Mª Dolores Fernández-Fígares

Diógenes Laercio atribuye el origen del sistema teosófico ecléctico al sacerdote Pot – Amum, nombre copto que significa “consagrado a Amón”, que en los primeros tiempos de la dinastía tolemaica, pudo influir en la instauración de un nuevo culto “ecléctico” que uniese a griegos y egipcios, fomentando la mutua aceptación. Se realiza una unión entre Osiris-Ptah, Señor de la Vida y su encarnación, Apis, concebido milagrosamente desde el cielo, sobre una vaca estéril, según contaba Herodoto.

Desde los tiempos de Psamético y Amosis, los griegos ya veneraban a Apis en las colonias de Egipto y quizá sea ese el primer antecedente de la fusión de creencias grecoegipcias que fue tan fecunda tanto para la Religión como para la Filosofía. Coincidiendo con la toma del poder por parte Ptolomeo Soter murió el buey consagrado a Apis y el nuevo rey costeó su funeral. De la fusión de Osiris y Apis surgió Serapis. Hecateo dice que se identificaba con Dionisos, Plutón Amón, Zeus y Pan. En el Serapeum memfita se acotó una zona, llamada “dromos”, al final de la avenida de las esfinges para ceremonias en la que aparecen figuras asociadas al culto de Dionisos y otras referentes al buey Apis.

Pero estas combinaciones ya se dieron en el Imperio Nuevo, como pudo demostrarse cuando Mariette descubrió en el   Serapeum de Memfis la tumba de Kha-em Wase,  hijo de Ramsés II, que había sido gobernador de Memfis y sumo sacerdote de Ptah y en ella se conservaban dieciocho estatuillas con la inscripción “Osiris-Apis, Gran Dios, Señor de la Eternidad”.

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Plutarco de Queronea

Otra referencia a la conexión egipcia la encontramos en el propio Amonio Sacas (Teodidaktos) y en Jámblico, con su libro sobre la teurgia, que recoge las enseñanzas del sacerdote egipcio Abamón.

La filosofía egipcia enseñaba una única suprema esencia. Amonio, siguiendo las enseñanzas de Thot, decía que del Todo Divino procede la Sabiduría Divina, o Amon, de ella el Demiurgo, o Creador y del Creador todos los seres espirituales subordinados, y por último el mundo y los seres.

No olvidemos que Amonio tuvo otro antecesor, también egipcio,fuyo floruit se establece en el año 60 de la era cristiana: fue
maestro de Plutarco de Queronea (46-120 A.D.) autor de “Isis y Osiris”, obra dedicada a una hermenéutica filosófica de la
religión egipcia a la luz de la sabiduría de la escuela de Platón.

El eclecticismo filosófico

A la muerte de Platón, sus sucesores en la Academia, su sobrino Espeusipo (410-339 a.C.) y después Xenócrates (396-314 a.C.) fueron sustituyendo las formas o ideas platónicas por los números, acentuando el interés por las matemáticas, lo cual fue criticado por Aristóteles. Otro punto de discusión se encontraba en las interpretaciones que hicieron del “Timeo”, sobre el cual escribieron comentarios por ejemplo Crantor (330-270 a.C.). Tales opiniones fueron derivando
hacia una preocupación sobre las posibilidades del hombre de acceder al conocimiento, que encontrarían un caldo de cultivo en el escepticismo de Pirrón (360-272 a.C.). Este periodo que comienza con Arcesilao es denominado La Academia Media, que se enfrenta al dogmatismo de los estoicos principalmente y pretende fomentar ante todo una actitud crítica y agnóstica.

Carneades primero y Filón de Larisa (murió en 79 a.C) después, inician una nueva etapa, llamada la Nueva Academia, que pretende una revisión de las doctrinas platónicas, es decir, un regreso a las fuentes y a Platón. Pero la influencia escéptica era demasiado fuerte, hasta que Antioco de Ascalón, (130 a.C.-68-67 a.C.), había nacido en la ciudad palestina de Ascalón y se trasladó a Atenas hacia 110 a estudiar con Filón de Larisa. Se hizo cargo de la escuela en 79-78 a.C. Nos cuenta Cicerón en su obra “Cuestiones Académicas”, que Antioco de Ascalón era partidario de la antigua academia platónica frente a las tendencias escépticas de la época y que
también era ecléctico y subrayaba los puntos de concordancia entre Platón y Aristóteles, incorporando conceptos estoicos como la solidaridad humana y la primacía de la razón pitagorismo ( hay que tener en cuenta el auge que en los albores del siglo primero de la era cristiana tenía el pitagorismo). Ario Dídimo fue continuador de esta labor. Se le conoce por su compendio (Epítome) de las cuatro principale s escuelas filosóficas: peripatéticos, académicos, estoicos y epicúreos, con una intención también ecléctica

Conocemos por medio de Cicerón, que acudió a Atenas a estudiar con Antioco y que éste visitó Alejandría, acompañando a Luculus, que era procuestor en África donde tuvo una serie de intervenciones y debates, promoviendo el eclecticismo.

La influencia de Antioco fue grande, si tenemos en cuenta que entre sus discípulos se encontró también, Areio (Ario Dídimo). Nacido en Alejandría en 65 a.C. Fue un filósofo neopitagórico, estoico y de tendencia platónica, amigo de Mecenas y filósofo aúlico de Augusto quien por su causa perdonó a Alejandría su victoria sobre Antonio. Se le apodaba “entrañas de bronce”. Escribió más de 400 obras, sobre autores griegos como Homero, Píndaro, Baquílides, etc. Recopiló y compendió numerosos estudios helenísticos.

Albino de Esmirna

En este contexto de renovación de la Academia y de reencuentro con las doctrinas originarias de Platón, Albino de Esmirna representa un eslabón en la larga cadena de filósofos que explicaron y veneraron a Platón. Habría nacido en torno al año 100 de la era cristiana, era contemporáneo y probablemente discípulo del pitagórico Teon de Esmirna, el cual escribió una introducción matemática a la filosofía de Platón y un compendio de las doctrinas platónicas. Gaius, que también fue maestro de Galeno, enseñó a Albino. En cuanto a Galeno, que había estudiado en Pérgamo, cuenta en su “De libris propiis” que se dirigió a Esmirna en torno al año 150 para
continuar sus estudios “junto a Pelops el médico y Albino el platónico”.

Tal como describe Dillon, quedan dos obras de Albino, manuales utilizados en la labor didáctica de su escuela de Filosofía. Se trata en primer lugar de “Isagoge”, o introducción a los diálogos de Platón, probablemente una transcripción de apuntes tomados por estudiantes recogidos en seis capítulos de cuatro páginas de extensión, dedicados a comentar el contenido y la forma de las obras del gran filósofo. Y su obra más importante, “Didaskalikos”, o “Epitome” introducción
sistemática de la filosofía platónica.

Albino divide los diálogos platónicos en dos tipos: explicativos, que proporcionan enseñanza y exploratorios, que permiten una purificación y elevación del alma. Considera cada diálogo como un todo completo e independiente y que el conjunto de todos forma un círculo, sin principio ni final. Para alguien que tuviese cierta base de formación recomendaba comenzar por “Alcibíades”, pues trata del autoconocimiento, que es el comienzo de la sabiduría. Después, el “Fedón”, que enseña la importancia de la vida filosófica y la inmortalidad del alma. A continuación “República”, pues enseña una teoría de la educación, y a continuación “Timeo”, tratamiento de la Naturaleza y las cosas divinas.

Tal recorrido era para Albino un sendero de evolución moral que transforma a uno mismo, despierta los poderes del alma y logra la visión de lo divino, como apoteosis. “Por que lo que es más necesario es convertirse en espectador de la propia alma y también de las cosas divina e incluso de los mismos dioses y para alcanzar la mente más bella hay que limpiarse de las falsas opiniones de sus concepciones. Porque ni incluso los físicos pueden lograr que el cuerpo disfrute de los buenos manjares, a menos que alguien haya despejado los obstáculos que lo impiden”.

Definía así la filosofía: “un deseo de la sabiduría, o una liberación del alma con respecto al cuerpo, mientras nos vamos orientando hacia lo que se percibe con la mente y a las cosas que existen verdaderamente.”

Los puntos principales de esta revisión de las doctrinas platónicas son:

1. Reconocer la existencia de una jerarquía de principios divinos, subrayando la trascendencia suprema del principio supremo, llamado y “lo Uno”.
2. Situar a estas formas o ideas platónicas en la mente divina.
3. Recomendar un ascenso del alma, a partir de las cosas corpóreas, a lo divino y eterno.
4. Preocupación por la cuestión del mal.

Bibliografía

2• Albino de Esmirna: “The platonic doctrines of Albinus”. Phanes Presss. Grand Rapids, USA.
• John Dillon: “The Middle Platonists 80 B.C.- 220 A.D.” Ithaca, NY.