Fernand Schwarz

Las últimas investigaciones en paleo antropología y arqueología ponen en duda un buen número de certezas que teníamos sobre la evolución del hombre y de la sociedad humana.

Por lo que a la escritura se refiere, estábamos convencidos que las primeras databan de 5.000 años en Sumeria y en Egipto, pero en marzo de 2010 se han descubierto inscripciones de 60.000 años de antigüedad, grabadas en cascarones de huevos de avestruz que revelan una « escritura » paleolítica en África del Sur en el sitio de Diepkloof.

Genevieve von Petzinger ha abierto una nueva vía de investigación. Poner en evidencia la utilización continua de 26 signos sobre más de 20.000 años y su difusión geográfica constituye una verdadera sorpresa. Más del 70% de esos signos habían sido utilizados con regularidad hace 30.000 años. Algunos parecen universales: puntos, líneas, cruces, espirales o zig-zag en todos los continentes, desde Europa hasta Australia. Otros, más elaborados, habrían sido introducidos localmente en épocas mas tardías, como por ejemplo el signo tectiforme (en forma de techo), típico del Sur-oeste de Francia.

Según Genevieve von Petzinger, el hecho que un corpus de signos haya sido bien establecido hace 30.000 años indicaría un origen más antiguo, que ella sitúa en África: « se han encontrado allí objetos decorados de hace 50.000 a 70.000 años, que atestiguan ya de un pensamiento complejo y creativo ». Lo que ha sido confirmado con el reciente descubrimiento en el sitio de Diepkloof.

Se creía también que la ciudad había precedido el nacimiento de los templos. Pero el hallazgo del templo de Göbekli Tepe en la actual Turquía, de más de 11.000 años, demuestra lo contrario, es decir que las estructuras sociales complejas aparecieron mucho antes de lo que nos imaginábamos y que no son sólo un atributo de las estructuras urbanas.

Una revolución en la evolución

Probablemente el cuestionamiento más importante es el que se refiere a la especie humana en si. Hasta ahora se pensaba que solamente existía una especie Homo, pero en los últimos años otras formas de especie humana, algunos hasta llegan a hablar de « humanidades », han sido descubiertos.

Hasta hoy sólo se admitía el homo neanderthalensis que se situaba entre 500.000 y 28.000 años. En 2003 se encontró el homo floriensis en la isla de Florés, y
recientemente en Siberia, el homo denisova, aun más antiguo que el homo neanderthalensis de un millón de años.

Nosotros somos hoy en día los únicos sobrevivientes de esta familia que apareció, según la ciencia, hace unos 200.000 años.

A pesar de las aparentes diferencias que descubrimos en todo el planeta entre los hombres y mujeres, pertenecemos todos a la especie actual homo sapiens. Llevamos todos en nuestros genes, como lo demuestran los últimos descubrimientos, una parte de los demás.

Los paleo antropólogos, gracias a los recientes hallazgos de homínidos((Homínidos: familia de mamíferos primates que incluyen los grandes monos (paninos) y la línea humana (homininos) de los que solo queda hoy la especie sapiens.)): Toumaï en 2001 en Chad (7 millones de años), Orrorin (6 millones de años) en Kenia en 2000, Ardipithecus, entre 5,8 y 4,4 millones de años en Etiopia y en 2009 Ardipithecus ramidus (4,4 millones de años), han permitido que se trazara un perfil de lo que se llama « el ultimo ancestro común » (UAC) antes de la separación, hace unos 8 a 7 millones de años, de los homínidos entre los homininos((Homininos: Subfamilia de primates de la familia Hominidae. Incluye tanto al Homo sapiens y sus
parientes extintos, como también a los gorilas y chimpancés)) que seguirán la línea de evolución humana, y los paninos y gorilinos que desarrollarán la evolución de futuros chimpancés, bonobos y gorilas respectivamente.

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Aunque no se hayan encontrado restos, gracias al estudio de los fósiles de homininos citados precedentemente y de los paninos y gorilinos, los investigadores han llegado a la conclusión que el escenario evolutivo al que nos habíamos acostumbrado desde el fin del siglo XIX está perimido(( Perimido = obsoleto, anticuado.)) El ancestro de la humanidad se sitúa ahora hacia ocho millones de años. Su morfología se precisa con los últimos descubrimientos: aunque tenga características simias, estaba erguido.

Algunos paleontólogos, como el Profesor Brigitte Senout, abogan por unas fechas más antiguas, alrededor de 10 a 12 millones de años. ¡Encontró un chimpancé muy parecido al actual, de unos 6 a 11 millones de años! Lo que pone en causa la fecha establecida por los estudios hechos a partir del reloj molecular de la separación de los homínidos en primates y homininos.
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¿Por qué tanta diferencia en estos estudios? Los científicos que estudian los genes han realizado un reloj molecular que mide el tiempo contando la aparición de mutaciones en el genoma. Ahora bien, esas mutaciones no se producen con regularidad: un grupo en vías de extinción mutando poco ya no está calibrado por el reloj. Visto la reducción del número de especies de los grandes monos (de 156 en el mioceno a unos cuantos actualmente), se puede decir que este grupo se está extinguiendo; además, mientras que son los fósiles que calibran esos relojes, algunos muy antiguos faltan. Así el reloj es probablemente falso y trabajamos actualmente con unas “medias” que pueden cambiar hacia fechas más remotas, cuando se encuentren especimenes más arcaicos.

Nuestro ancestro era bípedo

Se pensaba desde hace tiempo que el UAC debía parecerse al chimpancé. En realidad se acerca más a la línea homo. Estamos dándonos cuenta que cierto número de atributos y funciones que van apareciendo en especies más « modernas » ya existen en especimenes más arcaicos.

Es la rama de los homininos que ha conservado esos rasgos arcaicos y no la de los paninos (grandes monos) que quitaron en un momento dado la rama común. Los
paninos se han especializado volviéndose cuadrumanos (sus pies son prensiles, pueden agarrarse a las ramas como lo hace una mano) mientras que nuestros ancestros más 3 Perimido = obsoleto, anticuado. lejanos como Toumai y Orrorin no lo eran, ni tampoco los más antiguos primates que
existen desde hace cincuenta millones de años. ¡Se trata de una especialización tardía!

Por lo cual podríamos decir que el bipedismo apareció antes del hombre, puesto que nuestro ancestro común era bípedo. Es lo que ha llevado la revista americana “Science” a publicar un estudio en el mes de octubre 2009((Reexamining Human Origins in Light of Ardipithecus ramidus, C Owen Lovejoy.)) que nos obliga a abandonar la idea que nos hacíamos sobre la evolución humana.

Toumai, el más antiguo pre humano, con sus 7 millones de años, es conocido sólo por su cráneo pero la posición muy interior del hueco occipital (donde se inserta la columna vertebral) y el plano de la nuca inclinado hacia adelante implican una posición erguida; en los chimpancés que andan encorvados, el hueco occipital está más hacia atrás y el plano de la nuca está más enderezado.

En Orrorin, que le sigue de cerca, 6 millones de años, es su fémur largo y enderezado, que recuerda el nuestro, lo que atestigua del bipedismo.

Todos los primeros homínidos que se descubrieron son arborícolas y bípedos, constata Brigitte Senut, co-descubridora de Orrorin, profesor del Museo de Historia Natural(( Science et Vie, junio 2010, dossier « d’où venons-nous? »))

En abril 2010 el paleo antropólogo Lee Berger Witwatersrand de África del Sur, anuncia el descubrimiento de un australopiteco desconocido australopitecus sediba,
antiguo de 2 millones de años. Aunque su silueta sea aun maciza y sus brazos largos, ya tiene una pelvis increíblemente parecida al del homo sapiens, indispensable para caminar y correr. Se pensaba que este tipo de características era propio al homo sapiens.

Para el lejano ancestro común, que era bípedo, bajar hasta el suelo y ponerse a andar con cuatro patas no era natural. Le era más fácil estar erguido para caminar.

Ardi ya tenía pies planos y el pulgar oponible, lo que ha sorprendido a todo el mundo. Los australopitecos tenían una forma de andar y un pie sin duda muy parecidos a los nuestros. Orrorin, más antiguo, posee una mano con un pulgar que es humano.

Se pensaba que la disimetría con la falange terminal en espátula no podía asociarse con la manipulación de herramientas. Otros rasgos llamados primitivos han sido
conservados por nuestra familia y perdidos por los chimpancés, como por ejemplo la faz plana, que aparece ya en el retrato robot del UAC y en Toumai.

Por lo tanto, el ancestro común tiene una mano polivalente como la nuestra, al revés del chimpancés cuya mano es más larga y rígida por apoyarse sobre ella para desplazarse por el suelo y mucho más especializada que la nuestra.

Por su lado, la investigadora del CNRS, Yvette Deloison, apoyándose sobre los estudios de anatomía de nuestros ancestros pero también de los grandes monos, llega a las conclusiones siguientes: la mano humana nunca ha sido una pata. Es mucho más primitiva que la de los grandes monos. El pié humano al contrario está especializado para la marcha bípeda. Es la razón por la cual Yvette Deloison propone un ancestro dotado de una actitud bípeda erguida, el proto hominoide((Publicado en la revista Biométrie humaine et anthropologie, 1999, p 147-150. Leer del mismo autor La préhistoire du piéton, Plon, 2004.)). En efecto, la marcha del UAC es bípeda, contrariamente al la del chimpancé. La forma de su pie tiene todos los dedos en el mismo eje, como nosotros, aunque algunos piensan que ha podido tener un pulgar oponible como los chimpancés.
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Pascal Picq, paleo antropólogo en el College de France, había declarado((France Inter, 10 agosto 2003.)): «… el bipedismo y los bípedos son probablemente más antiguos de lo que se piensa… yo había establecido la hipótesis que… el bipedismo es ancestral».

Entonces no es, como lo afirmaba André Leroi-Gourhan, el hecho que el hombre ha liberado su mano del suelo que puede explicar el desarrollo del lenguaje ni de su inteligencia. Leroi-Gourhan explicaba la evolución humana por tres liberaciones: la de la mano por la herramienta, la de la cara por el lenguaje y la de la cabeza por la inteligencia. Este esquema se ha cuestionado. No nos encontramos frente a una
evolución linear y gradual como lo pensaban los investigadores materialistas.

Marc Groenen, profesor de prehistoria y filosofía de las ciencias en la Universidad libre de Bruselas(( Ver obras de Marc Groenen: Introducción a la prehistoria, elipses 2009 y El paleolítico, ideas preconcebidas, Le cavalier bleu, 2008.)) explica que la cuestión de los orígenes es difícil de comprender, salvo si se la considera en términos de finalidad. Confirma que el bipedismo surge primero en el caso del hombre y que la evolución de la especie viene después, como una especialización. La gran pregunta, como lo señala Marc Groenen, es que el mundo humano precede los elementos, competencias técnicas o naturales sobre los que se apoya.

A nivel de los dientes, el esmalte de los molares es más espeso en el hombre que en los chimpancés pero los homininos antiguos también presentan este tipo de características, atestiguando de una alimentación más dura y abrasiva, es decir compuesta no solamente de frutas, por las cuales los chimpancés están muy atraídos.

Estos hallazgos ponen en causa la idea que es la modificación del entorno en África (desertificación, sabana, según la teoría del East Side Story de Yves Coppens) que
habría desencadenado el mecanismo de la verticalidad del hombre, porque los más antiguos ancestros, como Toumai, que fueron encontrados a 2.500 Km. al Oeste del Rift Valley en un entorno menos abierto que el de África oriental, invalidan esta hipótesis.

Hoy, el momento de la diferenciación a partir del UAC se está datando de 8 millones de años y se sospecha que anteriormente existía una línea de hominoides que hace 12 millones de años se separaron por un lado en póngidos que darían los orang-utang y por otro en homínidos de donde saldrían los homininos y los paninos.

Los grandes monos (chimpancés, bonobos…) en los que creímos ver la imagen de nuestro ancestro común son en realidad los descendientes lejanos de los primeros
hombres.

No se puede decir hoy, bajo ningún punto de vista, que el hombre desciende de un gran mono, sino en realidad todo lo contrario.