Irene Melfi Svetko

Entre los grandes filósofos de todos los tiempos, España cuenta con una larga lista, tanto de la antigüedad como de nuestros días, que se basan en o reflejan
el pensamiento platónico. Además existe la particularidad de que todos han viajado, llevando y trasmitiendo ese neoplatonismo a diferentes partes del
mundo.

Ibn Masarra

Nace en Córdoba en 883 y muere en 931. Según sus biógrafos, Ibn Masarra, no era de raza árabe. Se observa que ya el aspecto de su padre ‘Abdallah, aunque, originario de Córdoba, le hacía pasar en el transcurso de sus viaje, en Basora por ejemplo, por un normando de Sicilia. Pero lo que es más importante es que Abdallah, que había frecuentado en Oriente los círculos motazilitas y esotéricos y se apasionaba por la especulación teológica, se interesara en transmitir a su hijo los rasgos de su propia fisonomía espiritual. Desdichadamente, murió mientras realizaba su peregrinación a Meca, en el año 286/899. Su hijo tenía apenas dieciséis años y ya estaba, sin embargo, rodeado de discípulos. Se retiró con ellos a una ermita que poseía en la sierra de Córdoba, pero muy pronto comenzaron a difundirse graves rumores sobre él.

Cuando se es conocido por enseñar la doctrina de cierto sabio antiguo llamado Empédocles no cabe asombrarse, evidentemente, de ser acusado de ateísmo. La
situación política del emirato de Córdoba era entonces de lo más crítico, e Ibn Masarra prefirió exiliarse en compañía de dos de sus discípulos predilectos. Viajó hasta Medina y Meca, donde tomó contacto con las escuelas orientales, y no regresó a su patria hasta el reinado de ‘Abd al-Rahmán III, cuya política era más liberal. Pero instruido por su contacto con los círculos esotéricos (bâtinî) de Oriente, lbn Masarra guarda una extrema prudencia. Vuelve a su retiro de la sierra de Córdoba y una vez allí no revela más que a un pequeño número de discípulos el sentido de sus doctrinas en forma de símbolos. Elaboró allí toda una filosofía y un método de vida espiritual.

Lamentablemente, no conocemos el número de sus libros ni sus títulos exactos. únicamente podemos citar con certeza dos: el Libro de la explicación penetrante (Kitâb al tabsira), que contiene, sin duda, la clave de su sistema esotérico, y el Libro de las letras (Kiâáb al horûf) que trata del álgebra mística. Estos libros circulaban de mano en mano, escapando a la vigilancia de los foqahâ y exacerbando su cólera, y llegaron hasta el Oriente, donde dos sufíes «ortodoxos» abordaron la tarea de refutarlos. No parece que las cosas llegaran hasta los tribunales ni que hubiera autos de fe, al menos en vida de Ibn Masarra. Agotado por su tarea, el maestro murió rodeado de sus discípulos, en suermita de la sierra, en el año 319 / 931 d.C. (el 20 de octubre), a la edad de cincuenta años.

Se comprende que el velo bajo el que se ocultaba su doctrina, el número restringido de sus discípulos, la imputación de herejía e impiedad que se unió a su nombre, sean otras tantas circunstancias que explican la escasez de medios con que hoy contamos para reconstruir su sistema. Esta reconstrucción ha sido sin embargo llevada a cabo gracias a la paciente labor del gran arabista español Miguel Asín Palacios. La tarea era doble. Por una parte, la doctrina de Empédocles se le presentó a Asín como el eje alrededor del cual podían agruparse las doctrinas masarrianas más características. Por otra, era necesario reconstruir el sistema de Masarra con la ayuda de las largas citas que de él hacen otros autores, en particular Ibn ‘Arabî. Empédocles es cronológicamente el primero de los cinco grandes filósofos de Grecia, (Empédocles, Pitágoras, Sócrates, Platón y Aristóteles).

Se le representa como un hierofante, un profeta consagrado a la enseñanza y a las prácticas espirituales; vive retirado del mundo, rechaza todos los honores, viaja a
Oriente.

En cuanto a las doctrinas que se le atribuyen, destacan principalmente los siguientes temas. preeminencia y esoterismo de la filosofía y de la psicología ; absoluta
simplicidad, inefabilidad móvil inmovilidad del Ser primero; teoría de la Emanación — las categorías de las almas—, las almas individuales como emanaciones del Alma del mundo; su preexistencia y su redención. El conjunto es de una enorme riqueza, de inspiración a la vez gnóstica y neoplatónica. El único punto sobre el que podemos detenernos aquí es la teoría de la emanación jerárquica de las cinco substancias: el elemento primordial o Materia prima, que es la primera de las realidades inteligibles (no confundir con la materia corporal universal), la Inteligencia, el Alma, la Naturaleza y la Materia segunda. Si se la compara con la jerarquía plotiniana (el Uno, la Inteligencia, el Alma, la Naturaleza y la Materia), se percibe inmediatamente la diferencia entre Plotino y el neo Empédocles islámico. La primera de las hipóstasis plotinianas, el Uno, ha sido eliminada del esquema y reemplazada por el elemento primero o Materia prima. Ciertamente, en Plotino se encuentra formulada con claridad (Enéadas II, 4, 1 y 4) la idea de una materia existente en el mundo inteligible, distinta de la nuestra y anterior a ella, que proporciona el sujeto, el formado que presupone toda forma. Pero existe una diferencia: el neo-Empédocles plantea que esta materia inteligible tiene, en tanto que tal, una realidad actual, y hace de ella la primera Emanación divina. Precisamente esa Materia inteligible universal constituye la tesis más característica de la doctrina de Ibn Masarra.

Ibn Hazm

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Nace en Murcia en 994 y muere en Huelva en 1064 Su nombre completo era Abu Muhammad ‘ali Ibn Hazm; Teólogo, filósofo y poeta musulmán. Fue conocido en Europa por su gran obra histórico-crítica sobre las religiones y todavía más por su tratado amoroso juvenil El collar de la paloma, que nos ha revelado numerosos detalles de la vida social y espiritual de la época y cuya influencia fue importante en la literatura medieval de los reinos cristianos, especialmente en el desarrollo del tema lírico del «amor cortés».

Hijo de un dignatario de la corte califal de los Omeya, vivió en su juventud la agitación de las guerras civiles que en los primeros decenios del siglo XI derribaron la dinastía de los califas cordobeses. En el curso de aquellos años de perturbaciones, y en medio de las alternancias de la fortuna y la desventura (fue durante pocos meses visir de uno de los
últimos efímeros Omeya, y antes y después prisionero y fugitivo), se formó su carácter áspero y batallador sobre un fondo de aguda pasión sentimental e intelectual distintivo de su obra científica y literaria.

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A los veintiocho años compuso El collar de la paloma, en la fortaleza de Játiva y en un intervalo de la lucha política. Todo el resto de su vasta producción teológica, jurídica, histórica y polémica, en cambio, pertenece a los años de su errante destierro, período en el cual, proscrito de su ciudad natal por motivos políticos y religiosos (era ferviente partidario de una escuela jurídico-teológica heterodoxa, la zahirita, adversaria de la que predominaba en España, la malikita), vagó por las cortes de los príncipes musulmanes de la Península; conocemos su estancia en Almería, Talavera y Mallorca, y su retiro, en los últimos años, a un territorio de sus antepasados, Manta Lisham, cerca de la actual Casa Montija, donde murió.

Ibn al Arif

Los discípulos de Ibn Masarra habían buscado refugio en Almería formando una comunidad Tariqa en la ciudad de Pechina. En ese ambiente es donde nace en Almería en 1068 Ibn Al Arif. Su padre era de Tánger y debido a las penurias económicas el joven trabajó de aprendiz de tejedor aunque su amor al estudio y a los libros hizo que su padre cediera y le permitiera seguir su vocación llegando a ser un sabio incomparable en su época. Viajó a Zaragoza y Valencia. Fue jurisconsulto, poeta inspirado, lector alcoránico y gran sufi. Tuvo muchos discípulos lo que produjo la desconfianza del emir Ibn Tasufin quien lo desterró embarcándolo a Ceuta. Muere en Marrakech en 1141.

Ibn Gabirol

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Salomón Ibn Gabirol, conocido como “Avicebrón”, fue el primer filósofo judío oriundo de España. Nació en Málaga en 1021, muere
en 1058 en Valencia y estudió en Zaragoza. Además de filósofo era poeta y como tal escribió el poema religioso La corona real.

Su escrito filosófico más importante se titula “Fuente de vida”. Es un diálogo de tinte neoplatónico, entre un maestro y su discípulo,
sobre la composición de las substancias sensibles y de las substancias simples y sobre la existencia de la materia y la forma
universales. En él presenta Avicebrón su teoría de la universalidad de la materia, que combina las concepciones de Aristóteles con las de Platón. En la jerarquía de los seres, establecida según el lugar que cada uno ocupa en la cadena de las emanaciones, la materia no se encuentra en el lugar inferior. La materia se halla presente en todos los peldaños de la escala, ya que siempre hay materia allí donde hay forma. Sólo Dios es inmaterial, forma pura, sólo Él es absolutamente uno y simple, todo lo demás está compuesto de materia y forma. La materia universal es la base potencial de todo ser creado, que recibe toda su determinación y existencia de la forma. Avicebrón, fiel a la concepción creacionista hebrea, no pone el acento al describir la forma en la inteligibilidad sino que ve en ella un principio activo y espontáneo originado en la espontaneidad activa de la voluntad libre de Dios. Afirma además Avicebrón que el principio de individuación no es la materia sino la forma (las cosas son distintas unas de otras en virtud de su forma y no de su materia). Este diálogo escrito en árabe, llegó en su traducción latina a manos de los filósofos cristianos, quienes lo consideraron obra de autor cristiano.

Ibn Arabí
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Muhammad ibn Alí ibn Muhammad ibn Al-Arabí Al-atimínació el 7 de agosto de 1165 en Murcia, en el seno de una
familia ilustre, tanto por su cultura (mantenía amistad con grandes intelectuales como el filósofo cordobés Averroes)
como por su religiosidad (algunos de sus tíos fueron sufíes).

El sufismo y los debates averroístas fomentaron en Ibn Arabí niño un espíritu tolerante como el que caracterizó a Al-Andalus hasta el siglo XII y que se vio truncado durante la infancia del futuro “jeque de los sufíes” por la invasión almohade y posterior ocupación de Murcia por las huestes de este movimiento integrista religiosomilitar procedentes del Magreb. Entonces, la familia Al-Arabí se trasladó a Sevilla (1173), donde el pequeño Muhammad estudió Gramática, Literatura, Teología y Filosofía con los mejores maestros de su época. Fue desposado en su adolescencia con una joven sevillana, Maryan bint Muhammad ibn Abdun, quien favoreció a su marido en sus inclinaciones hacia la vía del sufismo.

Desde Sevilla los viajes a Córdoba eran frecuentes y así relata Ibn Arabí su fugaz pero trascendental encuentro con quien fuera uno de los mayores filósofos del Medioevo junto a Santo Tomás de Aquino: “Pasé una jornada en Córdoba, en casa de Abú al- Walid ibn Rushd (Averroes), quien anteriormente había expresado su deseo de conocerme personalmente. Al parecer, le habían hablado de ciertas revelaciones por mí recibidas durante mi retiro espiritual, lo que despertó su curiosidad y extrañeza. Así, mi padre, que era amigo suyo, me llevó con el pretexto de que debía solucionar unos asuntos en Córdoba. En aquella época yo era todavía un joven imberbe. Al entrar en su casa, el filósofo se levantó para acogerme con grandes signos de amistad y afecto y me besó. Después me dijo: ‘¿Sí?’, y yo le respondí: ‘Sí’. Mostró alegría al ver que le comprendí. Al observar el motivo de su júbilo, le dije: ‘No’. Entonces Ibn Rushd se sorprendió, palideció y diríase que dudaba de sí mismo. Seguidamente me hizo la siguiente pregunta: ‘¿Qué respuesta has encontrado a las cuestiones de la Revelación y de la gracia divina?, ¿coincide tu respuesta con la que se nos da en el pensamiento especulativo?’. Y yo le contesté: ‘Sí-No’, ‘Y entre el Sí y el No los espíritus vuelan más allá de la materia y las cabezas se separan de los cuerpos’. Al escuchar esto, Ibn Rushd palideció e incluso tembló y escuché sus labios murmurar: ‘No hay más fuerza y poder que la que viene de Dios’. Luego había comprendido”. Ibn Arabí (neoplatónico) no volvería a encontrarse con Averroes (aristotélico) hasta la muerte de este último, en Marrakech (1198).

En la primera década del siglo XIII Ibn Arabí ya había alcanzado la fama de Qutb que sus maestros le habían pronosticado. En aquellos años viajó mucho por el Magreb, Egipto, Arabia, Siria, Irak, Anatolia y Al-Andalus. En Al-Andalus visitó con frecuencia Granada y Almería, donde se practicaba el sufismo colectivo y la retirada física al desierto. Quizá fue en uno de esos retiros en contacto con las escuelas-oasis almerienses donde se inspiró el místico murciano para escribir Viaje al Señor del Poder, su obra cumbre que puede considerarse también un manual de canalización, en términos contemporáneos. En ella Ibn Arabí explica cómo evitar visiones y alucinaciones, presencias de entidades no deseadas y cómo alcanzar finalmente la Unidad.

Sus frecuentes visitas a Almería y su amistad con los maestros de Pechina, Baza y de la propia capital almeriense serían de gran ayuda para los sufíes del otro
lado del Mediterráneo, pues hay biógrafos de Ibn Arabí que le consideran cofundador del movimiento derviche en Anatolia.

León Hebreo

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León Hebreo (Yehuda Abrabanel) nació en Lisboa en una fecha desconocida. Muere en Córdoba en 1529. Su padre, el gran exégeta Isaac Abrabanel, fue arrendador de las tierras reales, consejero áulico en Portugal y proveedor de los ejércitos castellanos durante la guerra de Granada. Desde 1483 su familia se refugió en España, hasta la expulsión de los judíos en 1492. A fines de este año desembarca con su padre en Nápoles.

Viajó por toda Italia, donde tal vez conociera a Pico della Mirandola y bebiese de las fuentes del humanismo neoplatónico. En 1535, cuando seguramente ya había muerto, se publicó en Roma su obra maestra, en italiano florentino: los Diálogos de Amor, una gran Enciclopedia que recoge el mejor saber de su tiempo, artísticamente organizada en tres diálogos entre Sofía (la Sabiduría) y Filón (el Amante).

León Hebreo fue sin duda un extraordinario intérprete del neoplatonismo renacentista. Renueva la erótica de Platón buscando armonizarla con otras tradiciones (el realismo peripatético, la teología y la mística judaicas) y dotándola de una trascendencia
ontológica considerable. Los Diálogos de amor forman parte de lo que Leibniz y Huxley llamaron “Filosofía perenne”.

Fox Morcillo

Sebastián Fox Morcillo Nace en Sevilla en 1526. Muere en los Países Bajos en 1560. Filósofo español de ascendencia francesa, que estudió en España y Lovaina, residiendo en los Países Bajos hasta ser nombrado preceptor del príncipe D. Carlos por Felipe II. Falleció en el naufragio del barco que le trasladaba a España para encargarse de esta misión. Entre sus obras destacan: De philosophici studii ratione (Lovaina, 1554) y De demostratione, eiusque necessitate ad vi, liber I (Basilea, 1556). Fue el más ilustre de los platónicos españoles del Renacimiento, armonizando el platonismo y el aristotelismo, corrigiendo ambos por medio del cristianismo, aunque predominando la influencia platónica, tanto en su concepción de la ciencia como en el de las ideas.

Pedro de Valencia
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Pedro de Valencia nació en Zafra el 17 de noviembre de 1555, hijo de Melchor de Valencia, natural de Córdoba, y de Ana Vázquez, de Segura de León (Badajoz).

Comenzó sus estudios de latín en la escuela de Zafra, donde fue su maestro Antonio Márquez. Hacia 1568 la familia se trasladó a Córdoba, y allí prosiguió Valencia sus estudios de Artes en el Colegio de la Compañía de Jesús. Durante este período cordobés recibió clases de Francisco Gómez, que con toda seguridad le infundiría interés y afición por los estudios bíblicos.

Aunque su gusto se inclinaba por la Teología, sus padres lo enviaron a Salamanca a estudiar Leyes, donde aparece matriculado en 1573, y donde permaneció probablemente hasta 1576. Enseguida destacó por su preparación en teología y en humanidades clásicas. Habiendo llegado a sus manos una edición de los poetas épicos griegos, pidió al Brocense que le enseñara bien esta lengua. Por entonces compró también la traducción de los Salmos en versos latinos de Arias Montano, al que enseguida empezó a admirar.

Tras graduarse en Leyes, y habiendo muerto entretanto su padre, vuelve a Zafra, donde, sin olvidar las leyes, su actividad principal será la lectura de libros clásicos, latinos y griegos. Durante este período se hizo con un ejemplar de la Biblia Regia, e hizo que fuera mayor su admiración por Arias Montano. Sebastián Pérez, amigo común, le facilitó a Valencia el contacto con Montano, con quien estuvo en la Peña entre 1578 y 1579, aprendiendo Sagrada Escritura y hebreo.

Giner de los Ríos

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Francisco Giner de los Ríos nace en Ronda en 1839 en una familia acomodada lo que le permite estudiar a una formación universitaria. Estudia filosofía en Barcelona y Granada. Se traslada a Madrid y toma contacto con Sanz del Río, quien introduce en España las ideas de Krause. Estas ideas marcarían la obra de Giner.

Se destacó como jurisconsulto pero su obra máxima fue la fundación del Instituto de Libre Enseñanza que marcó un cambio fundamental en la pedagogía, puesto que su fundamento era la formación de hombres útiles a la sociedad, capaces de concebir un ideal, igualdad de la mujer, libertad de enseñanza no dogmática. Muere en 1915.

 

Fernando de los Ríos11

Nace en Ronda en 1879 y muere en Nueva Cork en 1949. Destacado político, socialista humanista, estudió en el Instituto de Libre Enseñanza de Madrid. Desde 1926 perteneció a la Masonería, afiliado a la logia Alhambra de Granada, del Gran Oriente Español, adoptando como nombre simbólico Jugan.

Fue elegido entre 1927 y 1929 como representante de la Gran Logia Regional del Mediodía en las sucesivas asambleas anuales del Gran Oriente Español.

 

 

José Ortega y Gasset

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Nacido en una familia madrileña acomodada perteneciente al círculo de la alta burguesía del lugar, entre 1891 y 1897 estudiaría en el Colegio jesuita en Málaga. Su abuelo materno gallego, Eduardo Gasset y Artime, había fundado el diario El Imparcial, que más tarde su padre, José Ortega
Munilla, pasaría a dirigir.

Así, cabe destacar que Ortega y Gasset se crió en un ambiente culto, muy vinculado al mundo del periodismo y la política. Su etapa universitaria comienza con su incorporación a los estudios de la Universidad de Deusto,  Bilbao (1897–98) y prosigue en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid (1898–1904).

Doctor en Filosofía de la Universidad de Madrid (1904) con su obra Los terrores del año milCrítica de una leyenda. Entre 1905 y 1907 realizó estudios en Alemania: Leipzig, Núremberg, Colonia, Berlín y, sobre todo, Marburgo. En esta última, se vio
influido por el neokantismo de Hermann Cohen y Paul Natorp, entre otros.

De regreso a España es nombrado profesor numerario de psicología, lógica y ética de la Escuela Superior del Magisterio de Madrid (1909), y en octubre de 1910 gana por oposición la cátedra de metafísica de la Universidad Central, vacante tras el fallecimiento de Nicolás Salmerón.

Tras casarse con Rosa Spottorno, en 1914 nace en Madrid su hija, Soledad Ortega Spottorno, quién en 1978 creará la Fundación José Ortega y Gasset, de la que será su presidenta de honor. En 1918 nacerá su hijo José Ortega Spottorno, que será ingeniero agrónomo.

Colaborador del diario El Sol desde 1917, donde publica bajo la forma de folletones dos obras importantes: España invertebrada y La rebelión de las masas. Durante la II República es elegido diputado por la provincia de León, cargo en el que permaneció durante un año. En 1923 funda la Revista de Occidente, siendo su director hasta 1936. Desde esta publicación promoverá la traducción y comentario de las más importantes tendencias filosóficas y científicas en nombres tales como: Oswald Spengler, Johan Huizinga, Edmund Husserl, Georg Simmel, Jakob von Uexküll, Franz Brentano, Hans Driesch, Ernst Müller, Alexander Pfänder, Bertrand Russell y otros.

Cuando comenzó la Guerra Civil Española en julio de 1936, Ortega se hallaba enfermo en su domicilio; apenas tres días tras el comienzo de la contienda, se presentaron en su domicilio varios comunistas armados de pistolas que exigieron su firma al pie de un manifiesto contra el Golpe de Estado y en favor del Gobierno republicano. Ortega se negó a recibirlos y fue su hija la que en una conversación con ellos —conversación que, como ella misma relató más tarde, llegó a ser muy tensa-, consiguió convencerlos de redactar otro texto muy corto y menos politizado y que, efectivamente, acabó siendo firmado por Ortega, junto con Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala y otros intelectuales. En su artículo En cuanto al pacifismo, escrito ya en el exilio, se refiere Ortega a este episodio. En ese mismo mes de julio y a pesar de su grave enfermedad, huyó de España (lo que consiguió gracias a la protección de su hermano Eduardo, persona de valimiento cerca de diversos grupos políticos de izquierda) y se exilió; primero en París, luego en los Países Bajos y Argentina, hasta que en 1942 fijó su residencia en Lisboa. A partir de 1945 su presencia en España fue frecuente, pero habiéndosele impedido recuperar su cátedra (aunque al parecer consiguió cobrar sus sueldos atrasados), optó por fundar un «Instituto de Humanidades» donde impartía sus lecciones. Durante estos años, y hasta su muerte en 1955, fue fuera de España —sobre todo en Alemania—, donde recibió el crédito y las oportunidades de expresión que correspondían a su prestigio.

Ortega y Gasset ejerció una gran influencia en la filosofía española del siglo XX no sólo por la temática de su obra filosófica, sino también por su estilo literario ágil, descrito por algunos como próximo al Quijote, que le permitió llegar fácilmente al público general.

María Zambrano

Nace en Vélez Málaga en 1904. Las raíces del pensamiento filosófico de María Zambrano brotan del impulso de armonizar metafísica y mística con el fin de
proponer la razón poética como solución a la crisis existencial de la década del cuarenta. De ahí que María Zambrano fuera una figura sorprendente e inaudita en los
años de la dictadura en España, donde predominaba la censura y la vulgaridad; de ahí que tuviera que vivir un exilio que, en sus propias palabras «ha sido como mi
patria, o como una dimensión de una patria desconocida, pero que una vez que se conoce, es irrenunciable». Lo cierto es que París, México, Cuba, Roma, La Pièce y Ginebra son los escenarios geográficos que se inscriben, para siempre, como testigos directos de la construcción de un legado filosófico muy original y muy personal, pero, ante todo, impensable de haber permanecido la filósofa en España. Sin duda alguna, su legado es el propio de una mujer valiente, que se atrevió a
romper con convencionalismos y permaneció a lo largo de los años contagiando su entusiasmo y su fascinación por el estudio de las más variadas formas de creación.
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Lo cierto es que Zambrano deja una obra donde se conjugan la inteligencia y la sensibilidad, además del eclecticismo y la diversidad. Incansable lectora, se acercó a filósofos tan dispares como Séneca, Ibn Arabi, Heidegger o Nietzsche; escribió, asimismo, sobre creadores de la época clásica como Platón y Sófocles; también lo hizo sobre diferentes autores del mundo hispánico, entre los que ocupan un destacado lugar San Juan de la Cruz y Miguel de Cervantes; el análisis textual y literario de los dos autores mencionadas, junto a los que publicó sobre Antonio Machado, Miguel de Unamuno, Emilio Prados, Pablo Neruda o José Ángel Valente entre otros, dan cuenta de una aproximación muy particular y original de la filósofa a la literatura española. Ana Bundgaard señala en este sentido, que Zambrano instrumentaliza la literatura, de manera que las obras que ella comenta se convierten en textos que son objeto de una reflexión personal, subjetiva e ideológica, y que no tiene en cuenta que el lenguaje poético es una manera concreta y específica de establecer una comunicación entre el ser humano y el mundo.

Remontándonos a los orígenes de su legado, la obra de Zambrano es hija y heredera indiscutible de la Segunda República española, una época de brillantez y libertad intelectual en la que una jovencísima María Zambrano había tenido la ocasión de mostrar su creatividad, su talento y su compromiso con la democracia. No es extraño, por lo mismo, que con la vuelta de la democracia a España le llegaran a la filósofa los más importantes reconocimientos: premio Príncipe de Asturias en 1981, premio Cervantes en 1988, y varios doctorados honoris causa en distintas universidades españolas; fue nombrada, además, hija predilecta de Andalucía en 1987, coincidiendo con la constitución de la fundación que lleva su nombre en Vélez-Málaga.

La vuelta a España de Zambrano en noviembre de 1984, después del largo exilio, constituye uno de los acontecimientos cumbre en la vida de la filósofa española. Una energía renovada la impulsa, desde ese momento y hasta su muerte, a volcarse de manera sorprendente en la escritura de numerosos artículos, en las reediciones de obras anteriormente publicadas y, sobre todo, en la continuada convivencia con diferentes figuras del mundo intelectual hispano. De algunos de ellos quedan testimonios de admiración y de respeto, pero, sobre todo, de amor. José Miguel Ullán recuerda que «Al hablar, [ella] entraba en espirales vertiginosas, hurgaba en todas las heridas y, a la vez, se abría a la esperanza, nos la hacía contemplable». Por su parte, Amalia Iglesias evoca su penetrante fuerza interior, una fuerza que mantuvo hasta los últimos momentos de su vida. Dice Iglesias: «Quería estar siempre arreglada. No veía televisión, no estaba rodeada de muchos libros. Era como si llevara su biblioteca dentro. Estaba habitada por una profunda serenidad». Los restos de María Zambrano reposan eternamente en Vélez-Málaga y, desde allí, principalmente desde la Fundación que lleva su nombre surgieron una serie de iniciativas para celebrar con júbilo, en el 2004, el centenario de una intelectual cuya actitud vital podría resumirse, precisamente, en la constante celebración de la existencia.

Emilio Lledó

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Profesor español que se dedicó a la enseñanza de la filosofía como funcionario del Estado, nacido en Sevilla el 5 de noviembre de 1927, aunque con seis años se trasladó a Vicálvaro (Madrid), a cuyo Regimiento de Artillería había sido destinado su padre.
Se licenció en filosofía en la Universidad de Madrid en 1952.

Merced a una beca de la «Alexander von Humboldt Stiftung» tuvo ocasión de imbuirse en la filosofía alemana de posguerra: Hans George Gadamer, Karl Löwith y Otto Regenbogen, quien le encaminó hacia la filología clásica. En octubre de 1955 se incorpora a la Universidad de Madrid como ayudante de Santiago Montero Díaz, quien dirigió su tesis doctoral, defendida en junio de 1956. Ingresa en el Cuerpo de Catedráticos Numerarios de Institutos Nacionales de Enseñanza Media de España, y vuelve a la Universidad de Heidelberg, bajo los auspicios de Gadamer, como lector de español.

En 1962 retoma el desempeño de su cometido como funcionario en el Instituto femenino «Núñez de Arce» de Valladolid, y en 1964 obtiene la cátedra de fundamentos de filosofía e historia de los sistemas filosóficos de la Universidad de La Laguna, trasladándose en 1967 a la Universidad de Barcelona, en la que permanece hasta 1978, en que se traslada a la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid, donde alcanza la jubilación –en diciembre de 1987 opositó infructuosamente a una cátedra de la Universidad Complutense de Madrid, desencadenándose el llamado «caso Lledó»–.

En 1988 fue nombrado miembro vitalicio del Instituto para Estudios Avanzados de Berlín, ciudad en la que se estableció durante tres años a partir de 1990, y en la que recibió el premio Alexander Von Humboldt del gobierno de Alemania.

Eugenio Trías
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Nace en Barcelona en 1942 y es otro de los platónicos actuales. Estudia en la universidad de su ciudad natal y luego en Pamplona, Madrid Bonn y Colonia. Su tesis doctoral es Alma y bien según Platón. Actualmente es catedrático de Filosofía en la Facultad de Humanidades de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona.

Escribe artículos de opinión en los principales periódicos españoles (“El País”, “El Mundo”, “La Vanguardia”, etc.), y mantiene una actividad importante como conferenciante.

Ha desarrollado también una amplia actividad a través de cursos y conferencias por Europa y América. Viaja a Buenos Aires donde desarrolla diversas intervenciones públicas.

Además de sus numerosas publicaciones cabe destacar su presencia en la prensa a través de artículos de opinión en los principales periódicos españoles (“El País”, “El Mundo”, “La Vanguardia”, etc.), así como su actividad como conferenciante o como director de programas de conferencias en toda la geografía español; así mismo ha realizado cursos y cursillos de diferente especie y extensión también en toda España. Ha desarrollado también una amplia actividad a través de cursos y conferencias por Europa y América. Muchos textos suyos han sido traducidos a diversos idiomas (alemán, francés, italiano, inglés, sueco, portugués, etcétera).

Su concepción de la filosofía es unitaria y enciclopédica, ya que ha desplegado sus principales ideas en campos tan distintos como la ética, la reflexión cívico-política, la estética, la filosofía de la religión, la reflexión histórico-filosófica y la ontología. Puede decirse que ha abordado prácticamente casi todos los campos por donde la filosofía puede desplegarse. Pero sus ámbitos preferenciales han sido, sobre todo, la filosofía del arte y la estética, por una parte; y, sobre todo en los últimos años, la filosofía de la religión. De todos modos ha intentado siempre que todo ello derivara de una concepción propia y personal de la filosofía, de orientación ontológica, que suele ser identificada y reconocida como “filosofía del límite” (sobre todo en su producción escrita y en su desarrollo docente a partir de mediados de los años ochenta).

En su obra se despliega un amplísimo arsenal de referencias y reflexiones en el que circulan todas las artes (desde la arquitectura a la música, de la literatura al cine, de la escultura a la pintura) y también toda suerte de referencias religioso-espirituales (de lo que dan prueba sus libros consagrados a la “filosofía de la religión”, como “La edad del espíritu” y “Pensar la religión”), y de reflexiones histórico-filosóficas (donde sobre todo destacan sus grandes maestros históricos, que son Platón, Hegel y Nietzsche, sin dejar de referirse también a Kant, a Wittgenstein o a Heidegger.