Síntesis realizada por Rosa Castillo y extraída de Alquimia y simbolismo de las catedrales (1990). Editorial NA, Valencia. 60 pp.

Todas las catedrales de Francia fueron dedicadas a Nôtre Dame. La Virgen se introdujo por la devoción que se le profesaba en el siglo XII: evoca la soberanía, la victoria, pero también la idea de encarnación. Ella simboliza la Naturaleza y hacia ella se dirige naturalmente la devoción de las multitudes, pero también las efusiones místicas de los monjes. Los teólogos que crearon el arte Gótico no representaban a Cristo como a un niño sino como a un Rey soberano del mundo que, subido en su trono, corona a la Virgen, su madre, pero también a su esposa, la iglesia.

El hombre gótico representado en la iconografía de las catedrales nace adulto, como la imagen de Cristo, del pensamiento divino.

La Catedral perpetúa una tradición en la Arquitectura y el Arte Sagrados.

Por su situación en la Île de la Cité y en el cruce de los dos grandes ejes Norte-Sur, Este-Oeste, Nôtre Dame aparece como un núcleo de la geografía sagrada de la capital.

Su construcción fue realizada en menos de dos siglos. Para dar una idea de las proporciones de la obra, tomemos como ejemplo las medidas de su estructura básica: 130 m. de longitud, 48 m. de anchura, 35 m. de altura en la nave y 69 m. en las torres.

La colocación de la primera piedra fue decidida por Mauricio de Sully, el rey Luis VII y el Papa Alejandro III en 1163; la obra estuvo completamente acabada en 1351.

Ø 1163 – Son puestos en obra los trabajos del coro y del ábside.

Ø 1165 – Se colocan los retratos de los fundadores en el Pórtico de santa Ana.

Ø 1182 – Se acaba el coro. Comienzan a levantarse el crucero y la nave.

Ø 1196 – La nave, a excepción de la techumbre, está acabada.

Ø 1200 – Comienzan los trabajos de la fachada occidental.

Ø 1207 – Las esculturas ornan los pórticos.

Ø 1220 – La fachada es levantada hasta la Galería de los Reyes.

Ø 1224 – Se acaba el rosetón de Occidente.

Ø 1230 – Comienza la reconstrucción de la nave. Son erigidos los arbotantes. Se insertan las capillas entre los contrafuertes exteriores de la nave.

Ø 1240 – Es acabada la torre sur. La galería superior de la torre norte se finaliza hacia 1244.

Ø 1250 – El Maestro de la Obra Juan de Chelles comienza las nuevas fachadas del crucero que durarán hasta 1258. La nave es reconstruida enteramente.

Ø 1265 – Pedro de Montreuil, el nuevo Maestro de Obra, comienza la construcción del Pórtico Rojo.

Ø 1270 – Se acaban las fachadas del crucero. Nuevas capillas y arbotantes del coro.

Ø 1300 – Bajo el episcopado de Matiffas de Bucy se construyeron las tres capillas del eje.

Ø 1318 – Pedro de Montreuil sucede a Juan de Chelles y acaba la decoración del exterior del ábside.

Ø 1320 – Juan Ravi construye los arbotantes del presbiterio (15m de vuelo). Trabaja en el tapiado del coro comenzado por Pedro de Chelles y continuado por Pedro Le Bouteillier.

Ø 1351 – Nôtre Dame está totalmente terminada.

Es interesante saber que los arbotantes se inventaron en París en el año 1180 para izar más arriba la nave de Nôtre Dame.

A partir de 1699 comienzan las destrucciones y mutilaciones de la Catedral: desde la galería de las gárgolas hasta la supresión del enlosado reemplazado por otro de mármol, y la masacre de las vidrieras en el siglo XVIII por los canónigos que se quejaban de la falta de luz. En 1771, Soufflot hace desaparecer el pilar central que dividía la gran puerta occidental en dos partes.

Finalmente, el Consejo de la Comuna decide que las esculturas religiosas son vestigios de la monarquía que es necesario destruir. Las estatuas de los santos son mutiladas, la aguja de la torre es abatida para ser transformada en balas de fusil.

La aguja estaba hecha en metal alquímico, seguramente una aleación de cobre, oro y plata, como la campana mayor, colocada durante el reinado de Luis XIV, hecha en cobre, oro, plata y bronce. Este tipo de aleación era realizado con metales preciosos, no solamente para mejorar la sonoridad sino porque la nobleza del metal recordaba al metal alquímico llamado “oricalco” que, según las tradiciones herméticas (Platón), se encontraba en su estado natural en la Atlántida y son los alquimistas quienes lo reconstituyen haciendo una aleación.

En 1871, Nôtre Dame es salvada por poco del incendio por los internos del Hospital que apagan la hoguera encendida en la nave por los comuneros.

Nôtre Dame tiene en aquel entonces el aspecto de una ruina venerable, cuando Viollet-le-Duc y su equipo, siguiendo la “ciencia de los Compañeros“, deciden volver a darle los trazados de la Edad Media. Desde las quimeras de las torres hasta el Pórtico del Juicio, admiramos ahora esta primavera del arte gótico, este “bosque-armadura”, esta flora de la Isla de Francia. En total 15.000 personas pueden reunirse en la catedral de París.

Fuerza y majestuosidad son los sentimientos que penetran inevitablemente a todos aquellos que la contemplan, pero el lenguaje medieval, la significación de la iconografía, la misma función del edificio, sus relaciones con el arte tradicional, la Geometría Sagrada, la Alquimia, ofrecen a todo “hombre de buena voluntad” una nueva etapa de comprensión.

Nôtre Dame, imagen del mundo

¿Cuál es la diferencia entre una serie de piedras apiladas las unas sobre las otras, marcadas por signos más o menos comprensibles y una catedral como Nôtre Dame de París? ¿De dónde procede esa resonancia, esa música silenciosa, ese ambiente luminoso, esa armonía interior?

La Catedral manifiesta una visión del mundo, una verticalidad que resuena a través de cada bajorrelieve, cada inscripción, cada vidriera. Tal como un asiento o cátedra, se aviene perfectamente al simbolismo de la montaña o de la isla. Está construida como una montaña sagrada que establece la alianza de lo alto y de lo bajo, del cielo y de la tierra, de lo divino y de lo humano.

En Nôtre Dame de París, como en muchas de las iglesias medievales, la nave y el coro forman un ángulo. El examen de ese coro deja aparecer una segunda orientación simbólica, pues su inclinación de veintitrés grados y medio sobre la paralela (del mismo valor que la inclinación del eje de los polos terrestres en la perpendicular a la eclíptica), corresponde a los puntos donde el Sol sale alrededor del 1 de noviembre y donde se oculta alrededor del 1 de mayo y del 15 de agosto. El templo cristiano se inscribe en el Universo del que es a la vez síntesis y expresión.

Cada parte de la Catedral posee cualidades comparables a las partes del cuerpo humano. El círculo absidial representa la cabeza; el cruce de la nave y del crucero, el corazón, la vida que late en el edificio; la fachada oeste, los pies del hombre cósmico. Según la acupuntura, la planta de los pies da una imagen reducida de las funciones y órganos del cuerpo humano. En la Catedral la fachada oeste reproduce las funciones y principios de toda la construcción. Los pies del hombre cósmico recuerdan también a aquellos del peregrino. Toda doctrina espiritual se opone a las manipulaciones y el neófito debe conocer antes de entrar en la “Vía”, el recorrido que deberá realizar. En la lectura de la fachada oeste, el profano es informado del contenido espiritual del recorrido iniciático que deberá efectuar en la Catedral. Así mismo, en la fachada oeste de Nôtre Dame de París se puede ver reflejados los tres mundos: el del espíritu o Cielo (bóvedas), el del Alma o Tierra y Atmósfera (suelo y columnas) y el del Cuerpo o Subterráneo (cripta).

La Catedral toma sus elementos del simbolismo vegetal: es el bosque mágico donde los árboles son las columnas, el coro, el claro o espacio abierto, el lugar donde se danza alrededor del fuego simbolizado por la piedra del altar. Su suelo es un damero, el camino que conduce al centro, después de haber vencido las pruebas, es el mundo del combate. La forma de su bóveda dibuja una barca invertida, la barca que navega en el espacio celeste lleno de estrellas como el manto de la Virgen.

Esta barca celeste está situada en un lugar privilegiado, pues está sobre una isla, la “Île de la Cité”, que interpreta a su vez el rol de barca. Como un Arca de Noé, Nôtre Dame se asienta sobre la isla. Esta idea, este símbolo de barca se encuentra en la divisa elegida por los Nautas de París en el siglo XIII: Fluctuat nec mergitur. Excavaciones emprendidas bajo Luis XIII sacaron a la luz bloques de un viejo monumento votivo representando a los Nautas de París -equipados de escudo galo-, ancestros de vendedores de agua que reaparecen en la Edad Media. Los bloques se encuentran actualmente en el museo de Cluny.

No olvidemos que el símbolo de París es un barco. Todo el edificio está concebido como un barco celeste donde se entroniza a la Virgen. Se encuentran representaciones de la Virgen sentada sobre un trono, como la diosa Isis, diosa egipcia de la navegación, llevando un niño que tiene entre sus manos “el genio del mundo”. Estas vírgenes simbolizan la primera manifestación del Universo; poseen en sí mismas -tal como el Vaso del Grial- a la vez el espíritu, la vida y el orden, principios contenidos en el niño adulto. Esta trinidad o triple característica se encuentra en la Catedral como el ritmo ternario del espíritu creador. La cripta, el suelo y la techumbre corresponden a las tres esferas o mundos, subterráneo, terrestre y celeste. Este mismo ritmo se repite en los tres pórticos y las tres naves sobre el plano horizontal y en las tres divisiones verticales de la fachada y de las columnatas interiores.

Así, Nôtre Dame es el vaso de resonancia del Verbo, la imagen del mundo donde se conjugan las potencias creadoras, una portadora del Agua y de la sustancia, la otra del orden y del “Logos”. Las nupcias del sonido y de la luz permitirán la transformación de la sustancia (o de sí mismo) en el interior de la Catedral que juega el papel del Grial del alquimista.

Los rosetones son transformadores de luz que polarizan, filtran y transmiten el espectro de colores. Las piedras son como nervios en los que los puntos de tensión, las llaves (claves) de la bóveda o piedras angulares, transportan el sonido. En estas dos nociones de tensión y de resonancia está contenido el estado de vibración de la materia.

La Catedral parece estar construida como un Universo en miniatura. Su esquema de base es un cubo al que se superpone una cúpula. El simbolismo del círculo y del cuadrado -muchas veces utilizado en los templos de las viejas civilizaciones- se vuelve a encontrar en el arco equivalente al semicírculo y en la cruz equivalente al cubo cubierto. La cruz representada en el suelo por la nave y el crucero, es dinámica por su orientación a los cuatro puntos cardinales. Está marcada con la ronda de las estaciones: la alternancia de solsticios y equinoccios.

Esta cruz cardinal terrestre engrana con la cruz celeste, vertical y polar. Pero estas dos cruces en realidad forman una sola: la cruz de tres dimensiones y seis ramas resumida en la dinámica ascensional de la flecha, situada en la intersección del crucero.

Es en este punto de intersección donde se encuentra el germen del mundo, el centro, el corazón de Cristo, el Dios encarnado. La cabeza de Cristo constituye el ábside, los brazos, el crucero, y el cuerpo, la nave. El ábside que cierra la Catedral tiene forma semicircular como la caja craneana. En el centro, por encima del altar se entroniza la Virgen que presenta al Niño, encarnando el movimiento de ascensión que debe elevar a la iglesia terrestre hacia el Cielo. En tanto que la Virgen primordial “virgo”, la que da a luz sin perder su propia naturaleza, es decir, sin alteración o corrupción, es la materia prima, ella es el gran punto de emanación; es la Virgen cuyos dedos se convierten en espigas o estrellas para dar nacimiento a las cosas.

Los puntos cardinales

Las iglesias están construidas generalmente siguiendo la dirección Este-Oeste, comenzando por el coro hacia la fachada, pero el caso de Nôtre Dame es único pues su construcción ha seguido la dirección contraria y una parte de la fachada oeste (el Pórtico de santa Ana) fue edificada al principio.

En la Catedral encarnan los cuatro puntos cardinales y los tres planos verticales. La construcción sigue el curso solar, el nacimiento y la muerte.

Aquel que penetra en la Catedral lo hace por el Oeste, punto de encarnación de la luz en la materia; el Sol es engullido por la Tierra a la que fecunda. El hombre entra en el lugar donde la luz, el espíritu, lo fecunda para transformar su inercia en actividad; en su materia impura surge una claridad.

En el Norte, mundo de los orígenes, del disolvente universal, las fuerzas vivas de la Naturaleza permitirán al hombre ser definitivamente purificado. Una chispa brota a medianoche; es la Obra en Negro.

Al Este, el corazón radiante, el punto de partida del mundo diferenciado, la estrella o chispa se convierte en punto de conciencia, luz dominada. Es el paso, la transición entre el mundo visible y el mundo invisible, el reflejo concretizado del Oeste.

En el Sur se cumple la expansión: es mediodía, la victoria sobre el tiempo; la chispa es una verdadera llama, es la Obra en Blanco centrada en la Naturaleza. Momento de estabilización, es el asentamiento del Cristo-Rey.

Una nueva conciencia se desarrolla en aquel que ha recorrido estas etapas. Provisto de esta llama que ha transmutado la materia, el Hombre-Sol llega al Oeste, último punto del ciclo, donde, en el cielo estrellado, se fundirá con el Cosmos: es la Obra en Rojo.

Los puntos cardinales dan dinamismo a la Catedral en el eje Este-Oeste, eje de la encarnación y en el eje Norte-Sur, eje del origen y del desarrollo.
A través de los mundos de vida y muerte, la encarnación, invisible en el Oeste, se tornará objetiva en el Este, donde se puede percibir la luz emanada. El punto original que ordena a priori la creación es el Norte, el estado caótico, el mundo genesíaco que estallará al Sur, el punto caliente, la creación ordenada y floreciente. El Este, punto de transición entre la noche y el día, entre la dualidad escondida y la dualidad aparente, es el alba, la disociación entre el orden caótico y cósmico. Es el mundo curvo que se abre en siete rayos como la palma de la oca.

La fachada oeste resume la alternancia de los principios que permiten la armonía por oposición, el triple pórtico: el del Juicio Final en el centro, el de santa Ana a la izquierda y el de la Virgen a la derecha.

Los dos pórticos laterales al del Juicio Final son las proyecciones respectivas de los puntos cardinales Norte y Sur: el Pórtico de santa Ana es el espejo del Norte mientras que el Pórtico de la Virgen es el espejo del Sur. En efecto, si la Virgen es la materia primordial, la pre-sustancia, el mundo subterráneo, santa Ana, es la pre-Naturaleza, la piedra sin tallar, la materia sin organizar. La materia desarrollada tiene por símbolo a la Virgen con el Niño, aquella que porta la rosa abierta sobre una cruz (la rosa-cruz) es la belleza encarnada, el florecimiento de la Naturaleza. El Pórtico de la Virgen representa el “sueño de la Virgen” en una misma imagen se han unido muerte y coronación, la dominación de la materia por el espíritu. El Pórtico de la Virgen simboliza los trabajos en relación con los doce meses del Zodiaco. El Pórtico de santa Ana muestra en el pilar central, la estatua de san Marcelo rodeada por escenas de la vida de la santa y de la Virgen, así como del nacimiento de Cristo.

El Pórtico de la Virgen nos presenta en una disposición vertical los signos del Zodiaco. Se encuentra alterado el orden. Leo sucede a Géminis, usurpando el lugar de Cáncer que ha sido desterrado al pilar opuesto. Con esta hábil traslocación el escultor nos muestra la conjunción alquímica del fermento filosófico, simbolizado por el león, con el compuesto mercurial. Esta unión se produciría bajo el signo de Géminis si la obra fuese empezada el primer mes del año.