María Angustias Carrillo y Francisco Ortega Carrascosa

“Interpretación simbólica de la geografía”

A lo largo del primer trimestre de 2016, el I.I. Hermes organizó en el Palacio de Abrantes de Granada el I Ciclo de Seminario bajo el título “Simbolismo en la ciudad”, que constó de 3 conferencias que se completaron con una visita guiada a la Alhambra.
La primera de ellas fue dictada por el D.N. del I.I. Hermes en España Manuel Ruiz, bajo el título “Interpretación simbólica de la geografía”. El conferenciante se centró en primer lugar en aclarar  conceptos sobre la definición de “geografía” y especialmente la que se ha dado en llamar “geografía sagrada” o “geografía simbólica”, la que es capaz de relacionarnos y conectarnos con esa otra realidad invisible que los seres  humanos sólo podemos percibir interiormente a través de nuestro mundo mental y espiritual. No se trata de una realidad material ni tangible, pero todos sabemos que está ahí, que existe realmente, ya que podemos percibirla en nuestro interior, a pesar de que no siempre seamos capaces de explicarla a través del lenguaje oral. La importancia de la geografía simbólica es que nos ofrece todo un mundo de realidades trascendentes que la humanidad  va descubriendo ahora a través de la arqueología y el estudio de las tradiciones de todos los pueblos, lo cual nos aporta una riqueza extraordinaria desde el punto de vista antropológico para conocernos mejor a nosotros mismos y conocer la historia de la humanidad.

ManuelEl estudio de la geografía simbólica nos permite encontrar en las ciudades un orden y un sentido que sus habitantes supieron darle para organizar sus estructuras de convivencia familiar, civil y religiosa. Los seres humanos, incluso antes de nuestra existencia como “homo sapiens”, ya éramos capaces de utilizar la imaginación, éramos todos “homo simbólicus”, esto es algo que nos distingue de los animales, y hoy en día hay evidencias arqueológicas y antropológicas de que esta capacidad la teníamos desarrollada desde hace millones de años. El lenguaje de los símbolos es así una capacidad que nos permite expresar una serie de ideas y experiencias inenarrables, como puede ser un sentimiento amoroso, un sentimiento de identidad, un sentimiento de vínculo con lo eterno, con lo sagrado, con lo que da sentido a nuestra vida. Este algo indecible e intangible lo vinculamos a imágenes que podemos crear en nuestro mundo mental y guardarlas en el “archivo” de nuestra memoria para reproducirlas cada vez que  queramos o necesitemos recrear ese sentimiento o esa experiencia vivida.
En definitiva, en todas las ciudades y pueblos ha habido y existen lugares que simbolizan esencialmente estados del ser, centros espirituales que señalan determinados puntos en el espacio geográfico, consagrados por la manifestación de un poder divino que comunica su energía espiritual y convierte ese espacio en algo trascendente y significativo, en armonía con el espacio celeste y las energías cósmicas.

“Viaje al corazón simbólico de la Alhambra”

La segunda conferencia, titulada “Viaje al corazón simbólico de la Alhambra” estuvo a cargo del Dr. Harry Costin. La Alhambra, además de ser considerado el espacio más bello del arte hispanomusulmán, es el resultado admirable y armónico de diversos y múltiples órdenes arquitectónicos de un carácter alquímico.

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En su conjunto, la Alhambra era una alcazaba (fortín), un alcázar (palacio) y una pequeña medina (ciudad) con su mezquita incluida. El agua que corre abundante y cantarina por sus acequias o  refleja en sus fuentes y  estanques las imágenes que le rodean, tiene un papel muy importante en todo el recinto: cuando camina a ambos lados de sus paseos o por los riachuelos de los palacios, simboliza la vitalidad  y la renovación constante de la vida y, cuando está estancada, es un espejo que refleja la estabilidad engañosa de la realidad que percibimos por los sentidos, la fragilidad de esa “realidad visible” que no puede ser considerada como tal, ya que cualquier leve movimiento la altera y descompone.
“La Alhambra, como una esfinge del pasado, nos está diciendo que lo irreal, lo casi incorpóreo y levitante, deja de serlo sometido a la armonía de los números y al silencio de las formas perfectas en ritmo, proporción y vibración”, decía el conferenciante, citando a Antonio Enrique en su “Tratado de la Alhambra hermética”.
La Alhambra, el gran monumento emblemático de la ciudad de Granada, tiene un significado esotérico que impregna toda la construcción de un sentimiento simbólico y sagrado y hace hablar, por sí mismos, a sus elementos artísticos a través de la  poesía inscrita en sus paredes, arcos y fuentes. Tres han sido los poetas que han dejado allí su huella: Ibn al-Yayyab, Ibn al-Jatib e Ibn Zamrak. Junto a las alabanzas a los reyes constructores, Yusuf I y Muhammad V, los arquitectos de la Alhambra han plasmado sus emociones religiosas en inscripciones que reproducen suras coránicos en los lugares clave de los palacios. Sobre el trono real está inscrita la Sura del Alba, para preservar al rey de la envidia. Bajo la cúpula celeste que cubre el Salón se extiende la Sura del Dominio, que habla de Allah como Creador e incita al creyente a contemplar la Creación y meditar con ella. Y por todas partes se repite incansablemente una inscripción con el lema de los reyes nazaríes: “¡Sólo Allah es el Vencedor!”

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Hay un mito muy conocido y popular que habla de “la llave y la mano”. Se trata de la “Mano de Fátima” que aparece tallada en la dovela central de la Puerta de la Justicia, precediendo a la llave esculpida en el segundo arco de ingreso al palacio. Se dice que la magnífica construcción fue levantada por obra de la magia y que desaparecerá por los mismos efectos “cuando la mano coja la llave”. Entonces el edificio se derrumbará y entre sus escombros aparecerán los tesoros ocultos en la base de su construcción. Lo dijo el poeta Álvarez de Cienfuegos: “Y abierta ha de quedar la mano hasta que al cabo se apodere de la llave y en escombros la Alhambra se convierta”.  El simbolismo del mito nos sirve para orientarnos en el concepto de que cuando somos capaces de dominar la materia, representada por la mano, nos abrimos paso hacia el tesoro de nuestro mundo espiritual custodiado por la llave, o sea que, para abrir la Puerta de los Misterios, para penetrar en el interior de nosotros mismos, necesitamos de la mano y de la llave. La palma de la mano derecha abierta hacia fuera, tal como está representada aquí, simboliza la paz, la dación permanente, el servicio cotidiano de entrega inegoísta desapegándonos de la materia, un trabajo que nos va a conducir a alcanzar la llave y penetrar en la cámara del tesoro escondido que mora en cada uno de nosotros.

“Visita guiada a la Alhambra simbólica”

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En la posterior visita guiada a la Alhambra, el grupo estuvo dirigido también por el profesor Harry Costin, y el guía profesional José Esturillo,
que continuaron sus explicaciones a lo largo de todo el recorrido. El palacio nazarí está dividido en tres espacios fundamentales:
1) El Mexuar, donde se reunía la Sura o Consejo de Ministros, era donde el sultán impartía justicia. Todos los súbditos podían ser recibidos aquí por la autoridad máxima los lunes y los jueves por la mañana. Entre las radicales modificaciones posteriores de la sala destaca por su curiosidad la del friso epigráfico de yesería que discurre por encima del zócalo alicatado; procedente del desaparecido Pórtico del Patio de Machuca se colocó en el Mexuar por artesanos moriscos, en lugar de las típicas almenillas, con una clara intención simbólica: “El Reino es de Dios. La fuerza es de Dios. La Gloria es de Dios”. Esta inscripción venía a reemplazar a las jaculatorias cristianas: “Christus regnat. Christus vincit. Christus impera”. Aquí se encuentran símbolos tanto de Carlos V -como el águila bicéfala o el “Plus ultra”-, como el lema de la dinastía nazarí “Sólo Allah es vencedor”.
El segundo espacio es el Serrallo, que correspondía a la administración pública. Aquí es Allah quien pone orden y justicia. Consta del Patio de los Arrayanes y el Palacio de Comares, unidos por la Sala de la Barca. Las aguas del gran estanque del patio, flanqueadas por las dos anchas hileras de arrayanes que le dan nombre, reflejan magníficamente, como un gran espejo, la fachada del célebre palacio. Separando ambos recintos se encuentra la Sala de la Barca, antesala al salón del trono y oratorio (barca es aquí una degeneración de la palabra “baraka”, que significa “bendición”). Los muros de esta alargada sala presentan ricas yeserías con el escudo nazarí y, dentro de él, la palabra “baraka” da la bienvenida a los visitantes que llegaban para rendir homenaje al sultán en el Salón de Embajadores. Éste es el más famoso de los salones, el corazón de la Alhambra: se trata de un gran cuadrado con tres arcos en cada uno de sus lados (12 en total), coronado por una cúpula en la que están representados los siete cielos y cuyo centro octogonal  es el Sol.
El tercer espacio es el Harem (zona privada), cuyo centro es el mundialmente célebre Patio de los Leones. Su nombre procede de los doce leones surtidores de la fuente que ocupa el centro del patio y sobre los que descansa la gran taza de forma octogonal, de mármol blanco (de nuevo el 12 y el 8…). Esta fuente es una de las más importantes muestras de la escultura musulmana. En el borde de la taza, se encuentra esculpido un poema de Ibn Zamrak dedicado a lla. El Patio de los Leones simula una especie de oasis, rodeado de estilizadas columnas desproporcionadamente finas como palmeras en medio del desierto que comunican con el cielo, y donde mana abundante el agua que se centra en su famosa fuente como un mar de bronce y fluye hacia los lados semejando a los cuatro ríos del paraíso. Los dos centros de los lados más largos del patio tienen arcos de medio punto mayores que el resto y comunican con la Sala de los Abencerrajes y la Sala de Dos Hermanas. Detrás de ésta se pueden distinguir los aposentos de las mujeres del sultán que constituían su harén. La decoración de yesería de la Sala de Dos Hermanas cubre por completo los muros, culminando en la que es sin duda la obra maestra del recinto: una cúpula de mocárabes que, a partir de una estrella central, se desarrollan mediante el conocido teorema de Pitágoras. La iluminación ha sido perfectamente estudiada, mediante la abertura de ventanitas laterales, convirtiendo la cúpula en una preciosa flor de una riqueza exquisita, que Ibn Zamrak ya dejó recogida en un poema del que podemos encontrar un fragmento sobre un zócalo de azulejos con irisaciones metálicas. Según el escritor Antonio Enrique, “En la Sala de Dos Hermanas el ideal hermético, unido al efecto de transparencia y equilibrio, alcanza el cénit de perfección más señero de nuestra Alhambra”,
Terminó esta visita en el Palacio de Carlos V, un precioso edificio renacentista diseñado por Pedro Machuca en 1526, con un sorprendente patio circular rodeado por dos galerías superpuestas, donde cada año se dan cita las mejores orquestas del mundo dentro del Festival Internacional de Música y Danza de Granada desde su fundación en 1941

“Estructuras simbólicas de la ciudad de Granada”
¿Cómo interpretar simbólicamente una ciudad? ¿Cuáles podrían ser las causas que generan sus símbolos y cómo se generaron? En la tercera y última conferencia que cerró este seminario con el título de “Estructuras simbólicas de la ciudad de Granada”, la Dra. Mª Dolores F.-Fígares se refirió a los valores más profundos que permitieron el nacimiento de la ciudad de Granada y cuál ha sido el valor que le ha dado la historia a estos símbolos. La ciudad no es sólo un tramo urbanístico, su verdadero valor lo constituye su doble, es decir, su alma: lo social y lo cultural, plagado de secretos, misterios, leyendas… El imaginario colectivo de sus habitantes está lleno de historias que la sociedad necesita y ubica en unos lugares clave que le recuerden sus orígenes y den sentido a su vida.

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Granada posee un enclave que sugiere comparaciones con otras importantes urbes. Sin ir más lejos, y al igual que Roma, la ciudad está rodeada de siete colinas y regada por dos ríos. Su nombre hace referencia no sólo al fruto de la granada, símbolo de fertilidad, sino también a su forma en el espacio, semejante a un vientre cósmico generador y dador de vida. La ciudad es comparable a aquellas  antiguas urbes que, durante su esplendor en tiempos pretéritos, constituyeron el eje y el centro del mundo conocido, como lo fueron Delfos  en Grecia o Cuzco en Perú. Granada es, astral y geológicamente, un enclave magnético cuyos efectos puede percibirlos cualquier viajero que se acerque a ella con sensibilidad y respeto.

El origen de Granada parece misterioso. Muchos de sus rincones están envueltos en leyendas y fábulas que la han convertido en una ciudad mágica. Se han elaborado las teorías más increíbles, desde remontar su creación al bíblico Noé y a su nieto Túbal, pasando por Hércules y otros personajes mitológicos, hasta distintas civilizaciones mediterráneas de la antigüedad que arribaban a nuestras costas. Una de las historias más bonitas y menos conocidas que, entre tantas suposiciones, dio origen a la ciudad y al nombre de Granada, se la debemos a nuestro buen Rey Alfonso X el Sabio. Está recogida en una curiosa publicación de 1608 del granadino Francisco Bermúdez de Pedraza titulada “Antigüedad y excelencias de Granada”.
Enclavada en una envidiable situación dentro del oriente andaluz, Granada es un lugar muy especial, tanto desde lo que se consideran como puntos de energía telúricas, como por lo inusual de su situación geográfica, que contiene, con muy pocos kilómetros de diferencia, el punto más alto de la Península, frío y de nieves perpetuas, y la costa mediterránea, templada y sureña, cargada de ricos frutos tropicales. Su luz posee una gradación única que atrae irremisiblemente a pintores y artistas, espíritus sensibles que llegan de todo el mundo, seducidos por esa sabia superposición de culturas que ocultan a los ojos  del profano la belleza de sus recónditos rincones apenas transitados, pero que el entendido localiza y capta enseguida. Nada hace sospechar que, tras esos humildes muros encalados por los que se escapan deliciosos perfumes de azahar, de jazmines o makasar, cuando se pasea despacito por el Albaicín, pausadamente, disfrutando a la vuelta de cualquier esquina de vistas siempre distintas de la Alhambra que se alza enfrente, majestuosa y coronada de torres como una reina, existan los más bellos cármenes  con sus íntimos patios y jardines; o que, tras los ladrillos rojizos de  la Alhambra, se esconda el más exquisito palacio nazarí que imaginarse pueda. Clave de esa riqueza de tonos de luz puede que sea su Sierra Nevada que, reflejando en su blanquísima y brillante nieve los rayos dorados del Sol, ilumina caprichosamente de tonos rosados y violetas la ciudad y los recintos de la Alhambra.

Por eso Granada y, aún más, su Alhambra, es mágica y sacra. Porque integra la maravillosa coalición de las fortalezas del espíritu que los pueblos de la antigüedad significaron en las torres que ceñían las simbólicas coronas de las diosas madres, nutricias y generadoras, que todos los pueblos de la antigüedad adoraron como símbolo de dación y entrega generosa de sus hijos al mundo. Granada es como un gran vientre cósmico generador y dador de vida, rodeada de montañas que la abrazan y protegen de agresiones externas, que la hacen íntima e introvertida, siempre vigilada  desde las atalayas de la Alhambra que, como un gran barco cuya proa es la Torre de la Vela, se mantiene  siempre erguida y a flote marcando la dirección y la meta.