El Mosaico de los Amores

Alberto Serrano Rodríguez
Dentro de las III jornadas de Arqueología del Instituto Hermes en Julio de 2016, se desarrolló una visita al llamado “Mosaico de los Amores” que se encuentra en la sala principal del edificio o templo dedicado probablemente al culto imperial del sitio arqueológico de Cástulo, provincia de Jaén, España.
El mosaico está fechado a finales del siglo I, D.C., coincidiendo posiblemente con el final del reinado del Emperador Domiciano o en los años siguientes posteriores a su muerte. Para comprender la funcionalidad de la sala en la que se encuentra ubicado, tenemos que ir al contexto histórico en el que fue construido, se trata de arquitectura pública romana, esto se sabe porque el edificio que lo alberga fue construido de una sola vez y además, altera el urbanismo previo de la zona en la que fue construido; de entre los tipos de funcionalidad que podría haber tenido, dos destacan como más probables, o bien fue la sede de una corporación o gremio importante (collegium para los romanos), o el más probable, la sede del culto imperial, como edificios similares de la época, en la misma Roma o en las capitales administrivas de las provincias. El edificio presenta la peculiaridad de que no se terminó nunca, a lo que podemos añadir otra más y es que sufrió un proceso de demolición intencionado, muestra de lo cual es que el muro que preside la cabecera de la sala se demuele de una vez, usando para ello probablemente un ariete o maquina similar.  Gracias a que el muro aparece completo en la excavación, se obtienen datos valiosos como la altura del mismo, de 3 metros, las molduras de escayola del encuentro del muro con el techo y lo más importante, al caer sobre el mosaico lo protege dejándolo intacto hasta nuestros días. Otra evidencia significativa de que el edificio no estaba acabado es que en todas las salas excavadas, al llegar al nivel del pavimento, se encuentra una fina capa como de ceniza que probablemente fue serrín que se extendió sobre el pavimento para protegerlo de trabajos posteriores de acabado como la escayola o pintura. También aparecieron en un rincón de sala un montón de teselas, como material de acopio de la obra, además de otras evidencias como que las puertas del mismo no se llegaron a colocar o que las tejas de cubrición del tejado nunca aparecieron en la excavación.

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Imagen del mosaico en su conjunto

Por tanto nos encontramos con un edificio que nunca se terminó de construir y lo construido sufrió un proceso intencionado de demolición, circunstancias tales que llevan a pensar que pudo ser la sede del culto imperial a Tito Flavio Domiciano, emperador que cierra la dinastía Flavia, que reinó entre el año 61 al 96 DC. Las fuentes clásicas le describen como un tirano cruel y paranoico, ubicándole entre los emperadores más odiados al comparar su vileza con las de Calígula o Nerón, consecuencia de lo cual sabemos que una conspiración acabó con su vida, lo que conlleva a un cambio de régimen, siendo uno de los primeros decretos del Senado una condena especial del Derecho Romano llamada “Damnatio Memoriae”, la condena de la memoria, que consiste en borrar cualquier referencia a éste, tanto en los registros públicos como en el espacio urbano.
Por las evidencias encontradas en el edificio podemos situarlo en esta época y concluir por tanto, que el objeto último del edificio no es otro sino la propaganda política y el culto imperial.

El mosaico encontrado en Cástulo destaca por la gran calidad de las imágenes, muy perfiladas en su realismo, semejantes a las aparecidas en el norte de África o Sicilia, lo que demuestra la relación que hubo entre Cástulo y esta zona del Mediterráneo.

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Copia de la cenefa exterior del mosaico

Comenzaremos la descripción del mosaico por la orla que lo enmarca donde aparecen aves y plantas acuáticas. Las aves se muestran en movimiento y presentan una disposición especular, empleándose teselas de color blanco y negro para su realización.

Continuando con el pavimento de Cástulo, la composición geométrica en blanco, negro y ocre que enmarca el emblema central por tres de sus lados y que se extiende ampliamente por el cuarto, presenta una composición de cuadricula formada por una estructura de calles de cuadrados rectos y oblicuos separados por rectángulos, todos rellenos de otras figuras geométricas tales como cuadrados, círculos y rectángulos, que proporcionan al conjunto una gran sensación de geometrismo.

La zona restante presenta una composición geométrica más sencilla probablemente debido a que dicha zona podría estar cubierta por una tarima sobre la cual la persona representante del poder imperial presidiría la sala.

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Imagen del motivo central del mosaico

 

En las esquinas del motivo o emblema central, los cuartos de círculo de los ángulos van ocupados por los bustos alegóricos de las cuatro estaciones, con su iconografía y atributos característicos, realizados con una gran finura y calidad. Estas representan el paso del tiempo o las edades de la vida, Primavera – Infancia, Verano – Juventud, Otoño – Madurez e Invierno – Vejez, es decir la concepción del ciclo ya sea anual o vital; se muestran en sentido inverso a nuestra convención que va a derechas.

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Imágenes del Invierno

Los semicírculos de los lados mayores y menores se han decorado con seis erotes, (dioses alados del amor en la mitología griega).

Estas figuras son las que dan nombre al mosaico debido, según nos explica el Dr. D. Marcelo Castro, “cuando se hizo la primera reseña del mosaico se buscó una palabra de origen latino que lo designara eligiendo, los amores, en honor a los erotes que en él aparecían”, dichas figuras llevan sus atributos, carcaj y flechas, que disparan impeliendo al amor y a la pasión para que incendien la Naturaleza, acompañados de animales para que, como séquito de Venus, la ayuden en su misión. Unas figuras ofrecen racimos de uvas a los animales con objeto de atraparlos, mientras estos se disponen a picotearlas, otros, en los semicírculos o lunetas de los lados menores, se representan como erotes cazadores, que acaban de atrapar a sus presas.

Todas en conjunto representan el poder germinativo o la voluntad de la vida abriendose camino en la Naturaleza.

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Imagen de un erote

El resto de animales que aparecen entre los amores y los dos asuntos centrales, por tanto ocupando los seis espacios rombos curvos, generados entre las figuras circulares, son mamíferos de «garra» que los romanos creían que legitimaban el poder, como una tigresa, una leona y un león y animales de “pezuña” que unen a la tierra, como un jabalí, un venado y un caballo. Los machos aparecen en época de celo y las hembras amamantando como indican sus ubres.

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Imágenes del Mitos

Los dos asuntos centrales representan dos mitos griegos reelaborados en clave romana, el Juicio de Paris y el mito de Selene y Endimión.
En el mito de Selene y Endimión se muestra a la diosa que se ha bajado del carro tirado por dos corceles, aproximándose al bello pastor dormido, el relato mítico nos cuenta los amores de la diosa con el bello pastor, cuya hermosura había despertado una desmedida pasión en la diosa, y el final trágico de la leyenda, cuando Zeus cumple la promesa que había hecho a Endimión, a petición de Selene, de concederle un deseo. El pastor escogió el don de dormirse en un sueño eterno, quedando dormido para siempre y permaneciendo eternamente joven, momento en el que es descubierto por la diosa que se enamora perdidamente de él.
En el juicio de Paris vemos a éste junto a Mercurio o Hermes, según los griegos, con sus atributos, casco alado y caduceo, entre los dos, una manzana de oro, completan el cuadro en segundo plano tres diosas: Venus, Juno y Minerva, la historia narra cómo Eris, la diosa de la discordia, encolerizada por no haber sido invitada a la boda de Thetis y Peleo, arrojó entre los dioses una manzana de oro, “la manzana de la discordia” para que se la dieran a la más bella de las tres diosas, cada una de ellas reclama para sí la manzana, se acaba la fiesta y comienza el conflicto.

Júpiter/Zeus encomendó a Mercurio/Hermes que las condujera al monteIda para que Paris, hijo de Príamo y Hécuba, fallase el concurso a favor de una de las tres. Juno prometió a Paris darle Asia; Minerva, la victoria en los combates; y Venus el amor de la mujer más bella de la tierra. Paris falló a favor de esta última y, después del juicio, marchó a Esparta en compañía de Eneas, donde se enamoró de Helena, originándose de esta forma la guerra de Troya. La escena muestra el momento en el que Paris le acaba de devolver a Mercurio/Hermes la manzana y Venus por su posición ya sabe que es la elegida, está en movimiento mientras que sus compañeras quedan quietas mirándola.
Indicar en este punto el detalle técnico que el Dr. Castro nos indicó: “aunque la manzana no parece de oro en el mosaico, esto se debe seguramente a que éste no estaba acabado, ya que cuando se limpió por primera vez, se apreció que las teselas de la manzana acababan en pico, formando como una cazoleta para recibir el oro fundido”.
Las escenas que muestran los dos motivos centrales del mosaico de Cástulo tienen varias lecturas posibles, una sería de carácter moralizante, con los excesos en el amor y en la ingesta del vino. El amor de Paris por Helena desemboca en la guerra de Troya. La pasión desmedida de Selene por el pastor provoca que el joven quede sumido en un sueño eterno. Las diosas en ambos casos son responsables de hechos negativos ya que los actos que desencadenan carecen de contención. Y lo mismo los erotes, símbolos del amor, cuyas flechas envenenan de amor a quienes las reciben y que en este caso se utilizan como alegorías del mal uso de los sentimientos y de los deseos no reprimidos. La ofrenda de las uvas a las aves sirve como anzuelo, es una artimaña para atraparlas, pero el señuelo no es cualquier fruto, sino las uvas cuyo zumo, el vino, bebido en exceso trae consecuencias nefastas. Otra visión representada en el mito de Selene, nos habla de permanencia o eternidad, lo que hay detrás de la historia es la vocación de Roma de perdurar, la Roma eterna, que en parte ha tenido éxito por el legado que ha llegado hasta nuestros días, lengua, leyes, arquitectura, etc. También podemos extraer una visión de una Roma que quiere verse como una Troya renacida, reclamando la protección de Venus, nos habla de los orígenes mismos de Roma y de su vocación civilizatoria del mundo conocido en su tiempo, por tanto, propaganda del Imperio en sus provincias.