Ana Díaz
Las fuentes fundamentales en las que se basan todos los estudios sobre Isis y Osiris provienen de Plutarco. Sorprende la modernidad del pensamiento de Plutarco, y su total coincidencia con las tesis de partida de la Doctrina Secreta acerca de la existencia de una Religión Universal. Realmente, Plutarco habla como un auténtico iniciado, no solo en los misterios de Isis, sino también, seguramente, en los de Eleusis.
Este trabajo se centra en hacer una ilustración acerca de la influencia del culto isíaco en el imperio romano sobre el cristianismo y el culto a la Virgen María.
Para terminar, se ofrece uno de los himnos a Isis, encontrado en 1925 en el santuario de Isis de la acrópolis de Cime (Eólide, Asia Menor).
Evolución del culto a Isis
Si bien es cierto que podemos reunir todas las diosas egipcias como aspectos diferentes de una única diosa, hay algunas características que son propias de Isis, aunque con frecuencia asuma también los atributos de Hathor o de Maat.
El característico tocado en forma de trono, que da nombre a la diosa, la relaciona con el gobierno y el poder de Egipto. A través del mito vemos que Isis es la que transmite el poder de Osiris, el rey muerto por Seth, a su hijo Horus. Es la madre del Rey-Dios Horus.
Y otra característica que la diferencia de las otras diosas es su relación con la magia. Ella es la portadora de la Llave de la Vida, y es la que ata y desata, con su Nudo, el mundo terrestre con el mundo celeste. Es la diosa de los Misterios.

Las formas más características de sus representaciones son:
Pero Isis no tendrá ningún templo dedicado a ella (al menos no se ha encontrado ninguno) hasta la época helenística. En los Imperios Medio y Nuevo aparece siempre ligada a los cultos de Osiris y Horus, con los que forma la Tríada más importante, pero no parece que recibiera cultos de manera individual hasta la dinastía de los Lágidas, a partir del siglo IV a.C. El templo más importante fue el de Philae.
Y es a partir del helenismo que su figura se va a potenciar de una manera espectacular.
Ya hemos estudiado las causas de este auge de los cultos isíacos fuera de Egipto en esta época: el parecido simbólico entre Isis y Deméter va a provocar una muy buena acogida por parte de los griegos (siempre reacios a aceptar la influencia de extranjeros) y una buena disposición hacia el sincretismo. Y, a diferencia de los egipcios, siempre concentrados sobre sí mismos, en torno al Nilo terrestre, reflejo del Nilo celeste, y reacios a expandirse a otras zonas del mundo, los griegos están volcados no solo al comercio por el mar Mediterráneo, sino también a la expansión de su cultura. Y es con ellos que el culto a Isis traspasará las fronteras del desierto e incluso se convertirá en la diosa marítima (Isis Pelagia), patrona y protectora de los marineros.
Con los griegos Isis conquistará el Mediterráneo Oriental, pero con los romanos llegará hasta los límites del Imperio, habiéndose encontrado santuarios a Isis incluso en Inglaterra, a pesar del celo de los emperadores más conservadores en potenciar su religión original.
Durante el imperio romano las representaciones de Isis se romanizan, pero conservando sus atributos, como vemos en la imagen de Isis con el sistro. Es interesante el símbolo de la vasija con el agua del Nilo, que representa a Osiris, ya que el propio río podría encontrarse muy lejos.

La imagen de Isis amamantando a Horus (o a Harpócrates) tiene una impronta enorme, que va a impactar de manera fundamental a la naciente religión cristiana. En los siglos III, IV y V, en los que el cristianismo se va expandiendo, en fiera competencia con los misterios isíacos y mitraicos, las características de Isis como “madre de Dios” la convierten en el modelo ideal para representar a la Virgen María, con la diferencia, marcada en el concilio de Éfeso (431 d.C.) de que María no es una diosa, sino una mujer, la cual dará a Jesús su condición humana, frente a la condición divina del Padre. Esta imagen inspirará innumerables representaciones de “la Virgen de la Leche”, como se representará a María hasta la Contrarreforma, en que se prohíbe representar los pechos de la Virgen.
Pero no es esta imagen de madre la única que la Virgen María tomará de Isis: la Isis Pelagia se transformará también en la Virgen del Carmen, la virgen marinera, patrona de los marineros y pescadores, que procesiona desde el mar en todas las ciudades marineras de España. Fijémonos cómo en la Virgen del Carmen el Cuerno de la Abundancia de Isis es sustituido por el niño Jesús, que en el cristianismo es la única fuente de fortuna, y el timón por un escapulario, que será la guía para el buen cristiano.
Y también podemos relacionar con Isis a la Virgen Dolorosa, que llora la muerte de su hijo, como Isis llora la muerte de Osiris. Ambos resucitarán después, celebrando los ciclos de muerte y renacimiento de la naturaleza y el hombre. Y en las celebraciones de la Semana Santa, en la primera luna llena después del equinoccio de la primavera, todas las cofradías, que podrían ser muy bien las herederas de las comunidades devotas de Isis, sacan en procesión tanto al Cristo que muere y resucita, como a su virgen madre, María. Es muy interesante constatar que en aquellas antiguas cofradías isíacas las mujeres no podían participar como sacerdotisas, pero sí como devotas, siendo las que portaban las antorchas, de la misma manera que en las procesiones actuales las mujeres, de mantilla y negro absoluto, acompañan a los penitentes portando las velas.

Los himnos a Isis que se han conservado son muy modernos y, aunque el contenido es muy egipcio, los eruditos interpretan que fueron elaborados por devotos griegos, o al menos muy influenciados por ellos. Se llama estos tipos de himnos “aretalogios”, en los cuales se narran los hechos milagrosos y prodigiosos de un dios. En el caso de Isis, los himnos conservados (16) parecen responder a un mismo patrón, que podría ser mucho más antiguo, aunque con diferencias entre ellos.
El de Cime, encontrado en el santuario a Isis de su acrópolis, no es el más antiguo, pero sí el más completo. Comienza diciendo:
“Demetrio, hijo de Artemidoro, también llamado Traseas, de Magnesia del Meandro, oración a Isis. La copió de una estela de Menfis, que estaba junto al templo de Hefesto”. Pero Elena Muñiz Grijalvo, que recopila los himnos, los traduce y comenta en la obra “Himnos a Isis” (Trotta, Publicaciones y Ediciones de la Universidad de Barcelona, 2006) pone en duda lo que el autor de la inscripción dice, atribuyéndole a él la autoría. Sin embargo, el que todos los himnos encontrados tengan un esquema común, que en ellos (en la mayoría) sea la misma diosa la que se dirige a los hombres hablando de sus obras y poderes, y que en lugar de en verso se encuentren escritos en prosa, debería hacernos pensar que son, efectivamente, de origen egipcio, aunque traducidos por helenos. Al traducirse, puede haber diferentes formas de expresar cosas parecidas (si leemos el Tao Te King chino de diferentes traductores nos pueden parecer tratados distintos, con una base común), y desde luego se pierde también la rima. Además, la estructura de los párrafos (o frases, pues no son versos) parece un tanto caótica, como si se hubieran traducido de los jeroglíficos, pero no en el orden correcto.
Podemos distinguir en el himno como tres apartados, aunque un tanto mezclados:
… Lo que pienso, se cumple. Todo el mundo me obedece…
… Yo separé la tierra del cielo, establecí los caminos de las estrellas, del sol, la luna…
Describe un poder cosmogónico, concentrando en sus manos los poderes de los demás. En las cosmogonías egipcias estos poderes aparecen ligadas sobre todo a divinidades solares masculinas, pero aquí Isis asume el poder absoluto.
1º La escritura y el lenguaje;
2º Las leyes y la Justicia;
3º El orden sexual y familiar;
4º La navegación;
5º El culto religioso;
6º La agricultura;
7º El urbanismo.
Si leemos los himnos de Salónica podemos apreciar lo del “patrón común” que los une.
Isis y Osiris, Plutarco. Ediciones Obelisco, 1997
Geografía Sagrada del Egipto Antiguo, Fernando Schwarz. Errepar, 1996.
Himnos a Isis, Elena Muñiz Grijalvo. Trotta, Publicaciones y ediciones de la Universidad de Barcelona.
Procedencia de las fotos: la autora