s. The ability to implement protective response depends not only on external stimulus that denote danger, but also the feeling of fear, anxiety or stress, and in these cases with dire consequences, because a real situation of danger that triggers the protective response is usually punctual. But a state of fear or stress can be maintained over time, so that the protective response remains active indefinitely, causing a large and growth failure influence on all cells of the body Through the cellular environment. Through epigenetic phenomena both protection and growth programs are permanently activated, directly influence the decoding of the genes. And as it has been shown, under certain circumstances this effect on gene expression can be passed to the next generation.
There are numerous examples of how the body’s health is directly affected by epigenetic phenomena launched a continuing situation of stress, anxiety, or fear. Perhaps the most striking, are related to the development of various cancers because they are reactivated genes related to cell division, needed in the fetal or infant stage, but necessarily “off” in the adult. To say that fear kills is no longer a figurative expression to become a very real statement. But we could also say, as a contrary, that confidence gives health.
It has also has been described the importance of epigenetics, the environment, in the prenatal development (Figure 7). In this environment not only affects the power of the mother but essentially the same situations that produce protective or growth responses. It has been studied how mothers and fathers with levels of fear, stress or anxiety high enough to cause the protective response, the same response occurs in the fetus, which slows the growth and development in a crucial phase . It has been shown
how many propensities adult diseases have their origin in these situations.

EMBAR
Figure 7. There are studies that could have traced the effects of certain toxic substances, not only from mother to son, but even up to the following generation of grandsons, due to epigenetics phenomena.

IT has been discovered how there is a real adaptation to transmit acquired characteristics by the mother to the baby via non-genetic ways, as a mechanism for the fetus to optimize its development to adapt to the expected environment. It has been investigated the importance of the aptitude of the prospective parents in the formation of the fetus, even in the months before conception. There are many studies that find relationships between the degree of development of a child and being or unwanted. The events of the lives of the parents influence the mind and body of the child, because in the final stages of maturation of the ovum and sperm, its adjusted the activity of groups of specific genes that will shape the child. It also influences affection, contact, etc. Much of the finish ending depends on epigenetic factors, not the tyranny of the genes.
Given the current genetics level of know ledges (which are continuously expanding with new discoveries) is not without logic to perform the following relationship:

•Through epigenetics the cellular environment (which is a reflection of the environment) could modify the expression of genes, not only in somatic cells (affecting the development of the individual) but also in the reproductive cells (transmitting this change in gene expression to the next generation .)
•One of the aspects of the cellular environment that can generate these epigenetic phenomena is the general mood of the individual.
•The mood can be handled through the mind by numerous tools (techniques of concentration and meditation, imagination, etc.) .
•then through mental processes it can be incised into the genetic decoding and even this determination of gene expression could be transmitted to the next generation.

At this point, mention genetic determinism, relating the development of the human being as determined by the genome, it s going against scientific evidence. Another matter is this to be acknowledge.[:]